El mundo a nuestro alrededor se desvaneció. ¡Dios mío! Solo existíamos nosotros dos, enredados en un momento de puro deseo. Sentí sus manos en mi cintura, atrayéndome más cerca, y correspondí con la misma intensidad, dejando que mis dedos se entrelazaran en su cabello. Nos movimos hacia un arbusto cercano, buscando un poco de privacidad en medio del jardín. Nos dejamos llevar por la pasión, olvidando todo lo demás. El dolor, la rabia, todo quedó atrás, reemplazado por el ardor de nuestros besos. Andrew se apartó un poco, sus ojos oscuros y llenos de deseo. —Sophie, esto... —comenzó, pero no le dejé terminar, apreté mis labios contra los suyos nuevamente, necesitando más de él, más de este momento. Nos sumergimos en la pasión, sin pensar en las consecuencias. Sí, era como si el beso pud

