—Lo sé, igual ya me habías avisado y me da gusto de que estés aquí sano y salvo. ¿Cómo ha ido todo? —quiero saber mientras se acerca y deja un suave beso en mis labios y se vuelve a incorporar al suelo. Se floja la corbata y pronto se la quita al igual que la camisa. —La verdad es que he podido solucionar el inconveniente y ya me puedo quitar el dolor de cabeza. ¿Ya los niños están dormidos? —Así es, pero les dejé saber que tú ibas a recompensar a los dos por no estar presente en la cena, ya sabes cómo se ponen cuando tú brillas por tu ausencia. Suspiro. —Y o haré. ¿Recuerdas que te comenté sobre no poder tomarnos las vacaciones que queríamos? Ya mi corazón salta en su caja torácica a sabiendas de que hablará sobre unas posibles vacaciones. Algo con lo que sueño. —Por supuest
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