capítulo 4

1258 Words
Así pasando el tiempo el abuelito Ponciano visitaba la casa y nosotros la suya con más frecuencia, nos contaba las historias más sorprendentes en ese momento para mi, era normal verlo llegar a casa con su sonrisa, hasta que un día llegó muy serio y con mucha prisa a mi parecer. - Hola mi niña hermosa, ¿ dónde se encuentra tu padre?- me pregunto sin bajarse del caballo - en la siembra junto al río, dijo que iba regar - acabo de pasar a buscarlo y no lo vi, ¡ hay estos faros cada día alumbran menos!, pero agradecido estoy que no se han fundido- contesto - pero aún no oscurece- conteste inocentemente, lo que provocó una gran carcajada de parte del abuelito - lo se pequeña,- dijo conteniendo su risa- bueno, voy a regresar a buscarlo, nos vemos pronto Pricila- y se alejó diciendo adios en la distancia - ¡ claro que si!, ¡siempre serás bienvenido abuelito! - grite para que logrará escucharme. Nunca imaginé que sería la última vez que vería a ese viejo canoso y bigotes retorcidos, con gran corazón y miles de historias que me hicieron quererlo como mi abuelito de verdad. No se exactamente la hora, pero alguien llegó afuera y mi padre salió a ver quien era, al poco tiempo lo escuche entrar solo y hablaba en voz baja con mi madre, de pronto mi padre entró a donde yo dormía . - hija, vístete y Abrígate bien, en una hora saldremos- me dijo con voz entrecortada y ojos cristalinos. - ¿ a donde vamos tan noche? - pregunté sorprendida - iremos a despedirnos de Ponciano, ya que emprenderá un viaje del cual nunca volverá - y me abrazo fuertemente mientras intentaba detener la lágrimas en sus ojos, en mi inocencia no comprendí porque se marcharía ni con quien, sólo asentí y me puse el gaban que en una ocasión me regalo. El camino a su casa estuvo en total silencio, sólo entre miradas de vez en cuando , tampoco quise preguntar mucho, esa pregunta se la haría yo al abuelito; cuando llegamos a su casa había reunida bastante gente, más de la que esperaba, incluso había muchos que no conocía y el ambiente era muy tenso, para nada era una fiesta de despedida, al poco rato mientras mi padre amarraba los caballos escuche a dos mujeres que pasaron junto a mi, y lo que dijeron me desconserto más. - pobre de su hijo, está desconsolado, aunque era un señor mayor nadie se imaginaba que terminará asi- - ojalá y pronto encuentre su resignación ¿ sus otros hijos vendrán a tomar venganza?- agregó la otra - no se sabe, sólo queda esperar, hasta el momento el pueblo ha sido muy seguro Y siguieron hablando pero en eso llegó mi padre y empezamos a caminar hacia la casa, pero entre las pláticas se escuchó a otras dos mujeres - Dicen que fue acribillado, pero no se sabe quien - Esque es difícil de creer si siempre fue un hombre derecho y en sus cabales - ya te dije, son rumores, cuando estás cosas ocurren todos dan sus versiones aunque no hayan presenciado nada, lo que realmente pasó solo él y el altísimo lo saben. - pobrecito - designó a decir está última Y entre más nos acercabamos más pláticas como estas esclava en voz baja, así que trate de buscar repuesto en mis padres. - papá ¿ qué es a acribillar? - hija, Ponciano partió de este mundo, está tarde le arrebataron su vida- dijo abrazandome . Como pude me sabe de sus brazos y corrí a la casa que tanto me gustaba visitar y el la que me recibían con tanto amor , entonces me detuve en la cocina , sobre una mesa de madera una cajón con flores y velas alrededor, mientras la gente rezaba un rosario pidiendo por su alma. Mis lágrimas comenzaron a caer como torrentes, Leo me cargo para que pudiera verlo por última vez, su cara pálida y desprovista de esa sonrisa tan cálida, me agacje y le di un beso en su mejilla y cerré mis ojos no quería guardar está imagen, siempre lo recordaría sonriendo y hablándole con cariño, eso me prometí en esos momentos. Después de que Leo me bajara estuve sentada a su lado, al igual que mis padres, llorando juntos y tomados de la mano sin decir palabras. Al otro día seputamos al abuelo en el cementerio del pueblo y Leonardo se despidió de nosotros. - Mañana marchó a EU, con mis hermanos, ahora que mi padre se ha ido no tengo razones para estar aquí, la casa, los terrenos y los animales que tenía el son para ti, pequeña hermanita, Espero volverte aver algún día y que crescas muy bien, pero sobre todo que nunca olvides a mi viejo- dijo con la mejor sonrisa que pudo ofrecernos, pues el dolor era muy grande. - ¡ No quiero nada! , todo lo que me ha enseñado el abuelo es suficiente para mi, al igual que todo el cariño que he recibido de tu parte, hermano mayor, - y corrí a abrazarlo- si no piensas volver aquí, venderlo todo el dinero seguramente te hará falta- dije con sinceridad aunque era una chiquilla. - mi pequeña, nada de esto me ha falta, sólo regrese para cuidar a mi padre, en EU tengo todo lo mío y mis hermanos cuidan lo poco tengo, no estés triste mucho tiempo mi niña, vendré a visitarte en alguna ocasión, y otra cosa que es para ti, - y me dio un arma. Era un revólver Colt & Co, modelo Calgary calibre 45, la cacha era de hueso tallada en el un águila y una serpiente, era el arma más querida del abuelo, pues era una reliquia familiar por parte de su padre que luchó en la revolución. - No Leo, eso sí que no, ella aun es una niña y las armas no son juguetes - dijo mi padre , algo temeroso - Lo entiendo Román, pero es una reliquia familiar y mi padre hubiese querido que ella la tenga, pues siempre dijo que las mujeres también deben saber defenderse, incluso le enseñó a usarla, y no sólo está, muchas otras, además bien sabes que como están las cosas , y cuando ella sea toda una señorita no creo que hayan cambiado mucho las cosas, hay muchos hombres que no son honrados y no tienen escrúpulos - entonces vi a mi padre tan sorprendido que no podía ni hablar. - es verdad padre, el abuelo me enseñó a cazar conejos y otros animales, además dijo que tenía una puntería perfecta , también me enseñó como cuidarla- agregue contenta. - además fue un deseo del viejo, siempre me decía que está era para Priscila, así que permite que la acepté - insistió Leo con cara de súplica, sólo quería cumplir los deseos del abuelo - al parecer tu padre sabía más de lo que me contaba, está bien, pero la tendré bajo resguardo hasta que considere correcto que ella la tenga- contesto mi padre, dando un suspiro. - ma alegra que lo hayas considerado- contesto Leo y se la entrego a mi padre- después de esto nos dio los documentos que Ponciano había dejado para que tomará posesión de los terrenos y la casa, luego nos dio un abrazos fuerte y monto en su caballo con solo un morral con algunas cosas importantes,y se marchó se San Isidro, así se llevaron un poco de mi inocencia y niñez.
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