Capítulo 28

1381 Words
Luc se apartó, liberando la mano de Nammi justo a tiempo para que el médico ingresara a la habitación. —Buenos días, Nammi —comenzó el médico con tono calmado—. Tengo buenas noticias. Por suerte, los golpes que sufriste al caer por las escaleras solo te han dejado pequeños hematomas, la peor parte fue el corte en la cabeza, pero no requiere mucho cuidado, solo un seguimiento en la comodidad de tu hogar. — la sonrisa del canoso busco ser amistosa, pero Nammi aun estaba aturdida, y su rostro un poco desencajado, quizás y le había entendido mal a Luc, pensó la joven, tal vez debía informar al médico que, en verdad, al parecer, sus oídos estaban afectados, o su cerebro. —Además —continuó el médico, mirando a Luc y luego de nuevo a Nammi—, quiero asegurarte que tu embarazo sigue su curso normal. Y fue cuando Nammi se quedó paralizada. Las mismas palabras que Luc había pronunciado antes la habían sumido en un abismo de desconcierto, pero ahora dichas por el médico, hicieron que la realidad la golpeara con fuerza, una realidad que ella pensó haber evitado. —¿Cómo que embarazada? No, no, no, no ¡claro que no! —reafirmó con la voz cargada de pánico, y tratando de ponerse de pie, como si el salir de esa cama cambiara algo de lo que estaba escuchando y Luc se apresuró a calmarla, tomando su mano y viéndola con preocupación y Nammi quedo nuevamente sentada en la cama—. Esos estudios deben estar mal. Exijo que los repitan. La incredulidad, el miedo y el enojo se reflejaban en sus palabras, pero el médico negó con la cabeza, aun intuyendo que algo iba mal. —No hay ningún error, Nammi —dijo, abriendo la carpeta del informe médico y mostrando una ecografía—. Aquí está la ecografía que realizamos para confirmar los análisis de sangre. Nammi quedó en silencio total, con las manos temblorosas tomó la ecografía y distinguió a la perfección cada mancha, cada línea, todo aquello que conformaba la imagen de un feto… un feto que aun así de pequeño como era, tenía forma humana y las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas mientras la incredulidad la encontraba con la guardia baja, y la realidad la golpeaba con una fuerza implacable; ella en verdad… estaba embarazada. — No puede ser. — murmuro casi como un rezo. — Yo tome la píldora del día después. — recordó como al llegar al aeropuerto fue a la maldita farmacia, aun adolorida, aun sin ganas de vivir, porque en esa noche fúnebre, ella había perdido todo. — Y mi periodo vino, en estos meses. — las aclaraciones de la joven fueron escuchadas tanto por el médico, como por Luc, que sentía que cada segundo que tocaba a Nammi era una eternidad mas que se sumaba a su condena. — Esto aclara un poco su confusión, y la mía. — informó el doctor tomando apuntes, en la carpeta médica. — Como ya le informe al señor Luc la hormona del estrés está muy elevada en ti Nammi, eso es peligroso para el bebé y para ti, y puede que causara un leve sangrado, y que tu lo confundieras con tu periodo, y con respeto a la píldora… ¿estabas tomando antibióticos? — era enfermera, sabía las contraindicaciones de cada cosa, jamás cometía un error, y sin embargo, esa noche lo cometió, ella tomo las píldoras y luego tomo antibióticos, pensando que el bastardo que la había violado, pudiese contagiarla de algo, y aun así, en el fondo sabía que esos antibióticos no la protegerían del SIDA y otras enfermedades, y que podía quitarle efectividad a la píldora del día después, pero tampoco acudió a un hospital solo se encerró en ese departamento al llegar a Paris, y lloro por lo que creyó fue toda su vida. — Yo… si, tome antibióticos, queria protegerme de…necesito saber si tengo alguna enfermedad… de trasmisión s****l. — sus ojos nunca se habían despegado de la ecografía, tanta era su concentración que no se había percatado que Luc, también observaba aquel trozo de papel, sobre su hombro. — Comprendo… — el doctor tomo apuntes, y respiro profundo. — Nammi, el hospital cuenta con un protocolo para estos casos… puedes abortar, aún hay tiempo. — informo el médico, porque los años le servían de experiencia, no necesitaba el relato preciso salir de la boca de Nammi, su postura, su llanto y la desesperación que le mostraba en sus ojos contaba todo mejor que con palabras y, aun así, si la paciente no deseaba hacer un registro o realizar una denuncia, ellos no la obligarían. — Eso… — Luc cerro su boca, porque él no tenía derecho a decir nada, podía ser su hijo, podía amar a Nammi y podía soñar con enamorarla, pero la verdad era una sola, él no la merecía, él no tenia derecho a pedir o rogar salvación por un hijo que por desgracia puso dentro suyo, la noche que le arranco el alma. — Lo siento. — se disculpó con Nammi porque la joven lo veía con pena. — No debo de opinar, es tu vida, Nammi, es tu cuerpo… — ¡hipócrita!, gritaba su mente, ahora si podía aceptar aquello, y sin embargo aquella noche cuando la tuvo a su merced... le quito el poder de decisión, y de pronto, Luc deseaba que al próximo por el que tire de las escaleras León fuese a él y que en lo posible lo matara. — También tenemos un grupo de psicólogos que se encargan de estos casos. — continuo el doctor y al fin Nammi elevo su rostro. — No, no necesito a nadie, gracias, pero… necesito pensar. — el doctor solo asintió y comenzó a caminar hacia la puerta, pero antes de salir giro para ver a Nammi nuevamente y como está veía la ecografía nuevamente. — Nammi. — la llamo y la joven lo vio de inmediato. — Solo por si acaso, no importa de que religión eres, recuerda que Dios, perdona. — para este doctor el que Nammi se negara de primera a hacer cualquier procedimiento, estaba relacionado con la religión, la mayoría de las veces era así, y por ello trato de reconfortar el alma herida de la joven. — Gracias, pero no temo que dios no me perdone, temo no perdonarme yo. Y en eso Nammi no mentía, jamás deseo ser madre, eso era algo que desde niña tuvo claro, si no tuvo una buena madre, ¿Cómo sabría ser buena para un hijo? Pero también era consiente que ella pago el dolor de su madre, fue su bolsa de boxeo y aunque nunca la agredió físicamente, si la dejo marcada con su desprecio y crueles palabras, y aun así, Nammi sentía que no podía asesinar a ese bebé, porque era inocente de lo sucedido, como ella era inocente de que Nicanor no regresara jamás. — ¿Lo tendrás? — a Nammi debió de sorprenderle el tono de alivio y cierta felicidad en la voz de Luc, pero como la reina ya lo había dicho, Nammi seguía viendo la aleta de tiburón y no el peligro en el pececillo, y frente a ella en sus manos, Nammi sentía que tenia un gigantesco tiburón, que amenazaba con devorarla, aunque solo era la ecografía de un bebé que se estaba formando, que media solo diez centímetros y pesaba menos que un par de fresas. — Creo que sí. — dijo Nammi desbordando nuevas lágrimas. — Aunque no se si lo conservare. Si, Luc estaba seguro de que la maldición había regresado, pero aun mas potente, ahora el afectado no era solo León, él cargaría con una maldición aún peor que la de su hijo. — Yo te cuidare Nammi, y cuidare de tu hijo. — repitió, lo único que podía decir, mientras sus manos anhelaban acariciar el vientre de la castaña. — Luc… — lo llamo de pronto Nammi dejando caer la ecografía. — Llama al médico, estoy sufriendo un aulo, nodb. — solo entonces, Luc comprendió que el corte en la cabeza de Nammi, no era solo un simple corte, y sin perder tiempo corrió a la puerta para hacer regresar al doctor.
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