I Decisiones

1350 Words
—Bella, ¿me oyes? Despierta, por favor. Lo escucho en alguna parte de mi cabeza. Su voz es una melodía preciosa y tranquilizadora. Abro poco a poco los ojos para adaptarme a la luz de la sala. Está arrodillado frente a mí, sosteniendo mi mano. Su rostro es una mezcla de preocupación y alivio. —Marco—susurro. —Amor mío, gracias a Dios—dice suspirando—. Me has asustado. —Mi cabeza, me duele un poco—digo recostándome en el sillón. —Ten, te preparé un té especial con miel—dice Mimi acomodando la almohada detrás de mi cabeza. —Gracias—sonrío mientras dejo que el té caliente un poco mis manos—, no sé qué me pasó. Me… ¿Me desmayé? —Si, pero además tuviste un ataque de pánico. La noticia que recibiste no fue para nada grata—responde Lucas abrazando a Mimi. Ahora empiezo a recordarlo todo. Noemí entrando por la puerta, el audio con las amenazas… Mauro en París. —Mauro—siento el frío recorrer mi cuerpo. Tengo miedo, mucho miedo. —Abril, mírame—dice acariciando mi mejilla—. Tranquila. Estás a salvo conmigo. —Es que no lo conoces, cariño. Es capaz de cualquier cosa. —Yo también soy capaz de cualquier cosa por ti—responde sentándose a mi lado. Pasa su brazo por mi hombro y acomoda mi cabello—. Daría mi vida si es necesario para que estés bien. Confía en mí, no dejaré que nada te pase. —Confío—digo sonriendo en su cuello. —Siempre supe que le faltaba un tornillo a ese tipo—suelta Mimi sentándose frente a nosotros—, tiene una cierta obsesión por Abril. —¿Podrías decirnos todo lo que Blanca te dijo y cómo es que te contactó? —pregunta Marco. —Si. Para empezar, no sé cómo es que logró dar conmigo, yo jamás le di mi número y Abru cambió el suyo antes de irnos del país—dice y asiento—. Segundo, ella ya no está con Mauro. Parece que lo dejó el mismo día que Abril habló con él. —¿Sabes por qué lo dejó? —pregunto confundida. —Según ella, Mauro se volvió loco apenas desalojaste el departamento. Dijo que no era posible, que tu no podías dejarlo porque eras de él. Esa noche parece que discutieron muy fuerte. El la golpeó y trató de tirarla por las escaleras—responde asustada—. Un desastre. —¡Dios mío! ¿Qué pasó con el bebé? —El bebé está bien. Blanca lo denunció y lo arrestaron, pero aquí viene lo malo—dice molesta—. Hace dos meses que salió libre y la verdad no comprendo por qué. ¡Debería estar pudriéndose en la cárcel! —Y lo peor de todo—retoma Lucas—, es que el día en que salió bajo fianza fue directo a buscarte a tu casa. —Lo sé. Mi... Mi mamá me comentó eso—digo tiritando del frío a causa de los nervios—. Dijo que había ido varias veces y que no paraba de llamar por teléfono. —Si, y ahora está escondido en alguna parte de París. No sé cómo es que se enteró, pero ya no estás segura aquí—dice Noemi. Su semblante es de total frustración y la entiendo, me siento igual—. No es posible, tan felices que estábamos. —Marco, ¿qué es lo que voy a hacer? Tengo mucho miedo. —No tienes por qué tener miedo, bella. No voy a dejarte sola—responde besando mi frente—. Voy a tratar de solucionar esto, pero primero necesito hacer unas llamadas. Confía en mí, ¿de acuerdo? Asiento y sonrío. Me da un beso y se dirige a la cocina. Escucho como comienza a hablar en italiano y a moverse de un lado a otro. No comprendo mucho lo que dice, pero no me hago problema; confío mi vida a este hombre. —Deberías hablar con tus padres, Ab. Necesitan saber la situación, ¿no crees? —Tienes toda la razón, rubia. Cuanto antes mejor—respondo dejando el té en la mesita ratona—. ¿Podrías pasarme mi teléfono? —Aquí tienes—dice sacándolo de su bolso—. No sé si estén despiertos, recuerda que allá es de madrugada. —Haremos el intento—digo marcando a casa—. Solo espero no angustiarlos. Llamo, pero nadie contesta. Trato de hacerle una videollamada a mamá y después de varios intentos, por fin atiende. —¿Hija? ¿Está todo bien? —dice mirando el reloj de su buró—. Nunca llamas a esta hora. ¿Pasó algo? —Ay, mami. Perdón por despertarte, pero…—digo con lágrimas en los ojos—. Mauro me encontró, al parecer ya está en Paris. Incluso me ha enviado un audio amenazándome. Ya no estoy segura en este lugar. —¿Qué? Pero ¿cómo…? Ay, no puede ser. ¡Ese maldito! Oh Dios, me siento tan impotente—dice llorando y se me parte el corazón. —Ma, no llores. Marco está buscando una solución para todo esto, algo vamos a hacer. Además, estamos todos juntos—trato de calmarla. Mimi habla con ella y le explica lo que pasó. Mi padre está a su lado, escuchando en silencio. Su cara al igual que la de mamá, es de pura impotencia y preocupación. —Miren, aquí viene Marco—digo viéndolo caminar hacia la sala. Se sienta a mi lado y saluda por la cámara. —Buenas noches, Claudia, don Pablo—dice dirigiéndose a papá—. Estoy al tanto de la situación así que he decidido tomar cartas en el asunto. Me he comunicado con la policía judicial, quienes han decidido abrir una investigación para dar con el paradero de Mauro. La policía local también está al margen de todo, así que solo nos queda esperar los informes—dice tomando mi mano—. Mientras tanto, he pensado que lo mejor para Abril es que venga conmigo a Roma. Allá tengo al mejor agente de investigación, un buen lugar para quedarnos y están mis padres, que aman a su hija y están dispuestos a cuidar bien de ella. Siento que así va a estar más segura. Solo quisiera contar con su aprobación, don Pablo. Mi mamá lo observa y espera a que mi padre dé una respuesta. Sé que todo esto es muy duro para él. Siempre cuidó bien de nosotros. —Hijo, tienes toda mi aprobación—dice papá—. Estoy lejos de mi princesa y no puedo cuidarla como me gustaría, pero sé que tú puedes hacerlo. Tengo toda mi confianza puesta en ti. Protégela y no dejes que nada le pase, por favor. —Cuente con ello, señor Maccali. Abril lo es todo para mí—responde mirándome con esos ojos tan preciosos—. Prometo cuidarla con mi vida. Hablamos un poco más y le aseguro a papá que voy a llamarles seguido para mantenerlos informados. Ellos me repiten una y otra vez que me aman y están siempre conmigo. Le agradecen a Marco por su buen gesto y se despiden. —Así que, ¿cuándo iremos a Italia? —Mañana a primera hora. Mi padre enviará el jet familiar para que podamos viajar tranquilos. Además, entre más rápido salgamos de Paris, mejor—sonríe recargando su mentón en mi cabeza. —¿Jet? Oh no. ¿Tus padres saben de todo esto? —digo cubriéndome la cara—No quería que nos conociéramos así. Qué vergüenza, Marco. —No te preocupes, amor mío. Mis padres entienden a la perfección tu situación y están de acuerdo en que vayamos a Roma. Estarás más segura allá, créeme—asegura entrelazando su mano con la mía—. Ahora, debo irme. Necesito preparar mis maletas para mañana y tu deberías hacer lo mismo. No lleves muchas cosas, sólo lo primordial, ¿de acuerdo? Asiento y lo abrazo. Estoy demasiado agradecida con él por todo lo que está haciendo. —Gracias mi amor, por todo. Te amo—digo mirándolo a los ojos. —Yo te amo mucho más, mi damisela en apuros—responde envolviéndome en sus brazos y dándome un largo y suave beso de despedida. —Una cosa más—digo separándome unos centímetros—. Esa barba te queda muy bien, ¿cómo es que no se te ocurrió antes dejarla crecer más? —No lo sé—sonríe restregándose en mi mejilla y haciéndome cosquillas—. Pero si tanto te gusta, la dejaré. —Me encanta, te hace ver aún más guapo y misterioso—lo abrazo por la espalda y lo acompaño hasta la puerta. No puedo creer la suerte que tengo de haber encontrado a un hombre como él. Es una de las tantas cosas hermosas que me ha otorgado la vida. Lucas se despide también y acompaña a Marco. —Te ayudo a subir—dice Mimi agarrando mi mano—. Tu te recostarás y yo haré la maleta por ti. —Gracias, Mimi—sonrío con cierta tristeza y subo poco a poco los escalones junto a ella. Jamás imaginé que un momento así llegaría; soñaba con tener un hogar aquí, en París. No obstante, ahora comprendo que mi hogar se encuentra junto a la persona que me complementa. Mi lugar se encuentra donde él esté.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD