¿Por qué?
Mi abuela miraba la escena con preocupación, pero yo sabía que era inútil intentar calmar a Peter en ese momento. Su rostro estaba rojo de ira y la tensión en el aire se hacía palpable. Con un suspiro resignado, asentí y dejé el cuchillo en la encimera.
—De acuerdo, abuela. Andrew, gracias por tu ayuda, eh, nos vemos luego —intenté sonreír, pero no pude ocultar mi frustración.
Es inevitable y es obvio que él no se cree el cuento de que he hecho borrón y cuenta nueva. Lo que no puedo tolerar y dejar pasar es el show ridículo que Peter está haciendo en casa de mi abue.
—Entiendo, por ahora me quedaré con tu abuela, ella necesita ayuda —él asintió, aunque sus ojos no dejaban de seguirme mientras me dirigía hacia la puerta.
Es mejor que me vaya y explote lejos de los oídos de mi abuela y de la mirada del sexi doctor.
Peter ya estaba fuera, esperándome con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Mientras cerraba la puerta detrás de mí, supe que la conversación que venía no iba a ser agradable. Caminamos en silencio hasta el jardín delantero, donde finalmente Peter se volvió hacia mí.
—¿Qué demonios estaba pasando ahí adentro, Sophie? —dijo, su voz baja, pero cargada de ira contenida, mientras que yo pongo mis ojos en blanco.
¡Si te contará!
—Estábamos preparando una comida, Peter, puff, no es nada del otro mundo —respondí, tratando de mantener la calma.
Ja, ja, ja, puedo mentirle al mundo entero, menos a mí misma, “nada”. Todo es una locura.
—¿Con tu doctor? —replicó, alzando una ceja—. ¿Qué tipo de relación tienes con ese hombre?
La relación que no puedo tener; lo deseo, lo quiero y lo fantaseo.
—Él es mi doctor, nada más —resoplo, cansada del tema—, solo estaba siendo amable al ayudarnos en la cocina —dije, sintiendo que mi paciencia se agotaba.
—No me trates como un idiota, Sophie, te vi cómo lo mirabas, y eso no es apropiado.
—¿Apropiado? —mi voz se elevó involuntariamente—. ¿De qué estás hablando? No hice nada malo. ¿Por qué siempre tienes que hacer un drama de todo?
Esto es demasiado.
—¡Porque me importas! —gritó, dando un paso hacia mí—. Y no quiero que nadie te vea de esa forma, es una falta de respeto hacia nuestra relación.
No me calientes… Todo es una falta de respeto, no hay nada bueno que pueda hacer.
—¿Respeto? —dije con sarcasmo—. ¿Y tú qué sabes de respeto? No puedes controlar con quién hablo o con quién paso tiempo, no soy tu propiedad, Peter.
—No se trata de eso y lo sabes, se trata de que te comportes de manera adecuada, por favor, entiende de una vez que no quiero que la gente piense mal de ti, de nosotros.
Eso es lo unico que le importa.
—¿De verdad te preocupan más las apariencias que mi felicidad? —exclamé, sintiendo que las lágrimas se acumulaban en mis ojos—. No puedo seguir así, Peter. Me haces sentir atrapada.
—No lo entiendes, solo quiero lo mejor para nosotros —dijo, su voz bajando un poco, pero su tono seguía siendo autoritario—. Necesitas ser más consciente de tus acciones.
—No puedo vivir bajo tus reglas estrictas todo el tiempo —respondí, sintiendo que mi voz se quebraba—. Estoy cansada de esto.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó, sus ojos llenos de incredulidad.
—Estoy diciendo que tal vez necesitemos un tiempo separados —dije, sintiendo que el peso de las palabras caía sobre mí—. Necesito espacio para pensar.
—¿Estás terminando conmigo? —su voz se rompió un poco, y por un momento vi una chispa de vulnerabilidad en sus ojos.
—No lo sé, solo necesito tiempo para aclarar mis pensamientos —dije, tratando de mantener la compostura.
Peter se quedó en silencio, mirándome con una mezcla de tristeza y frustración.
—¡No puedes hacerme esto, Sophie! —gritó.
—¿Hacerte qué, Peter? —le respondí, intentando mantener la calma—. Solo te pedí tiempo para pensar. No es el fin del mundo.
—¿Tiempo para pensar? —dijo, con sarcasmo—. ¿Tiempo para estar con ese maldito doctor, quieres decir?
—¡No! —exclamé, sintiendo la ira burbujear dentro de mí—. ¡No se trata de él! Se trata de nosotros y de cómo me haces sentir.
—¿Y cómo te hago sentir, Sophie? —preguntó, dando un paso hacia mí—. Dime, ¿qué he hecho tan mal?
—Me controlas, me celas, me haces sentir como si no pudiera respirar —respondí, levantando la voz—. Siempre tienes que tener el control de todo y me tratas como si fuera una niña.
—¿Y eso te convierte en una cualquiera? —dijo, su tono lleno de veneno—. Porque eso es lo que parece, sí, coqueteando con otros hombres, dejando que te vean como te vi ese día en la consulta del doctor.
Las palabras me golpearon como un mazazo, dejándome sin aliento. No podía creer lo que estaba escuchando.
—¡No tienes derecho a llamarme así! —grité, sintiendo que las lágrimas comenzaban a correr por mis mejillas—. Nunca te he sido infiel, Peter. ¡Nunca!
—¿Ah, no? —dijo, alzando una ceja—. ¿Y qué llamas a lo que vi hoy? A esa mirada que le lanzabas a ese doctor.
—Estás siendo ridículo —respondí, temblando de rabia—. Solo intentaba ser amable, no hice nada malo.
—¡Basta! —gritó—. No quiero escuchar más excusas, eres mía, Sophie. ¡Mía! Y no dejaré que ningún otro hombre se interponga.
—¡No soy tuya! —le grité de vuelta, con la voz quebrada—. ¡No soy una cosa que puedas poseer! Soy una persona y tengo derecho a mi propia vida.
—¿Tu propia vida? —repitió, riéndose amargamente—. ¿Con ese doctor? ¿Es eso lo que quieres?
—No se trata de él, Peter. Se trata de que necesito espacio, necesito tiempo para pensar en lo que realmente quiero.
—Lo que realmente quieres —dijo, su voz goteando sarcasmo—. Eres una ingrata, Sophie, todo lo que he hecho por ti y así me lo pagas.
—¿Ingrata? —dije, con incredulidad—. ¡No te debo nada, Peter! No puedes comprar mi amor con tus exigencias y tus celos enfermizos.
—¡No me hables así! —gritó, avanzando hacia mí con los puños cerrados—. Te estás comportando como una...
—¡Basta! —mi abuela intervino, poniéndose entre nosotros—. Esto no puede seguir así. Peter, sal de mi casa. Ahora.
Peter la miró con una mezcla de rabia y sorpresa, pero no se movió.
—No hasta que haya terminado con ella —dijo, con voz firme.
—Has terminado, Peter. —dije, limpiándome las lágrimas—. No puedo seguir con esto. Y si no puedes respetar eso, entonces no hay nada más que decir.
Peter me miró fijamente, su expresión pasando de la ira a la tristeza y luego al desdén.
—No te dejaré, soy tu novio, ¡entiende de una vez! —dijo, antes de girarse bruscamente y alejarse de nuestros ojos.
—Shhh, querida, todo estará bien, estoy aquí para ti —dijo, acariciando mi cabello.
Me quedé allí, llorando en su abrazo, sintiendo una mezcla de alivio y dolor. Sabía que había tomado la decisión correcta, pero también sabía que el camino por delante sería difícil. Pero, por primera vez en mucho tiempo, sentí que estaba tomando control de mi vida.
Peter se había marchado, pero el eco de su voz y sus palabras hirientes resonaban en mi mente. Mis sollozos llenaban el jardín, mezclándose con el susurro del viento entre las hojas. Sentía a mi abuela cerca, pero también percibí otra presencia. Andrew, había presenciado toda la escena.
Al darme cuenta, me sentí expuesta y vulnerable. Mi abuela, con su instinto protector, se dirigió hacia la casa, dejándome espacio para respirar.
Andrew se acercó lentamente, con una mirada que mezclaba compasión y determinación.
—Sophie —dijo suavemente, su voz calmada, contrastando con el caos interno que sentía—, no necesitas a alguien como él en tu vida. Alguien que no te respete, que no valore quién eres realmente.
Me mordí el labio, tratando de contener las lágrimas que aún caían por mis mejillas.
—No lo sé, a veces me pregunto si todo esto es culpa mía —respondí, mi voz quebrada.
Él negó, con la cabeza, su expresión firme.
—No es culpa tuya, nadie merece ser tratado de esa manera, tú mereces ser feliz, libre y respetada.
Sus palabras me llegaron al corazón. Sentí un consuelo inesperado, como si un peso se levantara de mis hombros. Pero junto con ese alivio, también sentí algo más. Una tensión palpable entre nosotros.
El doctor dio un paso más cerca, sus ojos fijos en los míos. La intensidad de su mirada me hizo olvidar momentáneamente el dolor. Sentí su mano en mi brazo, una caricia suave y reconfortante.
—Sophie —susurró, su voz aún más baja—, tú eres una persona increíble, y mereces a alguien que vea eso en ti todos los días.
Nuestras miradas se encontraron, y en ese momento, algo cambió. El dolor y la tristeza se transformaron en otra cosa. En un deseo latente que había estado allí desde el principio.
Me acerqué a él, mis manos temblorosas encontrando su pecho. Podía sentir su corazón latiendo fuerte, sincronizándose con el mío. El espacio entre nosotros se desvaneció, y antes de darme cuenta, nuestros labios se encontraron en un beso profundo y apasionado.