Nammi lavo sus manos con sumo cuidado, sus piernas no temblaban, y aunque su corazón martillaba a una velocidad de vértigo, su rostro no demostraba nada más que concentración, los años que ejerció como enfermera le sirvieron de mucho, pero sin lugar a dudas el tiempo bajo la supervisión de Valentina Constantini, también le brindaban cierta seguridad al distinguir que sea quien sea Luc, no la mataría, al menos no ahora, que estaba hurgando la pierna de uno de sus custodios, para retirar la bala que el mismo Luc le había puesto allí.
— ¿Segura que sabes lo que haces? Esto duele como el demonio. — se quejó el hombre y Nammi lo vio casi con aburrimiento.
— ¿Por qué los hombres son tan quisquillosos? — murmuro más para ella que para los presentes, aunque sin lugar a duda la escucharon y prueba de ello fueron las risillas que dejaron salir.
— Claro, seguro que a ti te han quitado varias balas y sabes lo que se siente. — refuto molesto Emilio, el guardia herido.
— Nunca me han impactado, hasta ahora, solo un rozón en mi brazo, el cual te debo a ti. — aseguro la joven y se tomó un momento para sonreírle, mientras le mostraba la bala que acababa de extraerle y tomaba el desinfectante para limpiar la zona antes de saturar. — Pero cuando estudias medicina, te enseñan a ser empático, ponerse en el lugar del otro.
— ¿Eres medico? — consulto entre el asombro y la coquetería Emilio, algo que a Luc no se le paso por alto y lo hizo trinar los dientes.
— No, solo soy una enfermera. — informo viéndolo a los ojos y casi bufando al distinguir el temor en su rostro. — Si no confías en mí, pueden llevarte a un hospital…
— ¡No! — la orden de Luc era clara y más que fuerte, ya que la hizo pegar un brinco, lo único que le concedía un poco de paz y tranquilidad a la joven era la presencia de León, que estaba sentado en uno de los escalones de la escalera principal.
—Creo que si les explica a los médicos que solo fue un accidente… — las carcajadas de los demás custodios la hicieron temblar.
— Ella no sabe dónde se metió. — murmuró uno y Luc lo fulmino con la mirada.
— Y… — el silencio siempre es un buen aliado, pero la verdad los hará libre, eso dicen y esa noche Nammi había sentido la muerte respirarle en la nuca, si estaba en su destino morir siendo desdichada y sin cumplir ninguno de sus sueños, al menos queria la verdad. — ¿Dónde me metí? — pregunto dando los últimos retoques al vendaje, levantando su rostro y dejando que vean que ella no tenía miedo, o al menos eso pensaba Nammi que estaba mostrando, tal cual Salvatore le enseño, pero la verdad era que Luc noto cierta palidez en sus labios, como si de pronto su sangre se enfriara.
— Lleven a su compañero a descansar y salgan de mi hogar. — fue la orden de Luc y nadie lo contradijo, incluso Mimi tomo el brazo de León y se marchó, algo que inquieto a Nammi y la valentía o curiosidad de saber la verdad se estaba evaporando de su cuerpo.
— Bien, me deshago de esto y me iré… — el escape de Nammi quedo en nada, cuando Luc tomo su mano y la hizo sentarse en el sofá.
— Hay que desinfectar tu herida. — la castaña asintió y tuvo la intención de curarse, pero nuevamente Luc la detuvo. — No seré enfermero, pero creo que si me dices que hacer podre ayudarte. — ¿por qué no estaba en shock? ¿Por qué le sonreía por primera vez desde que lo conocía? ¿no debería estar enojado o así sea preocupado?
— Yo puedo señor Luc, usted me paga para cuidarlo, no al revés. — le regreso la sonrisa, no por compromiso, era una sonrisa autentica, al darse cuenta de lo bizarro de la situación.
— No lo sé, la joven que me cuida me dijo que el que yo sea capaz de hacer algo, no quita que a veces recibir ayuda no es malo. — por un segundo, pudo ver el parecido de León y Luc, la forma vergonzosa al hablar, en eso se parecían.
— Bien señor Luc, lo dejare curarme.
La mente de Nammi dejo de funcionar, al menos de la forma normal, en el momento que Luc retiro la chaqueta, y eso no era normal para ella, pues si bien estaba en sostén, era uno deportivo, bien podria salir a correr con él, no mostraba piel de más, solo que sus pezones se erizaron y aunque Nammi queria pensar que era por el frio de alguna ventisca, no era el caso, su piel, su cuerpo estaba reaccionando a los toques de Luc, algo que jamás le había sucedido, ni siquiera cuando Greco la abrazaba y ponía su mano en la espalda baja, o cuando jugueteaba de una forma nada inocente y acariciaba cuanta piel estaba a su disposición, mucho menos cuando soplaba en su cuello al encontrarla distraída en algún rincón del club; esto que estaba sintiendo Nammi no tenía explicación, al menos para ella, con ningún tipo de novio que alguna vez pudo tener, sintió su piel estremecerse de esa forma, pero con Luc, era como si su cuerpo añorara hasta el más mínimo toque.