+ Saliendo de casa de Peter me llevé una gran sorpresa, esa de la que nunca pensé que sucedería. ¡Andrew! Apoyado contra su auto, brazos cruzados, una figura imponente que me hizo detenerme en seco. No podía ser, ¿cómo había llegado aquí? Su presencia, oscura y magnética, me paralizaba, robándome el aire y la capacidad de pensar. ¿Cómo supo que estaría aquí? ¡Mi abue! —Sophie —su voz, un susurro que cortó el silencio del aire, me obligó a mirar sus ojos, esos ojos como tormentas a punto de desatarse. Tragué grueso, sintiendo el nudo en mi garganta que me impedía hablar con claridad. Mis pies, como en piloto automático, comenzaron a moverse hacia él, pero mi corazón latía desbocado, mis pensamientos, confusos, buscaban una excusa, una justificación. —Andrew… esto no es… no es lo que p

