Sombras bajo la luna...

628 Words
La mano de Aidan aún conservaba su calor cuando regresamos al interior del salón, dejando atrás el jardín... y el silencio quebrado que Gabriel había dejado como herida abierta. Adentro, el bullicio, las risas falsas y la música elegante parecían parte de otro mundo. Uno lejano. Superficial. Irreal. Sin decir palabra, subimos a la terraza del segundo nivel. A ese rincón del salón donde las vistas no nos alcanzaban. Desde allí, la luna colgaba inmóvil sobre nosotros, como un testigo silencioso dispuesto a no intervenir. El aire era fresco. Sobrio. Como la verdad que estaba a punto de revelarse. Me giré hacia él, sin rodeos. — ¿Qué haces aquí, Aidan? No fingió sorpresa. Su expresión se tensó apenas, como si hubiera estado esperando esa pregunta desde el momento en que apareció en el jardín. —Sabía que lo notarías —respondió, su voz grave y contenida. Con una pequeña sonrisa pícara en su rostro. —Esta gala no es para estudiantes —insistí—. Ni para humanos. Ni para cualquiera. Solo alfas, herederos. El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier palabra. —No eres lo que dijiste ser… ¿verdad? Me apresuré a decirle. Vi como su retorcía sus dedos en su cabello revuelto con tintes dorados que me invitaban a tocarlo. Aidan me miró entonces. Y bajo la luz pálida de la luna, sus ojos brillaron con un tono dorado imposible. Salvaje. Innegable. Como si la bestia en su interior ya no pudiera esconderse. —Soy un lobo, Sofía —confesó finalmente. El mundo pareció detenerse por un instante. Laisa se tensó dentro de mí, alerta, desconfiada. Pues su presencia no era igual que otros lobos y eso nos había confundido. —Pero no uno común —añadió, antes de que pudiera hablar. Fruncí el ceño. — ¿Qué significa eso? —Nací fuera del sistema de mandadas. Mi linaje... es más antiguo. Más de lo que se enseña en las crónicas de las manadas. Más de lo que muchos recuerdan. No respondemos a la luna como los demás. Somos…diferentes. Su voz resonó en mi interior como una historia olvidada. Un eco primitivo. —¿Por qué no me lo dijiste antes? Aidan bajó la mirada. Por primera vez, lo vi dudar. —Porque necesitaba mantenerte a salvo, Y si sabías lo que soy… habrías hecho preguntas. Preguntas que no podía responder aún. No sin ponerte en riesgo. —¿Y por qué ahora? Sus ojos se alzaron hacia los míos, tan serios que dolía mirarlos. —Porque lo que pasó esta noche cambia todo. Gabriel no solo sigue atado a ti, Sofía. Lo que él siente… lo que tú sientes… es algo que debe cambiar. Además, tu eres... Se detuvo en seco, dudando si continuar o no. Tragué saliva. El peso de sus palabras era más real que cualquier amenaza. —¿Qué estás diciendo? Aidan dio un paso más cerca. Su tono se volvió más bajo, más firme. Como si invocara algo que llevaba mucho tiempo dormido. —Hay movimientos en las sombras. Algo se está gestando entre las manadas. Y huele a traición. Una guerra. Y tú estás en el centro, aunque no lo sepas. Aunque no quieras estarlo. Mi pecho se contrajo. —¿Y tú? ¿Qué papel juegas en todo esto? —El de protegerte —respondió sin vacilar—. Aunque para eso tenga que acercarme más de lo que pensaba. Aunque tenga que mostrarte lo que soy en realidad. Pero también algo que no se atrevía a decirle a Sofía, lo que ella significaba para el... La tensión entre nosotros había cambiado. Ya no era romántica. Ni siquiera emocional. Era más antigua. Más profundo. Como si nuestras historias se conocieran desde antes que nosotros mismos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD