Flechada

1181 Words
El tiempo parecía arrastrarse mientras esperaba a que mi nombre fuera llamado en la sala de espera. Miré a mi alrededor, observando las caras de otras mujeres, algunas de ellas con expresiones de cansancio y preocupación similares a las mías. El ambiente estaba impregnado de una mezcla de ansiedad y resignación, algo que nunca había notado antes en lugares como este. Finalmente, la voz de la recepcionista rompió el silencio: —Sophie, el Dr. Andrew Brown, está listo para atenderte. Mi corazón dio un vuelco mientras me levantaba y seguía a la recepcionista por el pasillo. Cada paso resonaba en mis oídos como un tamborileo. Intenté calmarme, recordándome que esto era solo una consulta médica rutinaria. Sin embargo, había algo en el aire, una tensión casi palpable que me hacía sentir que algo más estaba por suceder. Al llegar a la puerta con el nombre "Dr. Andrew Brown" en la placa, me detuve por un momento, tomando una respiración profunda antes de entrar. La recepcionista me dio un guiño alentador mientras abría la puerta, y yo entré, sintiendo un cosquilleo en la piel. El Dr. Brown me recibió con una sonrisa cálida y un gesto amable para que me sentara. Inmediatamente, noté su aspecto profesional pero atractivo. Su cabello castaño oscuro estaba ligeramente desordenado, pero de una manera que parecía cuidadosamente despreocupada. Sus ojos verdes brillaban con una mezcla de amabilidad y profundidad que me tranquilizó un poco. —Hola, Sophie —dijo con una voz suave y reconfortante—. ¿Cómo te encuentras hoy? —Un poco nerviosa, para ser honesta —respondí con una risa nerviosa. —Es completamente normal sentirse así. Estoy aquí para ayudarte con cualquier preocupación que tengas —dijo mientras tomaba asiento frente a mí—. ¿Qué te trae por aquí hoy? Le expliqué mis síntomas, mencionando los dolores durante mi menstruación y los cambios hormonales que había estado experimentando. A medida que hablaba, noté que él escuchaba atentamente, asintiendo y haciendo preguntas de seguimiento que mostraban un interés genuino en mi bienestar. —Vamos a empezar con algunas preguntas básicas para tener un mejor entendimiento de tu situación —dijo mientras sacaba una hoja de papel—. ¿Cuándo fue la fecha de tu última menstruación? Respondí a sus preguntas con la mayor precisión posible, aunque sentía que mi mente divagaba de vez en cuando, volviendo a su mirada intensa y su voz tranquilizadora. —Bien, parece que necesitamos hacer algunos exámenes para descartar cualquier problema subyacente —dijo finalmente, con un tono profesional—. ¿Te parece bien si los hacemos hoy? Asentí, aunque mi estómago se revolvía de nervios. —Perfecto, entonces vamos a empezar con un examen básico y luego haremos algunos análisis de sangre y una ecografía pélvica para asegurarnos de que todo esté en orden. Mientras me preparaba para el examen, no podía evitar sentir una mezcla de ansiedad y curiosidad. El Dr. Brown tenía una presencia que me hacía sentir segura, pero también me hacía cuestionar por qué me sentía tan nerviosa en su presencia. Tal vez era el hecho de que él parecía tan atento y profesional, algo que no estaba acostumbrada a ver en Peter. El examen transcurrió sin incidentes, aunque no pude evitar sentir un leve rubor en mis mejillas cada vez que nuestras miradas se cruzaban. Después de terminar, el Dr. Brown me explicó el siguiente paso y me acompañó hasta el laboratorio para los análisis de sangre. Mientras esperaba a que me llamaran, mi mente seguía revoloteando entre pensamientos de Peter y el Dr. Brown. ¿Por qué me sentía tan atraída por alguien que apenas conocía? ¿Era simplemente el contraste entre su profesionalismo y la naturaleza controladora de Peter? O había algo más, algo más profundo que no podía identificar todavía. Después de completar los análisis de sangre, me dirigí al área de ecografía pélvica. Mientras me acostaba en la camilla, el técnico preparaba el equipo. Sentía una mezcla de nervios y anticipación, deseando que todo saliera bien. —Sophie, estamos listos para empezar —dijo el técnico, una mujer amable que me explicó cada paso del proceso—. Esto puede ser un poco incómodo, pero no debería doler. Asentí, tratando de relajarme. A medida que la ecografía avanzaba, mi mente seguía divagando. Pensé en Peter, en cómo nuestras diferencias se hacían más evidentes cada día. Pensé en el Dr. Brown, en cómo su presencia me hacía sentir de una manera que no había experimentado en mucho tiempo. Finalmente, la ecografía terminó y el técnico me dijo que los resultados estarían listos en unos días. Me vestí y salí de la sala, encontrándome con el Dr. Brown en el pasillo. —Sophie, he revisado tus análisis preliminares y todo parece estar en orden —dijo con una sonrisa tranquilizadora—. Los resultados finales estarán listos en unos días, pero por ahora no hay nada de que preocuparse. —Gracias, Dr. Brown —respondí, sintiendo un alivio inmenso. —No dudes en llamarme si tienes alguna pregunta o si necesitas hablar sobre cualquier cosa —dijo, su mirada suave y comprensiva. Salí del consultorio con una sensación extraña. Por un lado, estaba feliz de que no hubiera nada serio con mi salud, pero por otro, no podía dejar de pensar en el Dr. Brown. Su imagen seguía rondando mi mente, y no podía evitar compararlo con Peter, con su constante actitud de desaprobación y su falta de pasión. Mientras caminaba hacia la salida de la clínica, mi teléfono vibró en mi bolsillo. Era un mensaje de Peter. Peter: ¿Dónde estás? No puedo seguir esperándote afuera. Suspiré. Peter siempre tenía una forma de convertir cualquier situación en algo sobre él. Le respondí rápidamente, diciéndole que ya estaba saliendo y que nos encontraríamos en la entrada. Cuando llegué a su auto, Peter estaba de pie junto a la puerta, con los brazos cruzados y una expresión de impaciencia en su rostro. —Finalmente —dijo, sin ni siquiera un saludo—. ¿Cuánto tiempo más planeas hacerme esperar cada vez? —Peter, no es como si pudiera acelerar los procedimientos médicos —respondí, intentando mantener la calma—. Además, esto es por mi salud. —Sí, claro —gruñó—. Bueno, espero que al menos haya valido la pena. Asentí y me metí en el auto, intentando no dejar que su actitud me afectara más de lo necesario. Mientras él conducía, mis pensamientos volvieron una y otra vez al Dr. Brown. ¿Qué era lo que me atraía tanto de él? ¿Era su amabilidad, su profesionalismo, o algo más profundo que no podía explicar? + Las siguientes semanas pasaron en un borrón de rutinas diarias y pensamientos persistentes. Peter estaba cada vez más absorto en su trabajo, y nuestras conversaciones se volvían más superficiales, llenas de monosílabos y silencios incómodos. Mientras tanto, no podía dejar de pensar en el Dr. Brown, en su mirada profunda y su voz reconfortante. Era una distracción que no había anticipado, pero que se había vuelto constante.
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