No sabía cuánto tiempo llevábamos en comisaria, solo sabía que el tiempo se me estaba haciendo eterno, me sacaron muchas fotos, y tuve que relatar todo lo sucedido con detalles, al hacerlo no había podido evitar echarme a llorar desoladamente, incluso llegué a hiperventilar. La única manera de poder calmarme fue cuando unos cálidos brazos me rodearon, y la voz de Matteo me susurró al oído, transmitiéndome calma, seguridad, como si estuviera en el lugar más seguro del mundo. Una vez más tranquila me alejé mirándolo a los ojos, me dedico una sonrisa, la cual intente corresponder, pero no pude ante el dolor de mi labio, las preguntas siguieron y no sabía qué diablos responder, pues realmente no lo conocía, no sabía nada de él, ni de su familia. Cuando por fin acabaron las preguntas, la den

