Resistencia

1846 Words
Isla de Venecia. Año 3001. Décima república. "1 de octubre del año 3001. Lugar, Resistencia en el refugio de... Sia y Dic, contra enfermedad incapacitante crónica, tengo la hipótesis que también es creadora de patógenos capaces de crear vida y células que hacen algo parecido a humanos zombies. Aunque, hasta ahora no he visto ninguno, pero puedo deducir que hay mucho más en ellos de lo que se puede ver a simple vista. No sé si me explico bien. Bah, esto parece basura escrita mama, lo sé. Ni yo misma puedo comprender exactamente lo que escribo, pero debes entender que es más complejo de lo que tú y yo creemos. Han transcurrido catorce largos e interminables días. Y ya no sé qué queda del grupo que entró en mi equipo de resistencia desde que nos separamos. No sé si Dic y yo, somos los únicos humanos en el refugio, o hay más adentro. Pero tampoco voy a averiguarlo. Mi cerebro se confunde muchas veces sin saber si está enfermo o no. Aunque... No debo estarlo si aún sigo consciente de la realidad. Aunque también he llegado a cuestionarme si esta realidad que yo tengo frente a mis ojos es real. Me niego a creer lo que sucede. Sé que esa enfermedad puede que ataque directamente al cerebro apenas entre en contacto con el humano. Los casos que he podido observar de cerca son tan... peculiares. Siempre están en constante cambio, lo que los conecta son las expresiones de horror en sus rostros y esa desesperación que denotan, hasta morir. Junto con ese olor a fluidos asquerosos. Es realmente horrible. Y lo que hacen luego de enfermarse... De eso aún no estoy preparada para hablar. No hemos comido nada más que barras energéticas desde hace tres días después de que se nos acabaran los alimentos enlatados del refugio. Y nos quedan cuatro botellas de agua. Tres de las muchas que traíamos, y una, que sacamos de un bolso abandonado. Las luces fallan a cada nada. Y aun, podemos oír gritos de personas cada cierto tiempo, a lo lejos, así que tampoco hemos podido auxiliar a alguien de lo que sea que esté sucediendo. La enfermedad los enloquece. Quieren salvarse yendo a pedir ayuda tocando a otros y es ahí cuando... ¿Esto se propaga por el ambiente? ¿La piel? No lo entiendo realmente. Y no preguntes como es que aún no lo sé. Sabes perfectamente que odio la medicina. Pero gracias a esto, me he obligado a recordar esos horribles semestres en la academia. Estoy cansada mamá. Nuestra segunda semana viviendo esta locura y no aguanto más. Quisiera darme por vencida y salir corriendo de aquí. Tomar un maldito avión y correr a tus brazos. ¿Cuándo volveremos a casa? Dic y yo debimos irnos contigo y con papá. Todo hubiera sido diferente para nosotros dos... Espero algún día puedas leer esta carta. Que este libro se lo entreguen a la madre de Sia. hora 22:36." — ¿Aún estás escribiendo esas cartas? — la voz de mi hermano resonó en todo el lugar y respingue de inmediato escondiendo lo que había escrito. — Habrás perdido tu tiempo si esas cartas nunca le llegan a tu mamá. — Es tu misma mamá, cerebrito. — Dic era fastidioso si se lo proponía. — Oh, vaya sorpresa, creo que estoy enfermo. — se burló haciendo caras. — Quizá este por morir. — Shhh, no hables tan fuerte, y tampoco juegues con eso, enserio estas rozando lo estúpido — reprendí mientras guardaba las hojas y las demás cosas dentro de la mochila. El lápiz lo deje dentro del bolsillo de afuera para tomarlo como arma si llegase a necesitarla. Siempre estaba preparada. Después de tanto, esas tontas películas de cambios y guerras me habían servido para algo. O bueno, para en caso de tener que defenderme. — Harás que nos maten. — Qué más da, antes o después. Sera lo mismo, ¿No? Como si ya no fuéramos a morir de hambre... O cuando alguno de nosotros enferme y contamine al otro. Sera lo mismo, a fin de cuentas. — Eres insufrible— llegué hasta él dándole un codazo y sentándome a un lado. — No repitas eso. Con la muerte no se juega ¿Quieres que me lo crea? Hemos sobrevivido mucho tiempo, esto no es nada para nosotros. ¿Recuerdas esa vez que no comimos por dos días? — Puf, eso ni siquiera cuenta. Yo salí a escondidas de ti y me comí cinco sándwiches con una jarra de jugo. Era estúpido hacer ese reto, pero debía ganar de alguna manera. — se regocijo riendo por lo bajo. Había pasado en nuestra casa, no se comparaba ni un poco con la realidad. — Pero tu... — Yo perdí porque tenía mucha hambre a mitad del segundo día. — recordé — era una tonta. No podías estar tan tranquilo... No un tragón como tú. — gire los ojos. — Qué tiempos aquellos. Hasta me dan ganas de cantar una canción. — Madura Dic. — hice un ademán desdeñoso hacia él. — Sabes que jamás debes hacer ruidos fuertes, no quiero que nos encuentren. El refugio no era grande. Parecía tener dos pisos, del cual solo conocíamos el primero y en el que estábamos incómodamente instalados. Había una gran sala para estar, habitaciones enumeradas con un símbolo dorado, una cocina sin comida, y un baño. En el cual ya no había agua. Solo desechos humanos que, gracias a la tapa, no salía el olor, pero en verdad era muy asqueroso y apestoso. Estábamos en pésimas condiciones. Sí. Pero si me daba por vencida sería dejar solo a Dic. Y él no se lo merece. Sé que, quizá yo sea irrelevante en esta historia, pero, Dic, él es mi hermano y primero su vida. Así que tenía que ser optimista y pensar en algo antes de que nos quedáramos sin comida y agua. Moriríamos de hambre. — Muero de hambre Sia. Creo que mi cuerpo va a desplomarse en cualquier minuto. — respondió tomándose la cabeza entre las manos. Era dramático. Agradecía que las barritas no se hubieran acabado, había por montones en nuestros bolsos y también en el que encontramos junto a la entrada de la habitación. Era lo único que había para alimentarnos y lo que nos permitiría existir durante un poco más de tiempo en lo que encontráramos comida real. Hasta yo me sentía, así como Dic. Con las tripas comiéndose a sí mismas muertas de hambre. Sufríamos más por la comida que por el hecho de que el edificio y la ciudad estuviesen a punto de colapsar. Porque algo de "unas horas" se convirtió en dos semanas. Dos malditas semanas martirizantes en una isla que no conocía. — Come otras dos barras Dic. Igual nos quedan unas cien allí. Así no tendrás hambre por unos minutos. — Esas barras solo me dan más hambre. ¿Qué dices de buscar algo más? —propuso y negué de inmediato con la cabeza. No dudaba de que fuese real lo que dijo y no una broma. Conocía perfectamente a Dic, como para saber que estaba a punto de querer abandonar el refugio. — ¿De nuevo tú con eso? —me levanté del suelo y sacudí mi ropa. El imito la acción llegando hasta a mí. Si se pensaba que iba a salir intimidándome estaba muy equivocado. Parado como si quisiera medir nuestras alturas. Me valía mucho que fuese mayor que yo, no iba a manipularme con tal cosa. — Tenemos que salir. — dijo molesto. — ¿Quién lo dice? — refuté igual de molesta — Sabes que si salimos no vamos a vivir por mucho tiempo. Aquí estamos bien. ¿Por qué empeñarse en hacer algo si ya sabemos cuál será el resultado? Morir. — Nada está bien, Sia, y tú lo sabes perfectamente. Te estás haciendo la ciega, ante todo, apenas si nos alcanza el agua para mañana, o para un par de días más si tomamos de a gotas. Pero esto solo va hacer que nuestros cuerpos se debiliten más y no podremos salir de esta pocilga. Si no salimos ahora qué está la luz del sol, no podremos hacerlo en la noche cuando aún está la enfermedad rondando como una especie de veneno con cerebro. — No son zombies, ellos no reviven Dic.— le dije ignorando el hecho de que posiblemente tenía razón, pero no quería admitirlo. — Salgamos otro día, hoy no. No me siento bien. No creo poder intentar salir. No iba a poder llegar a la esquina con tantos nervios y dolores de cabeza por el insomnio que tenía desde hace noches. Miedo. Terror. ¿Qué tanta emoción podía sentir una persona al mismo tiempo? Y en tan pocos momentos. — Tu no quieres aceptarlo, pero sabes que algo más está sucediendo. Respira Sia. — He visto cómo caminan enfrente del lugar en la madrugada. Yo no estaría muy seguro de eso. Voy a salir, estoy harto de esconderme. No tenemos respuesta de nada de lo que ha sucedido y hay que irnos antes de que esto empeore. Ni siquiera se han molestado en enviar a alguien a limpiar la isla o averiguar qué es lo que está pasando aquí. Lo sabes muy bien, esto va a empeorar. — ¿Más de lo que ya está? — respondí molesta — Ya ha empeorado lo suficiente, y ahora quieres empeorarlo más haciendo una estupidez, saliendo y yéndote sin saber si aún es esta, zona roja. Morirías de inmediato si te contaminan. Debemos quedarnos aquí en lo seguro. Si salimos y nos pasa algo... No tenemos ningún medicamento para controlar la enfermedad, estamos lejos del hospital principal. — Eres doctora, y tienes miedo. — se burló. — Tu puedes curar. — No termine la carrera, y dije que no tengo medicamentos para curar nada. Así que, si estas contando conmigo, olvídalo. Morirás. No saldremos de aquí. — Habla por sí sola. — dijo recogiendo una botella de agua poniéndola adentro de su bolso. — Si no quieres hacerlo, quédate aquí, pero yo me iré, estoy harto de esperar por algo que ni siquiera tenemos idea de que exactamente es, y no prometo regresar. — Dic, que demonios estás haciendo. No planeamos nada de esto. — Porque te niegas constantemente, solo tienes miedo, y eso te va a matar más rápido que esa maldita enfermedad. Maldije por lo bajo viendo como emprendía su camino lejos de mí. Atravesando el salón del refugio escuchando como llegaba hasta la cocina. Todo esto era absurdo, solo íbamos a matarnos llegando a no sé dónde, si salíamos de esta fortaleza. Ni siquiera sabíamos qué lugar de toda la ciudad podía ser habitado sin contaminarnos en el intento. Debo elaborar un plan en mi cabeza para que esto no se salga de control. 1. Comida y agua. 2. Proteger al imbécil de Dic. Siempre está metiendo la pata por doquier. 3. No contaminarnos. No acercarnos a nada. 4. Matar todo aquello que se interponga en el camino? Si.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD