“No supimos refrene los sentimientos, evitar los besos, huir de la locura, y nos perdimos nosotros mismos”. Le mentimos a nuestros padres también a la recepcionista que nos dio las llaves de la habitación, se había sorprendido un poco cuando más se presentó. —Buenas noches, soy Maximiliano Cooperfields, ¿tienen una habitación disponible? —Sí, un momento joven Maximiliano. Por un momento mi cabeza Maquinó un dramático desenlace desenlace en el que los paparazzi nos fotografiaron al salir del hotel o peor aún vigilandonos en nuestra estadía allí. —¿Es usted el hijo de André Copperfield? —le había preguntado. Miré con temor a Max. No era que estábamos huyendo, pero me aterraba lo que ella pensara de un chico de 17 y una jovencita. —No. —Oh, lo siento. Debe ser mera coincidencia

