Capítulo 24

1119 Words
Máximo se acercó a Mimi que estaba en la cocina, preparando un té para León, y cuatro cafés, la nana de Luc, estaba tan concentrada en su deber y también recordando la interacción de Nammi y Luc solo unos minutos atrás, durante la cena, que no lo oyó llegar a ella, pero si vio el diminuto sobre de papel que le dejo a un lado del té. — ¿Y esto? — indago sin querer tocarlo, sabía lo que era, solo rogaba porque Máximo no supiera aquello. — Eso… es lo que le has dado a León los últimos seis años, y es lo que pondrás en su té de hoy en adelante, hasta que Antonny diga lo contrario. — Mimi apretó los puños, una pequeña llama de furia la recorrió, mínima, si se debía ser honesto. — No, ya no lo hare. — dijo tratando de convencerse, amaba a su Pier, lo extrañaba, más de lo que podria imaginar, aunque el hombre la despreciara, y ese pensamiento, fue la que la llevo a tratar de negarse a los pedidos de Antonny. — Mimi. — dijo Máximo, casi con pena. — Dime un acosa, ¿alguna vez Luc te ha tratado como su madre? ¿alguna vez tomo tu mano los días que has estado enferma? Dime Mimi, ahora que, al parecer, Luc tendrá esposa… ¿en qué lugar quedaras tu? Una mujer de avanzada edad, que dentro de poco no podrá subir las escaleras, ¿no crees que Luc te envié a un geriátrico? Después de todo, delegar es lo que mejor hace al parecer mi hermano, primero te delego la crianza de León, luego delego la seguridad de su hogar a los custodios, el orden de la mansión a la servidumbre ¿en verdad crees que se quedara a tú lado a cuidarte, cuando ya no sirvas para nada? Y si ese fuera el caso, ¿Qué le debe decir Antonny a Pier?, según supe, tu hijo a estado preguntando por ti. — el corazón de Mimi se aceleró, aun con miedo de estar siendo manipulada por Máximo. — No te creo, Pier… sé que nunca preguntaría por mí. — no se mentiría, ya no más, se dijo. — Eso piensas porque has perdido contacto con él, pero… maldición, sé que nunca fui uno de tus niños. — afirmo con cierto recelo, siempre el excluido, al que apartaban, el que pasaba desapercibido como el hijo bastardo, mientras que Luc tenía el amor de su madre y el de Mimi, y Pier, tenía toda la atención de su madre, y él… solo era el bastardo que su difunta madre usaba para atraer a Antonny. — Pero, aun así, te veo como a mi nana, aunque ya me dijo Antonny que no quisiste cuidarme, ni cuando enferme una vez en la mansión Ambiorix. — Mimi se removió incomoda, no negaría aquello, Antonny le había pedido que cuidara del pequeño bastardo que estaba más caliente que el sol por la temperatura elevada, sin embargo, en aquel entonces, Mimi se sentía tan engañada, porque había descubierto que Antonny jamás la había tomado enserio, que Pier, era menos que un bastardo cualquiera, porque según Antony, sus hijos ilegítimos, al menos tenían madres de alta cuna, sin embargo ella… era lo más bajo de todo, una puta que solo tomo por aburrimiento y ni siquiera por deseo. — Aun así, nana. — la voz ponzoñosa de Máximo la hizo salir de esa bruma. — Arriesgare mi cabeza, por ti. — Mimi lo vio con intriga y Máximo se acercó a su oído, hasta que sus labios casi se pegaron a ellos. — Pier… esta ciego. — Mimi retrocedió con espanto ante aquella afirmación, buscando ver el rostro de Máximo y así poder detectar la mentira, si es que la había. — No, mientes. — dijo entre susurros ahogados. — No, Mimi, lamentó ser yo quien te de la noticia. — dijo con falsa pena, aunque estaba disfrutando el ver la agonía en los ojos de esa mujer. — Pero es así, Antonny y Pier, fueron a Chicago, debían hacer negocios con unos colombianos, pero tu mejor que nadie sabes cómo es Antony, mi padre se distrajo por lo que dicen, por la belleza cautivante de una mujer, que… es virgen. — sí, eso sí que lo creía Mimi, Antony tenía un fetiche particular con ese tipo de jóvenes., como si el hecho de verlas sangrar, mientras disfrutaban de su toque lo hiciera sentir más poderoso que un rey. — Pero como él estaba ocupado, con los colombianos, envió al pobre de Pier a preguntar su precio, pues fuera cual fuera, Antony lo pagaría, Máximo negó con la cabeza, en una fingida, pero bien actuada mueca de pena. — Su error fue casi una novatada, no le tomo el peso a las palabras de la reina de Chicago, Valentina Constantini le dejo en claro que esa mujer, no se tocaba, ni se veía, porque era su dama, pero tu mejor que nadie sabes que Pier haría cualquier cosa con tal de agradarle a Antonny y bueno… uno de los príncipes le arranco los ojos. — Mimi estaba horrorizada con aquel relato, más porque veía la verdad en sus ojos, y su corazón de madre casi se rompe. — Antony abandono a mi muchacho. — dijo en una afirmación, porque no debía preguntar aquello, Antonny era un hombre despreciable que, si no le servías, rápido te desechaba. — Así es Mimi, mi pobre hermano, ahora esta quien sabe dónde, sin ojos, pidiendo por ti, su madre. — ¿Dónde? ¿Dime donde esta? — La presión que le causaba el nudo en su garganta poco la dejaba hablar, pero era lo mejor o a estas alturas Luc, ya los hubiese escuchado. — No lo sé Mimi, en verdad, mi padre solo dijo eso y que depende de ti, el que te digan donde puedes encontrar a tu ahora ciego e inútil hijo. — el regocijo que se filtró al final fue un interruptor para Mimi, quien, de un rápido y consistente movimiento, le dio una bofetada a Máximo. — No debiste hacer eso Mimi. — la oscuridad en su mirada era la misma que la que poseía Antony y Mimi se acobardo. — Lo siento, comprende que … — No, no me interesa escucharte, solo… has bien tu trabajo, y lo más rápido que puedas, enloquece a León, porque si llego a descubrir donde esta Pier, lo traeré ante ti, pero pedazo a pedazo. Mimi tembló en su lugar, consiente de que Máximo hablaba muy en serio. — Lo siento León. — Murmuro al tiempo que colocaba el polvo blanco en el té de León.
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