A veces se piensa que el día que llegue aquello que tanto soñaste todo será diferente, como si todo lo que te rodea te indicase que algo no será igual nunca más. Pero lo cierto era que cada día que traía algo de impacto para la vida de Kandhel, en principio se había sentido exactamente que los anteriores.
Y ese día no era la excepción.
No habían presentimientos, no había sensaciones diferentes, ni una presión en el pecho o un escalofrío en la espalda, todo estaba rutinariamente igual que siempre y más bien le hacía sentir a Kandhel que sería solo un día más.
Se levantó ligeramente tarde, por lo que tuvo que apresurarse a arreglarse, se colocó un vestido tipo coctel de color verde oliva, el cual caía al cuerpo, no era ancho ni tampoco ajustado, y no le dio tiempo de lavar su cabello corto, recientemente decolorado cuatro tonos, así que lo peinó en una media cola para aportar al estilo formal por el que debía optar para la reunión de ese día.
Llegó a la compañía junto a su padre y madre, iban justo a tiempo así que no había necesidad de caminar apresurados, pero aun así, por mera costumbre, lo hacían.
Al llegar al piso de trabajo, al cual Kandhel le gustaba referirse como el panal a causa del bullicio, saludaron a las secretarias y empleados que caminaban de un lado a otro y respetuosamente notaban su presencia.
Se dirigieron a la oficina de su padre y justo frente a la puerta de esta les esperaba su hermano mayor, Dimitri.
—Buenos días, familia — saludó él cortando la llamada.
—Buenos días — contestó su madre.
—¿Cómo te fue hoy? — preguntó su padre.
—Hey — fue el saludo que le dio Kandhel.
Este solo asintió y prefirió contestar la pregunta que le había hecho papá.
—Todo está en orden — dijo con determinación y alivio —. Logré resolver el desacuerdo, proponiendo la compensación que querías, así que fue una oferta que no pudieron rechazar, y ahora podemos proceder con la construcción.
—¿Con quién vas a encargarte de la construcción? — quiso saber su padre mientras entraban a la oficina.
—El abogado Nam — respondió su hermano.
Kandhel no sabía acerca de todos los detalles de todas las acciones que llevaba a cabo el conglomerado y era mejor así, porque de lo contrario se estresaría mucho más de lo que ya lo hacía.
Cada uno de ellos se encargaba de un área diferente, de supervisarla. Kandhel estaba más enfocada en la opinión pública, la imagen del conglomerado y las alianzas, mientras que su hermano mayor estaba enfocado en las acciones que ejercían las empresas.
—¿No es muy joven para llevar el caso? — su padre se preocupó una vez que estuvieron dentro de la oficina.
Kandhel se sentó en el sofá y sacó la tableta de su bolso, tenía que verificar algunos puntos de popularidad que le había enviado la directora Ganner.
—Es joven, pero es muy ágil, es bastante sorprendente.
—Confío en que ya lo has estudiado, así que avanza con el proyecto — pidió su padre —. Ahora haré que pase de quien les estuve hablando — indicó sentándose detrás del escritorio.
—¿Zackarías Ricci, era su nombre? — preguntó su madre.
—Sí — respondió su padre —, debido a su rendimiento y a los resultados que nos ha dado con los estudios de mercado, creo que está capacitado para ocupar el espacio que dejó el director Ronald Heist.
Ronald Heist era el director de M&A, Mergers and Acquisitions, Fusiones y adquisiciones de empresas, que había muerto de una enfermedad en el corazón hacía tres semanas, a sus cincuenta y siete años de edad. Lo cierto era que él lo había mantenido en secreto del grupo hasta el último momento cuando ya había sido demasiado tarde.
Ronald Heist era un hombre al que Kandhel admiraba, lo apreciaba y había aprendido de él mucho más de lo que había aprendido en la universidad, era su mentor, su guía y su compañero; con él solía trabajar evaluaciones.
Ese puesto no era uno que Kandhel pudiera ocupar debido a ser la hija del presidente, en cambio Kandhel ocupaba el puesto de supervisora y consejera y velaba por los intereses del grupo UO, mientras seguía aprendiendo.
Kandhel estaba por tomar el viaje de sus sueños, iba ser enviada a la sucursal de negocios más fuerte que tenían del conglomerado, la cual estaba ubicada en j***n. Era algo que había estado esperando por años, alejarse de ese lugar era como un alivio que esperaba tener.
A pesar de que había sido el lugar en el que había crecido, en el que había aprendido y se había convertido en quien era, también había sido un lugar donde había sufrido mucho también, y por miles de razones, su anhelo más grande era salir de allí y conocer mucho más, quería llegar más alto.
Así que el puesto del señor Ronald Heist ahora estaba siendo ofrecido a ese tal Zackary Ricci, tendría que trabajar a su lado por algún tiempo, para evaluarlo, ya que era precisamente el área del que se encargaba Kandhel.
No lo había conocido antes, porque lo que él hacía pasaba por otros filtros antes de llegar a ella y al director Rolnad Heist.
—¿Leyeron su historial como les dije?
—Sí — contestó Kandhel, al igual que su hermano y su madre.
—¿Qué opinas al respecto, Kandhel?
—Bueno, creo que si nos vamos a los papeles y al curriculum, tiene un historial asombroso e impecable — contestó a su padre —, en comparación con los candidatos anteriores, creo que está mucho mejor capacitado. También si vemos el reporte de la investigación realizada por Josy, parece alguien fiel y comprometido, también parece ser un tanto conformista y eso podría evitarnos dolores de cabeza con la ambición.
—Los dones de Josy son hasta escalofriantes — señaló Dimitri a la tableta moviendo su cuerpo como si realmente le hubiese producido escalofríos —. ¿Vieron que hizo que colocaran hasta los lugares que solía frecuentar durante la universidad? ¿Para qué cree ella que necesitaríamos eso?
Eso le causó gracia a Kandhel, así que rio un poco negando con la cabeza.
—Sí, Josy es realmente buena en esto de la investigación — afirmó leyendo todos los detalles mostrados en el informe.
Josy, su hermana menor, parecía toda una detective a sus cortos dieciséis años, le fascinaba indagar, investigar más allá de la superficie y se le daba de forma natural. Claro que no había sido ella sola quien había actuado en buscar toda la información, pero había presionado al agente encargado.
Cuando se trataba de un conglomerado de empresas tan grande como el Grupo UO y que quería ser derribado por muchos otros grupos, había que estudiar a profundidad a cada uno de los empleados de alto rango, era parte de los estatutos de la empresa, tal como si se tratase de un dirigente del gobierno.
—Entonces hagamos ya es momento de que hablemos con él. Cariño, confío en tu discernimiento para evaluar su lenguaje corporal — le dijo su padre a su madre.
Ella había estudiado psicología, y muchas veces había sido la clave para cerrar tratos, o escoger a las personas adecuadas. No obstante, no era como si hubiese podido anticipar las traiciones que habían sufrido durante años, porque al final del día, nadie podía determinar a ciencia cierta lo que pasaba por la mente de alguien más.
—Estamos listos — contestó ella —, tenemos que tomar la decisión, y continuar a la reunión de accionistas.
Si el tal Zackary Ricci resultaba ser escogido, entonces les acompañaría a la reunión.
—Hagan pasar a Zackary Ricci — indicó su padre a la secretaria Gemma a través del intercomunicador.
—Sí, señor — contestó ella luego de un par de segundos.
Kandhel debió dar otro vistazo a los antecedentes de Ricci, sin embargo, se distrajo con un correo que justo llegó en ese momento. Se trataba de una de las noticias de la empresa de Tokio, en la cual mostraban la celebración de una fusión importante.
La misma había tenido lugar la noche anterior, y ver eso le aceleraba el corazón, pocas cosas lograban hacerlo, pocas cosas lograban emocionarla lo suficiente y todo eso, que era su sueño, la mantenía con esperanza.
Se suponía que ella iba a estar allí, se suponía que habría vivido ese momento y no solo lo habría observado por fotos, puesto que su partida estaba pautada para tres semanas atrás, pero justo entonces ocurrió la muerte de su gran mentor Ronald Heist. Primero se quedó para estar en su funeral y mostrarle el respeto que le tenía, aunque claro que lo había hecho cuando él estaba en vida, segundo, se encargó del puesto de forma provisional hasta que la junta encontrara un candidato adecuado.
Ya habían pasado por cinco entrevistas, esta era la sexta, así que esperaba que esta fuese la última.
Dos toques se escucharon en la puerta, sacando a Kandhel de su embelesamiento, así que se sentó erguida en el sofá.
—Pasa — indicó Dimitri.
La puerta se abrió, su padre se levantó del escritorio y caminó hacia ellos.
—Buenos días, señores — saludó Gemma con su voz calmada y expresión amable y serena.
Ella era una mujer a la que le tenían profundo aprecio, incluso la consideraban parte de la familia, había recién cumplido cincuenta y cuatro años y tenía trabajando con la empresa más años que su propio padre.
—Acá les presento a Zackary Ricci — ella se hizo a un lado y dejó entrar al mencionado.
Este entró a la oficina caminando lo más erguido que podía, sin duda parecía confiado, pero la forma en la que sus hombros estaban ligeramente contraídos le indicaba que también se sentía temeroso y no era para menos.
Kandhel lo detalló a modo de reconocimiento.
Debía rondar el metro ochenta, su piel era de un color intermedio, su cabello era oscuro y lo usaba muy corto, sus ojos eran pequeños y ligeramente alargados y también oscuros, sus cejas eran pobladas y tenía una barbilla marcada, sus hombros no eran precisamente anchos y le daban una apariencia estilizada, no parecía imponente, pero si transmitía seguridad. Le pareció simpático con su traje impecable de color azul marino, camisa blanca y corbata negra. No tenía muy buen sentido de la moda, pero no se vía fuera de lugar. Si no supiese que tenía treinta y un años, pensaría que tenía unos veintisiete.
—Buenos días — saludó él.
Su voz no era precisamente fuerte o firme.
—Buenos días, Zackary Ricci — su padre habló primero que ellos —, acércate. Gracias, Gemma.
—Sí, señor — contestó ella, y se retiró cerrando la puerta detrás de ella.
Ricci avanzó un par de pasos hasta situarse frente a los sofás donde se encontraban Kandhel y su madre, su padre seguía de pie al igual que Dimitri.
—Zackary y yo ya nos habíamos conocido antes hace un par de días— indicó su padre —. Zackary, déjame presentarte a mi familia — continuó él —. Este es mi hijo, Dimitri, mi esposa Olivia y mi hija, Kandhel.
—Un gusto conocerte — Dimitri dio un paso hacia él y estrechó su mano con una sonrisa en el rostro.
—Igualmente — contestó este.
Su madre se colocó de pie, también estrechó su mano de forma amable, y aunque no tenía ganas de hacerlo, Kandhel se colocó de pie con su mejor sonrisa y extendió la mano hacia Ricci.
—Hola, es bueno conocerte — dijo de forma amable y diplomática.
Sus ojos se encontraron.
Comodidad.
Fue lo que pasó por la mente de Kandhel, lo que percibió fue una gran comodidad, probablemente por su esencia relajada, y lo que reconocía en su historial como una persona introvertida y tranquila.
—También es un gusto conocerle, señorita Wild — contestó con educación.
Él estrechó su mano un segundo y luego Kandhel se apartó.
—Bueno, puedes tomar asiento, tenemos algunos puntos que tocar — anunció su padre.
De esa manera, Dimitri se sentó junto a Kandhel en el sofá, y su padre en uno que estaba en medio y Zackary tomó asiento frente a ella, su madre y Dimitri.
Kandhel estaba preparada para escuchar las respuestas de Zackary Ricci, pero su mente en realidad estaba en Tokio.