Estamos en el aeropuerto. Veo a mis hermanos correr hacia la mampara gigante de la que salen los pasajeros que llegan del extranjero, y se cuelgan del cuello de mi madre.
— Cada día más grandes. Los extrañé — dice mientras les da besos a cada uno.
Se acerca a mi padre, le da un beso corto y frío, digno de protocolo de la realeza, y luego se dirige hacia mí.
— Cristina…
— Mamá…— repito con un asentimiento de cabeza.
— Siento no haber estado en tu examen, pero esta conferencia fue más larga de lo esperado. Felicitaciones, estoy tan orgullosa — Y me abraza, de manera fría y distante.
¿Orgullosa? Si claro, y yo soy la reina de Inglaterra.
Respondo de manera automática a su abrazo. Mientras más corto, mejor.
Una vez mi hermano menor tuvo dos años, se dedicó a trabajar, a su carrera y a viajar dando conferencias, haciendo todo lo posible por evitarnos. Mi padre se ha hecho cargo de nosotros con Inés.
— Gracias mamá, entiendo que hayas tenido que viajar, no te preocupes...— lo mismo de siempre.
En casa, Inés se ha lucido y la mesa está lista, hay un desayuno enorme para nosotros. Mi padre se sienta en la cabecera, a un lado yo y al otro mi madre. Aunque estamos sentadas frente a frente, ni siquiera me mira: cuenta a mi padre y hermanos todo lo que pasó en su conferencia. Yo vuelo en las nubes sin poner atención, tengo sueño. He dormido tres horas. Pero no me importa, estuve de nuevo con él. Y la verdad, es que no me interesa demasiado lo que haya pasado en su viaje.
El resto del día no sé nada de Peter. Pero tampoco me atrevo a llamarlo. Ni mandarle un mensaje. Bueno, quizás se dio cuenta de lo controlada que me tienen y se asustó. Quizás sólo quería llevarme a la cama, la llamada de mi padre debe haber arruinado sus planes. ¿Se habrá espantado? No me sorprendería.
Aunque en el estacionamiento….
Mi Padre ha tenido que partir a la Clínica a atender algún paciente de urgencia, así que la “cena de celebración” se ha pospuesto. Por mí, mucho mejor.
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Lunes en la mañana. Abro un ojo y me doy vueltas en mi cama. He descansado, y el olor a café me llama. Tengo que ir a dejar mis papeles para presentar mi solicitud de práctica, e ir a una última entrevista a los dos estudios que me escogieron para hacer mi pasantía con ellos. No quiero perder tiempo. Mientras antes me ponga a trabajar, antes podré irme de esta casa.
Me desperezo y avanzo como zombi al comedor. Hoy tengo muchas cosas que hacer. Y tengo que decidir si es buena idea o no llamar a Peter. ¿Quizás un mensaje? Naah, pensaré en ello más tarde.
A las siete de la tarde, llego a mi casa después de dejar mis papeles de mis prácticas e ir a la entrevista a los dos estudios que me han llamado, me lanzo a mi cama y tiro lejos mis zapatos. Uno de los estudios de abogados me ha confirmado de inmediato, y empiezo la próxima semana. ¡Y es el que más me gustaba!
Mis pies me están matando. He caminado sin parar todo el día. Juego con mi teléfono, pensando si debo llamarlo o no. Él me vino a buscar, quizás es mejor que yo lo llame. ¿O él me llame? Aunque yo interrumpí la cita. Bueno, mi padre la interrumpió.
Siento a mis hermanos, suena su Nintendo en el salón de estar, pero no a mis padres. Deben estar en el trabajo.
Me dirijo al estar, está sólo Diego. Le quito el control remoto y sin mirarlo le pregunto qué quiere ver.
— ¡Hey!, No he terminado de pasar mi etapa! — protesta.
—¿No quieres ver una serie con tu hermanita adorada?
— Eres mi única hermana. Y quiero terminar mi etapa — trata de quitarme el control.
— Puedes terminar todas las etapas de todos tus juegos cuando yo me haya ido de esta casa.
— ¿Te vas a ir? — me pregunta con ojos de perrito triste.
— Por supuesto, soy adulta y tengo que independizarme.
— Entonces veamos lo que tú quieras…— me dice mientras me abraza— te voy a extrañar…
Es tan fácil manipular a mis hermanos.
— Y yo a ti enano…— le doy un beso en la cabeza mientras lo abrazo y busco alguna serie.
— Soy más alto que tu…
— No importa, siempre serás mi hermanito menor.
Una vez ha terminado el segundo capítulo de la serie que he elegido, Diego se ha quedado dormido apoyado en mi hombro. Es tan tierno.
Suena mi teléfono. Un mensaje de Peter. Esto sí que no lo esperaba.
>>> ¿Estás libre?>>
>>> ¿A qué te refieres con libre?>>
>>> ¿Con tus amigos o con tus padres?>>
Miro de reojo como mi hermano, está en su séptimo sueño.
>>> Ninguna de las anteriores. Parece que si estoy libre.>>
La respuesta no se hace esperar.
>>> Paso por ti en 30 minutos>>
Y deja de estar en línea.
Me levanto de un salto del sofá. Mi hermano se despierta, frotándose los ojos.
— ¿Vas a salir?
— Si, pero volveré muy pronto. Es secreto— le susurro en el oído— no le digas a nadie.
— Esta bieeennn…— dice el enano acomodándose, mientras pone nuevamente su juego.
Mi hermanito es demasiado ingenuo, aunque ya esté en plena pubertad. Se le olvidará en un rato.
Corro a mi habitación. Pleno verano, creo que un vestido y una chaqueta de mezclilla bastará. Un poco de brillo en los labios y listo. No me gusta usar demasiado maquillaje. Me da flojera tener que limpiar tanto mi cara antes de acostarme.
>>> Estoy afuera>> suena un mensaje.
Tratando que nadie me vea, sigilosamente salgo.
Me subo al auto y lo miro. En silencio, sólo se acerca a mí y me planta nuevamente un beso corto en los labios, acariciándome la mejilla con su pulgar.
— ¿Dónde vamos? — pregunto.
— ¿Dónde quieres ir?
— Sorpréndeme.
Sonríe y pone de nuevo el auto en marcha. Miro de reojo la puerta de mi casa, no veo a nadie. Parece que no me han visto salir.
— ¿Todo bien con tu madre?
— Si, llegó sana y salva…
— ¿La extrañaste?
Pienso un segundo. Mejor no responder eso. Cambia el tema Cristina.
— ¿Qué tal tu día?
— Cansador…— resopla. Es lo único que dice.
Vamos en silencio, así que prendo la radio y empieza a sonar The Verbe. Mientras tarareo la canción, me mira de reojo, creo que en cualquier momento se empezará a reír de mí. Sé que canto mal, pero la canción me encanta.
De pronto empieza a sonar su teléfono. Corta la llamada. Suena una segunda vez, corta nuevamente. Al tercer llamado, mira la pantalla y con el ceño fruncido, contesta en altavoz. En alemán, supongo.
Habla con un hombre, luego la conversación sube de tono y empiezan a discutir. Unos segundos más y corta la llamada. Su cara ha cambiado completamente, creo que molesto, pues tiene el ceño fruncido.
— Necesito ir a buscar un documento a mi departamento y enviarlo ahora. ¿Podrías acompañarme? Será rápido.
Mi cabeza duda un segundo. Digo, lo conozco hace tres días. Pero sé que no es un secuestrador. Necesito aprender algo de alemán. Mañana le preguntaré a Alex cómo se llamaba esa aplicación para aprender idiomas.
— Está bien, te acompaño.
Rápidamente llegamos a su edificio. Se estaciona apurado, peor que yo, y se baja del auto dando un portazo. Se ve muy molesto. No sé qué fue lo que discutieron en esa llamada.
Toma mi mano y presiona el botón del ascensor. Me mira y suspira. Ya no tiene esa sonrisa bonita.
— Te prometo que será corto, sólo tengo que mandar un documento.
— Está bien… trabajo es trabajo, ¿no?
Me pregunto si siempre lo llamarán fuera de horario laboral. No sé ni en qué trabaja.
Entramos a su departamento. Es muy amplio, todo en blanco y azul oscuro. Sillones negros de cuero y mucho vidrio. Hay poca decoración. Bastante grande para un hombre solo.
¿Vive solo? ¡Con suerte sabes cómo se llama!
— Sírvete lo que quieras, ahí está el bar – apunta hacía un mueble en una esquina. Me quedo mirando el lugar, y de una sola vez, me gira, me toma por la cintura y me roba un beso. Al principio tierno, pero no tarda en convertirse en uno de esos hambrientos y apasionados, que te roban el aire y te dejan con ganas de más. Creo que estoy perdiendo la cabeza, porque me aferro a sus brazos sin pensar, respondiendo a su ataque. Me separa de sus labios de golpe.
—Vengo en unos minutos— dice sobre mis labios, soltándome lentamente, mientras yo abro mis ojos y trato de recuperar el aire. Desaparece por un pasillo a la izquierda, dejándome sola.