Luc creía tener todo bajo control, a Mimi no le extrañaría que él diera a conocer un noviazgo con Nammi, pues todos sabían que Luc era muy reservado con sus asuntos, el hecho de que estuviera en una relación con Nami y que esta saliera a la luz por el hecho de que la joven perdiera la memoria, no levantaría sospechas en nadie de la mansión, ni los custodios, ni Mimi, mucho menos León, y que decir de Máximo, si era apenas medio día lo que compartió con ellos, por lo que la historia a repetirle a Nammi corría en su mente, al menos hasta que recordara todo, si es que eso ocurría.
— Aun no puedo creer que de buenas a primera solo me marchara contigo. — dijo viéndolo con una ceja en alto. — Disculpa, eres guapo, muy al hombre ideal que soñaba de niña. — reconoció con un poco de vergüenza y a Luc el corazón se le aceleró.
— ¿En verdad?
— Sí, bueno, al menos físicamente, te pareces a mi padre.
— ¡¿Qué?! — el mayor no pudo evitar gritar y Nammi dejo salir una risilla.
— ¿Eres mi novio y no te lo había dicho? — indago divertida, mientras comía un poco de gelatina.
— Bueno, una vez mencionaste algo como que tu padre tiene un par de años mas que yo y te agradecí por decirme viejo, aunque luego me aclaraste que Nicanor se enamoro muy joven de Marsella. — sí, Nammi creía que ella podía decir eso, como también sería un dato que no le diría a cualquiera, el recuerdo de sus padres y el abandonó de diferentes formas de su parte, la atormentaba y trataba de no pensar en ello, punto para el extraño se dijo Nammi.
— Eso suena a algo que diría, aunque me falto decir que mi padre era, muy parecido a ti, sus ojos negros, su piel bronceada naturalmente, aunque Nicanor tenia un aura más… tierna, tu tienes un aura poderosa pegada a ti, algo me indica que tu fuerza de voluntad es fuerte, siempre que dependa solo de tu bienestar, porque cuando alguien mas entra en la ecuación, eres débil… te asusta no tener todo bajo tu control, temes a lo desconocido y eso… te hace peligroso pero vulnerable. — Luc quedo en silencio, viendo los ojos de Nammi con seriedad.
— ¿Estas fingiendo Nammi? ¿esto es algun tipo de prueba?
— ¿Disculpa?
— Solo estas diciendo lo que ya te he contado, si es un chiste no es gracioso. — Luc limpio el sudor de su frente a punto de llamar al médico, para regresar a su hogar, mientras pensaba que Nammi hacia bromas de mal gusto.
— No lo recuerdo. — murmuro Nammi con los ojos brillosos. — Si te he ofendido, disculpa, pero en verdad, no lo recuerdo, solo… fue algo que llego a mi al verte, no tengo porque mentirte, soy enfermera, no haría una broma de este calibre. — Luc respiro con fuerza, ella tenia razón, Nammi se tomaba la salud muy en serio, ella no haría eso.
— Lo siento, creo que estoy un poco estresado. — rebatió sintiendo culpa por la acusación que había lanzado y regresando a la silla que estaba a un lado de la camilla.
— Sí, yo también me enfadaría si creyera que estan tomándome el pelo con algo tan grave. — aseguro mientras dejaba la gelatina.
— Quizás, ¿fue algun recuerdo de las cosas que hemos hablado? — aventuro esperanzado de no tener que seguir mintiendo, aunque eso significara que el estrés regresara a ella.
— No, no fueron recuerdos, fue como… sentirlo al verte… ¿te duele la pierna? — pregunto al verlo cojear para tirar el pote de gelatina en el cesto de basura.
— Solo un poco, nada grave, además, yo debo cuidarte a ti y no al revés.
— ¿Por qué eres hombre? — reprocho sin desearlo, por un segundo el recuerdo de Greco, insistiendo en que él la llevaría del club a su departamento le invadió la mente, “Eres una mujer que no sabe cuidarse, deja que yo me encargue, soy el héroe y tú la damisela” eso había dicho uno de los príncipes de Chicago, y Nammi quería patearle el trasero.
— Porque de los dos, soy el menos convaleciente, aunque si no te molesta, bien podria pedirle al médico si puede traer otra camilla, y así estamos en igualdad de condiciones, serian como unas minivacaciones el que alguien más cuide de nosotros. — Nammi suspiro sin poder evitarlo, al parecer Luc no la veía como el sexo débil, mas bien como un igual a la que estaba cuidando por estar enferma.
— No creo que esta habitación este capacitada para dos camillas, aunque si sacaran el sofá y la mesa de café, seguro entran dos camillas más. — Nammi no se creía que estaba en una habitación VIP, en sus años de trabajo en el hospital de Chicago, ni como enfermera había ingresado en una. — Pero ven, podemos compartir cama. — Luc se congelo en su lugar, solo fue un segundo, y luego su mente repitió, “actúa como su novio, o nos descubrirá”
— No quiero incomodarte, puedo recostarme en el sofá, si es que no necesitas algo.
— Luc, ven aquí, o bajare a buscarte, algo me dice que no has hecho reposo por esa pierna y estoy planteándome seria mente en pedir…
— Que la enyesen, si lo sé, ya me has regañado por eso. — murmuro cual niño regañado el mayor, y acto seguido cojeo hasta la camilla, donde Nammi le había hecho un lugar.
— Sí, eso suena muy a mi… ¿Cómo es que termine aquí Luc? — el mayor respiro con profundidad, antes de girar su rostro, percatándose muy tarde que Nammi también había hecho lo mismo, aunque no se giró de regreso a ver el techo, los grandes ojos de la castaña lo habían atrapado, y al parecer sus negros ojos habían hecho lo mismo con ella.
— León…mi hijo, tuvo una crisis y tu quisiste ayudarlo, estaban en las escaleras y él te empujo. — Nammi asintió en silencio, para luego suspirar con profundidad.
— Sí que puedes ser mi novio. — murmuro más para ella que para Luc.
— ¿Disculpa?
— Tu honestidad, no trataste de maquillar las cosas, decir algo como que tropecé, o sin querer, eres honesto, eso también es algo fundamental en mi lista del hombre perfecto. — confeso, rememorando las veces que Greco le mentía, “Yo no mate a ese hombre, fue Marco” “¿Me crees capaz de colocarte un chip de rastreo Nammi?” y sí que lo creía capaz, porque fue Leonzio quien se lo dijo y le ayudo a quitarlo de su teléfono móvil, eso era algo que nunca le gusto de Greco, esa maldita manía de espiarla, como si fueran algo, aunque no lo eran.
— Es necesario, si quieres hacer una denuncia. – Nammi giro con rapidez su cabeza, pues se había quedado viendo el techo. — Por favor, Nammi, tu vendaje. — la regaño con dulzura y acto seguido se dispuso a comprobar que el vendaje se mantuviera en su sitio.
— Hace mucho que nadie me cuida así. — dijo la joven, al sentir las suaves manos de Luc acomodando el vendaje.
— Lo sé, pequeña. — la palabra salió de Luc antes que este se diera cuenta. — Ya me lo has dicho Nammi, y creo que eso debe cambiar, sé que ser enfermera es una de tus cosas favoritas, pero no puedes ir por el mundo curando a las personas, es hora de que dejes de sentir que no hiciste lo suficiente por Marsella.
Las palabras de Luc la atravesaron, solo a los reyes Nammi le había contado aquello, su pesar, la desolación que dejo el no estar en la muerte de su madre, el verla con vida una última vez insultándola y el verla muerta, era injusto, no queria un, te quiero hija, pero si un misero gracias por no darte por vencida conmigo.
— Nammi ¿Qué te duele? — pregunto con preocupación Luc por verla llorar.
— El saber qué hace mucho que nadie sabe lo que quiero, ni siquiera yo, pero tu… estoy cansada Luc. — Nammi no podía creer que ese “extraño novio” tuviera ese nivel de conexión con ella, uno que Greco jamás tuvo en dos años, si el príncipe de Chicago despotricaba maldiciones sobre Marsella, a tal punto, que Nammi no volvió hablar de su madre con él, ni con los reyes, porque estos terminaba hablando frente a Greco, y el príncipe no entendía que Nammi no odiaba a su madre, odiaba el fin que esta tuvo, y lo débil que fue el dejarse morir por un hombre, sin pensar en que tenia una hija que la necesitaba. — Estoy cansada de creer que puedo con mi vida, cuando en realidad extraño el ser una niña acurrucada en los brazos de sus padres. — Luc no lo pensó, no tuvo que hacerlo, sus brazos rodearon a Nammi, haciendo de su pecho un refugio, y Nammi se sintió, como un naufrago llegando a tierra firme y Luc pensó que eso estaba bien, reconfortar a Nammi hacerla sentir segura, aunque él sintiera el miedo recorrerlo, porque a cada segundo se enamoraba mas de ella, y sabía que no debería.
Luego de lo que Luc pensó fueron segundo y Nammi creyó que fue una eternidad, se aparto del pecho del mayor, viendo con vergüenza que había llenado su camisa de lágrimas y mocos.
— Dios, lo siento. — murmuro apenada y Luc solo rio.
— No es nada, solo debo lavarla. — Nammi se preguntó si cuando conoció a Luc, su mente trabajo de la misma forma en que lo hacía en ese momento, porque malditamente estaba comprando cada reacción de Luc, con las reacciones que recordaba de Greco De Luca.
— Es una camisa de diseñador, conozco personas… bueno, una en realidad, que estaría desechando eso a la basura, porque no habría forma de “salvarla” — dijo haciendo comillas al aire, pues recordaba que una vez para su cumpleaños, los reyes le habían hecho un pastel, siete mafiosos, sanguinarios, e imponentes, se habían coordinado para hornear un pastel, solo por ella, como si realmente fuese su hija, lo que provoco que Nammi rompiera en llanto, porque esa acción valía más que todas las joyas del mundo, y Greco, que como siempre buscaba cada oportunidad para tocarla, la abrazo sin pensar que estaba estrenando una muy cara camisa, lo que terminó rompiendo el momento sensible, cuando comenzó a protestar con que había hecha do a perder una muy cara camisa, y claro que Valentina golpeo su nuca y le arrojo un fajo de billetes, diciendo que eso no era de caballeros.
— Es solo una camisa, si pudiera verte feliz, realmente feliz, daría todo lo que tengo. — Nammi vio la honestidad en esos ojos, su impacto fue tan grande que, por poco se desmaya, claro que ella no tenia como saber porque Luc deseaba verla feliz.
— Dios, dime que nos casaremos pronto. — soltó sin pensar, porque malditamente, ahora sí que le creía a ese hombre que eran novios, era atento, la trataba como una igual, la veía… con devoción, como si necesitara de ella, como si muriera por consentirla y cuidarla, sin esperar nada a cambio.
— Deberíamos. — Luc se perdió por un segundo en su mentira, en la locura, en el deseo de poder cambiar todo, aunque ardiera en el infierno. — Ya que estas embarazada. — Nammi palideció, su sonrisa se desvaneció y vio su vientre como si un fantasma estuviera allí. — No rompiste la promesa que le hiciste a tu padre. — soltó casi con desesperó Luc, porque malditamente ella no lo había hecho, fue él, un maldito que tomo lo que supuestamente necesitaba, para salvar a su hijo, un ser que cometía error tras error.
— ¡No creo que aceptara hacerme una inseminación Luc! — de forma inconsciente Nammi llevo su mano a la cabeza, la costumbre de jalar su cabello cuando se estresaba le gano y a continuación una mueca de dolor la hizo saltar de la camilla.
— Por favor pequeña, te abrirás la herida. — Luc tomo su mano, esa misma que había llevado a su cabeza, y la sostuvo con fuerza entre las suyas, dispuesto a todo, si la mentira podía hacer feliz a Nammi, mentiría, hasta que ella recupere la memoria y lo odie de por vida, pero hasta entonces, mentiría. — Tu padre te pidió que te mantengas pura hasta que te cases, pero no se refería al sexo prematrimonial, Nammi, se refería a que solo te entregues por amor. — Luc pensó que, si Neizan aun no había visto su muerte, debió ser porque estaba muy ocupado, observando como los príncipes de Chicago y la dulce princesa asesinaban sin descanso a cualquier sospechoso de la muerte de sus padres, porque malditamente Luc estaba seguro de que Nammi no lo denunciaría cuando recuperar la memoria y él le confesara todo, ella directamente lo asesinaría, y eso estaba bien, se dijo.
— Eso… — eso tenía sentido, ambas cosas, se dijo la castaña, porque su padre se había casado con Marsella luego de huir de sus hogares, cuando ella ya estaba en el vientre de su madre, y si estaba embarazada, solo podía ser porque ella amaba a Luc, de otra forma no se hubiera entregado a él, no lo hizo con Greco… y fue cuando recordó la despedida, los reyes se habían marchado y Greco le entrego un boleto en primera clase. — ¿Cuándo y como me enamore de ti Luc?
La pregunta de Nammi lo lleno de miedo, pero ahora, solo le quedaba mentir, y rezar por hacerlo bien.