— Nosotras. — Nammi giro a ver a Mimi, pero no rebatió nada, quizás y la anciana necesitaba de alguien que tradujera cada termino que el doctor estaba diciendo.
Y no se equivocaba, la joven nunca comprendió la facilidad que los especialistas tenían para confundir a las personas con nombres raros con los que solo ellos sabían que se les llamaba a las lesiones o enfermedades, podía ver que tanto Mimi, como el joven León no comprendían nada de lo que el doctor decía y solo asentían con la cabeza, aunque se relajaron de forma considerada cuando el doctor les dijo que estaba fuera de peligro.
— Lo ves Mimi, no hay nada de qué preocuparse, permanecerá aquí hasta mañana y luego puede regresar a su hogar, eso sí, necesitara un acompañante que lo cuide, se fracturo un brazo y tiene varios golpes, por lo que necesitara ayuda para bañarse, vestirse y demás, pero su cabeza no sufrió daño alguno, al igual que sus órganos vitales, en pocas palabras, está muy bien para lo que sucedió, tendrás padre por mucho tiempo mi León. — los ojos negros del pelirrojo destellaron, la única persona que lo llamaba mi León era su madre, la cual había muerto hacía seis años atrás.
— Perfecto, tu vendrás con nosotros. — dijo Mimi y Nammi dejo caer su cabeza a un lado, ¿Qué era lo que la señora no había comprendido? Se pregunto la joven.
— Mimi…
— Dijiste que eras enfermera. — la interrumpió y Nammi queria golpearse, ¿cómo era que siempre terminaba metida en cosas raras? No lo comprendía.
— Sí, pero ya nomas, ahora soy estudiante y…
— ¿De qué trabajas? ¿Cómo pagas la universidad? Papá siempre dice que trabaja todo el tiempo para que yo tenga buenos estudios. — intervino el pelirrojo y Nammi supo que el tiempo de no preguntas había acabado.
— Bueno, trabaje como enfermera durante algunos años, aunque parezca joven no lo soy, al menos no tanto, tengo 24 años. — informo con una pequeña sonrisa, no se avergonzaba de su trabajo en el club la reina de Chicago, pero hoy en día no era seguro mencionar aquel lugar y prueba de ellos fue la muerte de Bairon.
— Aun así, Nammi. — Mimi tomo las manos de la joven y está la vio a los ojos, su padre siempre le decía que cuando alguien hacia contacto corporal al hablarle era porque le estaba diciendo algo muy importante, pequeñas cosas que Nammi llevaba guardada a fuego en su mente. — Luc…él es un empresario muy importante, no cualquiera puede ingresar en la mansión y sé que él no tendrá cabeza o fuerza para buscar alguien de confianza para que lo cuide, yo podría hacerlo, pero veme niña, solo soy una anciana. — se la veía desesperada, y eso no era bueno para alguien con el corazón de Nammi, un corazón blando y deseoso de ayudar.
— Pero, no tiene padres o espo… — Nammi recordó la frase que casi le rompió el corazón, lo que León le gritó a su padre, y se mordió la lengua, era claro que no tenía esposa.
— Estamos solos Nammi, tengo a mi abuelo, pero él… papá no lo quiere, dice que es malo. — y allí estaba otra vez la historia de su vida, malos padres, malas madres y ese era un gran motivo que alentaba a Nammi a no ser madre nunca, jamás, el miedo de no saber ser buena o así sea responsable.
— Bien… yo… puedo ayudar antes y después de mis clases, si no es que viven muy lejos…
— Podrías mudarte, creo que Luc, necesitara más ayuda en la noche, mi niño es un ser nocturno. — Mimi se rio y Nammi la vio confusa. — Bueno, él se baña de noche, aunque antes lo hacía en la mañana, pero hace un mes… no sé qué le sucede a mi niño, casi no duerme, trabaja de noche, se baña de noche, que va, se la pasa de un lado al otro. — la joven deseo haber tenido una nana, alguien, quien sea, que se preocupara por ella como esa anciana lo hacía por el tal Luc, aunque claro que Mimi no tenía como saber que lo que mantenía a Luc despierto era precisamente el recuerdo de lo que le había hecho a Nammi.
— Bien, pero creo que lo mejor es que hables con Luc primero y le consultes, después de todo, no se veía muy contento conque León estuviera conmigo y tendríamos que ver de cambiar su habitó nocturno, eso ayudaría mucho a su recuperación. — un rastro de dolor cruzo por sus ojos verdosos, dolía ser rechazado, sin importar la edad que uno tuviera, toda su vida se enfrentó a ese desprecio que las personas le demostraban por el solo hecho de existir.
— No lo tomes como algo personal la reacción de Luc hoy, ya te dije que él es alguien importante y quizás este un poco paranoico, pero quien no, con las cosas que están pasando por el mundo.