Llegamos a casa. Entró a la casa casi arrastrando los pies, 20 horas de turno en el quirófano son muy matadoras. Por lo que quiero llegar a mi habitación, saludó a los chicos y me directamente me dirijo a mi recámara tirándome instantáneamente en la cama. - ¡Ah! No sabes cuanto te extrañe mi linda cama -digo mirando el techo- cómo quisiera quedarme aquí e invernar durante dos semanas. Pero lastima no se puede -suspiro-. Siento pasos que provienen del baño por lo que pregunto con los ojos cerrados quien es. No tengo la energía de abrirlos, como también se que nadie diferente de los Evans se atrevería a entrar a mi habitación. De repente siento como ambos lados de la cama se hunden y poco a poco alguien se acerca a mí - Pablo aléjate de mi -digo sin abrir mis ojos-. ¿Pablo? -me pregun

