Prologo
Fuego.
Todos somos fuego.
Unas veces, proporcionamos calor,
algunas otras, iluminamos en la oscuridad
y otras veces…
…otras veces solo quemamos.
—OG. Leghan.
Prologo
La sonrisa en su rostro era genuina, ella lo sabía mejor que nadie más.
Sus labios grandes formaban una amplia curva que realzaba sus pómulos, sus ojos brillaban y se ponían tan pequeños, apareciendo arrugas a los lados de estos que no estaban normalmente.
Esa era la sonrisa que él tenía cuando estaba profundamente complacido.
Ella por su parte, también sentía mucha felicidad al ver esa sonrisa en el rostro del hombre parado en el altar, de frente a su novia mientras esta colocaba el anillo en su dedo anular.
Comprendió en ese momento cómo podrían sentirse las madres al ver a sus hijos alcanzar sus sueños luego de compartir con ellos la lucha para alcanzarlos, porque luego de compartir su dolor y verle sufrir tanto, al fin estaba viendo a Zack alcanzar la felicidad de tener a su lado a alguien que lo había escogido a él por encima de todo y todos.
Algo que ella no había sido capaz de hacer.
—Zackary Ricci — llamó el Pastor que auspiciaba la boda —, ¿acepta usted a Belinda Keys como su legítima esposa, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarla, respetarla y honrarla, hasta que el Señor les llame a su presencia?
Los ojos de Zack se llenaron de lágrimas de felicidad, y sin titubeo alguno, declaró con esa voz firme, fuerte y segura:
—La acepto.
Su corazón latió acelerado como si fuese capaz de sentir la adrenalina que recorría a Zack, estaba realmente feliz por él.
—Y usted, Belinda Keys — continuó el orador —, ¿acepta a Zackary Ricci como su legítimo esposo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarlo, respetarlo y honrarlo, hasta que el Señor les llame a su presencia?
Y Belinda, sin poder disimular la gran emoción que la albergaba, respondió con un eufórico y audible:
—Lo acepto.
Sonó tan curioso que no solo Kandhel rio a causa de cómo había sonado como una niña emocionada, sino todos en la sala incluido Zack.
Belinda miraba a Zack como lo más increíble que habían visto sus ojos jamás, y Kandhel estaba tan agradecida porque Zack al fin tenía lo que se merecía, alguien que le había dado lo que ella no pudo darle.
—Muy bien — sonrió ampliamente el Pastor mirándolos a ambos —. Por la autoridad que me ha conferido mi Padre como ministro del evangelio de Cristo…
El corazón de Kandhel latió lleno de adrenalina.
—… Yo declaro a Zackary Ricci y a Belinda Keys, marido y mujer — continuó para decir lo más esperado por todos —: Puede besar a la novia.
Y con esa impulsividad que solo Zackary Ricci podía tener, colocó su mano en la cintura de Belinda, la haló hacia él y sin esperar nada más, la besó como si ella fuese su mundo entero.
Kandhel se colocó de pie y aplaudió con todas sus fuerzas, al igual que todos los demás familiares y amigos de los ya esposos Ricci.
Zack alzó el brazo derecho con su mano cerrada en un puño, como un gesto de ganador.
—¡Si! — gritó Kandhel con entusiasmo.
La forma en la que Zack besaba a Belinda reflejaba que la amaba, y Kandhel lo sabía porque una vez también fue amada por Zack. Sin embargo, estaba segura que el amor que él sentía por Belinda y de regreso, era mucho más fuerte que el que ellos habían tenido.
Finalmente, Zack se separó de Belinda, ambos se miraron como si no hubiesen visto nada más asombroso en la tierra.
Kandhel se sorprendió a sí misma. No sentía celos, no sentía tristeza y supuso que se debía a que sabía que eso era lo correcto.
Zack y Belinda se colocaron uno al lado del otro tomados de las manos, orgullosos de su unión, orgullosos de alcanzar ese momento.
La música comenzó a sonar, producida por la suave y hermosa armonía del violín y el chelo tocada por profesionales.
Los novios comenzaron su camino desde el altar como su primer recorrido como esposos.
Parecía una película, como una escena de la cual Kandhel era solo expectante. Como estaba acostumbrada, no sentía que estuviese allí presente, no sentía que realmente estuviese viviendo ese momento. Sí, sentía felicidad, estaba contenta por Zack, pero en realidad era algo que se obligaba a sentir porque no experimentaba emoción.
No estaba abrumada, ni tampoco eufórica. No había nada y no era como si no estuviese acostumbrada a ello.
La pareja caminó poco más allá de la mitad del pasillo cuando sucedió lo que Kandhel había esperado que sería evitado esta vez.
Y comenzó en el instante en el que la mirada de Zack se encontró con la suya.
A pesar de que estaban en buenos términos, a pesar de que habían hablado antes de la boda, luego de cuatro años sin verse, y ambos se habían dejado en claro que estaban en paz, que no había sentimientos entre ellos…
Su pecho se comprimió, como si alguien hubiese agarrado su corazón y apretado con todas sus fuerzas.
¿Qué hacía esa sensación allí? Estaba fuera de lugar. Ella y Zack no tenían sentimientos entre ellos.
El rostro de Zack se contrajo como si alguien le hubiese dado un golpe en la boca del estómago, la felicidad había cambiado por un amargo sentimiento.
—No — pidió Kandhel —. No.
Ella estaba sintiendo, pero no quería hacerlo.
La bruma que le disgustaba, la que esperaba que esta vez no apareciera, hizo acto de presencia como si fuese una fuerza mayor e inevitable se tratase.
Zack se detuvo en su lugar de un golpe extrañando a Belinda, la cual le miró con evidente confusión.
—¿Amor? — preguntó ella suavemente y sin dejar de sonreír — ¿Sucede algo?
Él no tuvo tiempo de responder y apenas le dio tiempo a Kandhel de reaccionar porque fue un impulso de su ser.
—¡Zack, no! — gritó Kandhel corriendo hacia él.
Vio su cuerpo desplomarse, desvanecerse de la misma forma que ya había pasado antes y que tanto esperaba que fuese evitada esa vez.
Si bien escuchó gritos a su alrededor, no le importó, fue incapaz de percibir nada más.
—¡Zack! — gritó Belinda desesperada.
Tomó la cabeza de Zack y la colocó en sus piernas.
—¿Por qué, Zack? — se quejó Kandhel con desesperación — ¿Por qué de nuevo?
—¿Qué? — preguntó Belinda a su lado llena de terror — ¿Qué tiene? ¡Zack!
El rostro de Zack fue perdiendo color, sus labios incluso se pusieron de color morado más rápido de lo que lo habían hecho anteriormente, como si esta vez estuviese muriendo más rápido que nunca antes.
—¿Hasta cuándo, Zack? — lloriqueó Kandhel sacudiéndole — ¿Hasta cuándo te veré morir?
—¿De qué estás hablando, Kendy? — se desesperó Belinda a su lado — ¿Qué le está pasando?
Los ojos de Zack estaban cerrados, su respiración era demasiado lenta y más que esas evidentes circunstancias, Kandhel simplemente lo sabía:
—Está muriendo.
Los ojos de Belinda la miraron con terror, como si su mundo se estuviese desmoronando y la comprendía.
—¡No! — exclamó horrorizada — ¡No! ¡Ayuda! ¡Alguien llame una ambulancia! ¡Zack!
Con manos temblorosas, Belinda tomó la cabeza de Zack y la colocó en su regazo.
—¡Zack! ¡Amor! ¡Reacciona! — se desesperó ella dando unas palmadas en su rostro.
Aun cuando Kandhel había visto la muerte de Zack antes, no era como si estuviese acostumbrada o como si pudiese procesarlo, aceptarlo o asimilarlo, seguía siendo una escena terrorífica, que le robaba el aliento, y descomponía, más que su cuerpo, su ser.
Kandhel retrocedió sintiendo todo su cuerpo temblar.
—No, Zack, por favor, no…— sollozó inevitablemente.
Belinda seguía gritando su nombre, los invitados estaban paralizados, un par de personas llamaban por teléfono mientras que Kandhel sabía que el cuerpo de Zack se quedaba sin vida.
—¿Por qué, Zack? ¿Por qué me sigues escogiendo?
Experimentó las náuseas, el dolor en la boca del estómago y el aire abandonar sus pulmones, indicándole que una vez más no había sido capaz de solucionarlo y estaba a punto de volver al principio.
Se abrazó a sí misma sabiendo que no había nada que pudiera hacer en ese momento, perdida y desesperanzada.
Ya no tenía fuerzas para volver al principio.
Ya no tenía ideas de cómo cambiar las cosas, no sabía ya qué hacer. ¿Qué debía intentar esta vez cuando ya lo había intentado todo?
Pasó a sujetarse la cabeza con las manos a causa de la frustración y entonces preguntó desconsolada:
—¿Hasta cuándo, Zack?
No esperaba respuesta, pero justo cuando Kandhel tuvo la sensación de comenzar a caer en picada del punto más alto de la montaña rusa, escuchó su voz ronca en forma de susurro:
—Hasta ti.
Su mente se nubló por unos minutos, sus ojos solo captaron oscuridad a pesar de que los tenía bien abiertos, su cuerpo hormigueó, quiso vomitar, su cabeza iba a estallar, todo se intensificó dentro de ella: la soledad, la angustia, la confusión, el dolor, el amor.
Y el peor momento llegó:
No sintió ni percibió nada.
Estaba en el limbo.
Ya había intentado todo lo que podía, intentó viajar, alejarse, no hablarle, hablarle, lo había intentado todo, pero aunque lograra darle un cambio a la trama, el final siempre era el mismo:
Zack moría.
Ya no tenía fuerzas.
—¿Y ahora qué? — se preguntó a sí misma.
Ya no podía luchar más.
—Es todo — pensó sin fuerzas —. No lo intentaré más.
Estaba pérdida, abrumada, confundida, no sabía ya qué hacer. ¿Qué era lo correcto y qué no lo era?
No lo sabía.
—Lo siento — dijo sin saber bien a quién, porque no podía percibir nada.
Su disculpa era dirigida a sí misma por no poder sacarse de esa repetición, y también dirigida a Zack, por hacerlo sufrir una y otra vez.
Sintió el cambio de presión y entonces, dejó de ser consciente.
El aire volvió a entrar a sus pulmones y en un instante se sentó de golpe en la cama.
Su respiración estaba agitada, se sentía asustada, y pensó que había tenido un mal sueño, una pesadilla que no podía recordar.
Kandhel pasó una mano por su rostro y luego echó su cabello hacia atrás en un intento por calmarse.
Y sin ser consciente de que había despertado en ese día tantas veces que se quedó sin fuerzas para volverlo a vivir, Kandhel se levantó de la cama dispuesta a vestirse para ir a cumplir con su función.
Sin saber que la historia se repetiría tal cual como había sucedido por primera vez porque había escogido no luchar más…
Pero lo que no sabía era que su elección solo la había llevado a no ser consciente de la repetición solo en principio.