Capítulo 26

1834 Words
El tiempo pareció ir más lento, Luc no llegaba a ella con suficiente rapidez, aunque le daba la sensación de verla caer en cámara lenta. — ¡No, no, no! —gritó con impotencia Luc, viendo a Nammi caer, su cabeza reboto en el pulido piso y la sangre comenzó a esparcirse. — ¡No puede ser! ¡No de nuevo! — sí, Luc ya había vivido esta escena, y solo le provocaba aun mas agonía, el saber que la que ahora resulto herida, era Nammi, aunque también agradecía que podía ver su pecho subir y bajar, al menos estaba viva. Mientras que Mimi sintió la culpa y la angustia cubrirla al completo, y aunque Nammi le parecía una chica encantadora, no era Pier, al igual que Luc, ninguno de los presentes compartía su sangre, ninguno era su hijo, entonces se dijo que era lo correcto, sabía que era responsable de lo que estaba sucediendo, pero aceptaría la culpa de lastimar a extraños, antes que su hijo siguiera solo a su suerte, ahora que no podía ni siquiera ver, estaba segura que era tan indefenso como un cachorro recién nacido abandonado en las calles de la ciudad. Máximo, por otro lado, sintió una sensación de placer y satisfacción, el ver como el terror se plasmaba en el rostro de su medio hermano lo complacía, aunque esperaba que Nammi no muriera, ya que recién estaba comenzando su juego, y es que este hombre disfrutaba viendo a Luc sufrir, y sabía que esto era solo el comienzo. Luc se arrodilló junto a Nammi, que estaba tendida en el suelo, y la tomó en sus brazos, rezando por que abriera sus ojos, esos que lo cautivaron a penas los vio en el infierno, esos que luego estuvieron cubiertos de tristeza, pero que, aun así, no perdían su belleza. — No te preocupes, estoy aquí, no dejare que nada te suceda. — murmuro con voz temblorosa, porque sabía que esa era una promesa que él no podía cumplir. — ¡Llamen a una maldita ambulancia! — grito con impotencia. mientras León, que aún estaba de pie en la parte superior de las escaleras, seguía gritando y agitándose, ahora en brazos de los custodios, que habían ido a él por orden de Mimi. — ¡No la toques! —gritó. — ¡No la toques! — gritaba perdido en su mente, porque ni siquiera estaba viendo a Nammi, León parecía haber perdido la cordura y Luc lo sabía. — Enciérrenlo en su habitación. — dio la orden que mas le quemaba su alma, ya en llamas, pero ahora debía ocuparse de Nammi, y no tenia fuerzas para lidiar con León. — ¡Y que alguien pida asistencia médica para Nammi! — repitió a grito de orden, porque malditamente nadie había llamado a una ambulancia, y es que sus custodios sabían lo reacio que era Luc a que alguien fuera de la mansión se enterara de lo que allí sucedía, mas si se debía involucrar a doctores, y ambulancias, ingresando en la mansion, misma que siempre tenia a uno que otro fotógrafo rondándola. De más esta decir que no paso mucho tiempo en el que tanto la ambulancia como un médico que no era de emergencias llego al lugar, con tan solo dar el nombre de quien solicitaba ayuda médica, el hospital supo que debían enviar a su mejor doctor, pues la compensación que recibirían del señor Ambiorix, tanto por su rapidez al actuar, como por el hermetismo que manejarían, les serviría como mínimo, para agregar al hospital un ala más. — Señor Ambiorix, necesitamos llevarla al hospital para realizarle algunos estudios, más complejos. – dijo casi con reverencia el canoso médico. — No podemos determinar la gravedad de sus lesiones aquí. — y en eso no mentían, podía ver que el cráneo de Nammi no estaba roto y que la gran perdida de sangre era por la caída y golpe recibido en una zona que sangra mucho, pero el hecho de que estuviera inconsciente no descartaba un traumatismo interno. Luc asintió con la cabeza incapaz de decir ni media palabra, con sus ojos fijos en el rostro pálido de Nammi, al igual que el suyo. — Haz lo que sea necesario, quiero que reciba la mejor atención posible. Y mientras el médico y los paramédicos preparaban a Nammi para transportarla al hospital, Luc se arrodilló junto a ella, tomando su mano, como queriendo evitar el que los separara, porque de pronto, ante la posibilidad de no poder verla más, se había dado cuenta que, en poco tiempo, ella se había convertido en alguien más que esencial para él, para su corazón demasiado cansado de todo. — Lo siento, Nammi. — susurró, en su oído, con las lágrimas que jamás nadie lo había visto derramar, saliendo de él. — Jure cuidarte y no lo estoy cumpliendo. — sin poder evitarlo Luc acarició el rostro de Nammi con suavidad, con su mirada llena de preocupación y algo más, que pocos se atreverían a decir lo que parecía, pero más de uno lo pensaba, amor, algo que jamás habían visto en los oscuros ojos de su jefe. — Ya estamos listos señor, la llevaremos al hospital… — Iré con ella, no la dejare. — sí, el asombro en el rostro de sus custodios, al parecer seria la emoción más recurrente de esa noche, aunque ya algo les decía que allí, había algo extraño, desde la noche en que Luc disparo a su custodio por solo herir a Nammi. Y así mientras el equipo médico transportaba a Nammi al hospital, Luc la acompaño, su mano nunca dejo de sostener la de ella, era como si no pudiera dejarla ir, como si necesitara estar cerca de ella para asegurarse de que estaba bien. El viaje al hospital fue un nublar de luces y sonidos, que hacía voltear a muchos en las calles silenciosas de la noche, pero Luc no se dio cuenta de nada de eso, él solo se centró en Nammi, en su rostro pálido y su cuerpo inmóvil. — Por favor, Nammi. — susurro con los labios pegados en el oído de la joven, cuando se percató que estaban a punto de ingresar en el nosocomio. — No me dejes… No me dejes solo con todo esto que me haces sentir, tu amor, mi maldición. — se rendía, dejaba de negar ese absurdo latir que el solo verla le ocasionaba, ya no pensaba negar que desde esa noche que cometió tal atrocidad, su ser se sentía incompleto, vacío, y no era solo por el hecho de que la había roto, era el querer arreglarla, unir los trozos que quedaban, por solo ver esos ojos brillar como esa noche, en la que le llevo su trago, un brillo cargado de sueños y esperanzas, anhelos y entusiasmó. La ambulancia al fin se detuvo frente al hospital y Luc se apresuró a abrir la puerta para que los paramédicos pudieran sacar a Nammi y solo entonces, descubrió que Máximo lo había seguido, con su rostro impasible, pero sus ojos brillando con un interés malicioso, claro que Luc no se percató de aquello, estaba demasiado centrado en Nammi. Luc se sintió como si estuviera viviendo una pesadilla, le gustaría llamar a Neizan y reprocharle que su visión estaba mal, que todo lo que hizo, de nada había servido, pero era algo estúpido, porque al fin y al cabo, fue él quien se aferró a esa solución milagrosa, solo era su culpa, y quizás la del destino que le ponía a Nammi una y otra vez frente a él y el peligro que eso conllevaba, porque la desesperación te hace ser capaz de cualquier cosa, Luc lo comprendía, pero sentía que ya era muy tarde como para solucionar cualquier cosa, solo le quedaba por cuidar de Nammi. Las horas se le hicieron eternas, temiendo preguntar si algo iba mal, solo le quedaba con especular, ¿y si Nammi no despertaba? ¿si tenía alguna lesión que le impidiera caminar o valerse por sí misma? ¿Qué debería hacer con León al regresar a su mansión? Mantenerlo lejos de Nammi eso seguro, ¿ella regresaría con él o…? no, no queria seguir pensando y la frustración lo llevo a darle un puñetazo a la pared, mientras Máximo le brindaba un falso consuelo, ya que se estaba regodeando al ver la desesperación de Luc. — Señor Ambiorix. — lo llamo al fin el médico, y Luc casi corrió a su lado, seguido de Máximo. — Ya hemos terminado los estudios y… — Luc elevo una mano, haciendo silenciar al doctor, algo en su espalda lo hacia sudar frio, y una picazón en su nuca lo inquietaba. — Disculpe, pero ¿podríamos ir a su oficina? — indago de pronto, recordando quien era él, y lo que pensaba de todos en general. — Claro, lo lamento, es que lo vi tan ansioso, sígame por favor. — Luc comenzó a caminar y tras él Máximo y entonces Luc se detuvo. — Disculpa Máximo, no lo tomes a mal, pero el bienestar de Nammi es solo mi responsabilidad. — Máximo no pudo contener el asombro en su rostro, y por primera vez comparo a Luc con Antonny, ese maldito sexto sentido que les avisaba que algo no iba bien, aunque no lo vieran a la primera. — Claro, no hay problema Luc, iré por café… — Mejor regresa a casa, y dile a Mimi que cuide a León, ella sabe cómo hacerlo. — Claro no hay problema. Y fue solo cuando Máximo se retiró, que Luc ingreso a la oficina del doctor. El doctor cerró la puerta detrás de él, creando un ambiente de privacidad y seriedad que a Luc lo puso más nervioso, por lo que tomo asiento frente al escritorio, sus ojos fijos en el rostro del médico, buscando cualquier señal de esperanza. —Señor Ambiorix. —comenzó el doctor con voz calmada— Hemos terminado los estudios y tengo buenas noticias, la señorita Nammi ha sufrido un corte superficial en la cabeza, probablemente causado por el golpe contra el borde de un escalón. Afortunadamente, no tiene lesiones graves. Sin embargo, hemos notado algo en sus análisis de sangre. — Luc contuvo la respiración, esperando lo peor. —El estado de inconsciencia de Nammi parece estar más relacionado con el estrés que con el golpe en sí. Las mediciones de la hormona del estrés en su sangre son bastante elevadas. — Luc sintió un alivio mezclado con preocupación. El estrés... claro, tenía sentido. La presión y las circunstancias a las que solo él la había arrinconado a afrontar eran más de lo que cualquiera podría soportar. — Por suerte el embarazo no corre peligro alguno —aseguró el doctor con una sonrisa tranquilizadora—. Nammi y el bebé están bien. Solo necesita descansar y evitar situaciones estresantes. — ¿Qué? — solo eso pudo decir Luc, porque su mente había quedado en blanco, mientras su corazón latía con prisa.
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