“NADA PARECIDO A LO QUE IMAGINE”

4024 Words
- Mujer hablan allá afuera-, alcance a escuchar que decía un señor que se asomaba por el cerco, hice como que no lo vi, mi atención estaba en la casa, pintada de color beige, con una franja guinda alrededor de las ventanas , los pilares de los arcos en el portal, estaban rodeados por llamaradas, así se llamaba esa planta, un tipo de enredadera con florecillas en forma de campanitas color naranja chillante, también conocido como color enchilado, adornaban el jardín al igual que los arboles de mango, limones, limas, formaban una ramada que cubría todo gran parte del patio, ideal para el medio día cuando el sol parece que muerde, todavía debajo de aquella sombra se encontraba la silla mecedora, en la que Don Félix Santos descansaba en sus ratos libres, recordarlo sentado en ella rascándose la pansa y dormitando me hizo sonreír. Todo aparentaba seguir igual, la casona, así le decíamos al galerón, donde se guardaban los tractores, madera, fertilizante, manguera, etc., y donde mi hermano rafa y yo no la pasábamos jugando tenia algunos cambios pero nada llamativos, estaba a varios metros de la casa, -Buenas tardes-, saludo amablemente una señora, -¿que se le ofrece? -, de inmediato aquella señora, chaparrita, morena y medio gordita capto mi atención, vestía una falda que le llegaba a la altura del pantorrilla, una playera gris con el logotipo de una marca de cemento enfrente y huaraches, el cabello todo recogido en un chongo, -¿Ofelia?- pregunte sorprendida, - si, dígame- respondió, esta vez tenía un tono de duda en su voz, sus manos estaban enredadas en la playera, me dio la impresión de que era por vergüenza, peo creo que se las estaba secando, sonreí- soy Dania Santos, Ofe, ¿No te acuerdas de mí? - , la pobre mujer puso una cara de susto, el escuchar mi nombre, que hasta yo me espante, - ¡hija¡- , dijo al fin, - pero ¿ y ese milagro y tu mamá, tu hermano dónde están?, ¿ por qué no avisaron que venias?, pásale, pásale – todo eso me dijo en un segundo, no me daba tiempo de responder cuando ya me estaba haciendo otra pregunta, - Mi madre y Rafa, se quedaron , fue algo de improvisto, me entraron las ganas de venir… y pues aquí estoy – explique un poco apenada, mientras entraba a la casa, -¡ Aurelio! ven – lo llamo, ese señor, delgado, con bigote, sombreo y huaraches cruzados, salió de la cocina al portal, - Muchacha, pero mira no más como has crecido , no te conocí cuando te vi parada hay afuera – dijo con alegría, Aurelio había sido la mano derecha de mi padre, él sé que do a cargo dela hacienda cuando nos fuimos, estaba en pie gracias a él, mi mamá hablaba con ellos cada vez que se levantaba cosecha para checar las ganancias pero jamás me dejo hablar a mí ni siquiera para saludarlos. Aurelio me saludo de mano y me dio unas palmadas en el hombro, era un poco reservado. Entramos a la cocina había trastes remojado, una olla de barro con frijoles en el comal y tortillas hechas a mano, ahora estaba segura de que Ofelia si se estaba secando las manos; en la cocina había estufa, pero a Ofe no le gustaba usarla decía que la comida no sabía igual y en la cocina ella mandaba era su templo, mi padre mando remodelarla por capricho de mi mamá, lo único que desentonada era el comal de Ofelia, se quedó hay porque era la que cocinaba, mi madre jamás puso un dedo en ella. En el interior todo se veía limpio y ordenado, si no fuera porque habían pasado ocho años juraría que no se había movido nada, el comedor de concordia de ocho sillas y la sala, la televisión si estaba vieja, era la misma que estaba cuando vivíamos hay, capas que ni encendían, pensé comprar una y ponerla en mi cuarto. Mi pequeño cuarto, solo tenía la cama, el tocador un mueble para guardar ropa y el closet, lo que me gustaba de él era la enorme ventana corrediza, que daba al patio. Aurelio me ayudo a bajar las maletas, Ofe se ofreció a acomodar mis cosas, pero no la deje, solo yo sabía qué onda con ellas, no me gustaba que nadie más tocar lo que era mío. -¿Quiere algo de comer? – pregunto Ofelia. - No, gracias, acabo de comer en Cosalá- mentí, lo único que había comido durante el viaje fueron papitas algunos dulce y agua, aun así no tenía hambre; - ¿y se va a estar días o ya viene aquedarse?- pregunto Aurelio.  - pues a un no lo sé, a ver cómo me trata el campo-, si le decía que venía huyendo de mi madre y un matrimonio, capaz que me hacía regresar de inmediato, - La verdad, es que tenía muchas ganas de venir - agregue, -¿Por qué no hay trabajadores y ni gente se ve? – pregunte, me extraño no ver a nadie por ahí, - Ya casi no hay muchachos, nada más lo señores que tu conociste y eso alguno se dan una vuelta de vez en cuando por acá en las mañanas, los plebes nuevillos, se van con el Cristiano Leyva, hay nada más andan – la última frase la dijo con molestia; - ¿Cris?- pregunte con el ceño fruncido, - Ándele ese- respondió entre dientes, Cristiano Leyva Arce, ese era su nombre completo, si algún rencor guardaba contra sus padres, era por su nombre, odiaba que le dijeran Cristiano; - Si hay se la llevan con él los muchachos, por eso ya no sembramos todas las hectáreas, por falta de trabajadores -, agrego, - Pues que mal, a ver qué puedo hacer en estos días, ¿y a Alma y Giovanny? - , pregunte, ellos eran sus hijos poco menores que yo, - Alma en Culiacán estudiando en unos días más llega… y Giovanny anda con el Cristiano- me respondió Ofe, vaya con que Giovanny trabaja con cris, ahora sé por qué la molestia de Aurelio, hasta su hijo lo dejo por trabajar en otro lado, sí que cris se convirtió en todo un jefe, pensé, lo que siempre soñó. Platicamos varias horas, me pusieron al corriente de caso todo lo que había pasado , me llamo la atención que cada vez que durante nuestra platica, preguntaba por cris, cambiaban de tema, en ese mismo instante hubiera salido corriendo a buscarlo, pero me dijeron que no estaba, andaba revisando sus parcelas junto con sus muchachos. Acabe de confirmar, que a Aurelio no le agradaba Cris cuando me dijo que era un vago y ya no respetaba a nadie, - ese muchacho cree que manda a todos aquí – dijo molesto, eso ya lo comprobaría yo, pensé. Ese día había terminado, me fui a dormir en cuanto Ofe me aviso que mi cama estaba lista, caí rendida sí que estaba cansada. Desperté hasta las once de la mañana, era un pecado levantarse tan tarde en un rancho; lo primero que hice al levantarme fue abrir la ventana que daba al jardín, el olor a campo fresco me lleno de energía me apresure a bañarme y desayunas , para alcanzar a Aurelio en las parcelas, estaba desesperada por verlo todo, solo le avise a Ofe que saldría, camine por los campos hasta el río fui a ver, ¿ cómo pude soportar tanto años sin mirar esto?, el río y todo a su alrededor es hermoso, no pude resistir la tentación de refrescarme, doble mis pantalones hasta la rodilla metí los pies en el agua y me recosté en la orilla, me hubiera dado un buen chapuzón, pero me daba miedo de que alguien me viera, me relaje tanto que me quede dormida un rato, el rugir de mis tripas me despertaron. Al llegar a la casa me encontré con Giovanny, estaba comiendo, me dio mucho gusto verlo, si él estaba aquí, Cris también estaba de regreso, - Hola- salude animada brindándole una sonrisa, - buenas tardes respondió serio, mirándome de reojo, - Ya nos tenías preocupados muchacha, pensábamos que te habías perdido dijo Aurelio, quien también estaba comiendo, - saluda hijo- ordeno Ofelia, al tiempo que le daba una palmada en la espalda, para animarlo, el muchacho parecía un poco tímido, - Que hay – dijo avergonzado, estiro su mano para saludarme, - No mucho- le respondí, me dedico una tímida sonrisa, aquel joven moreno claro delgado, con corte de pelo tipo soldado, una camisa a cuadros medio abrochada, pantalón de mezclilla y huaraches cruzados, si que estaba chiveado, para ser sincera no recordaba mucho sobre él, a lo mucho tendría unos 19 años. -¿Cris ya está en su casa?, me miro como si no supiera que responder, - Si hay anda -, me respondió forzadamente, - voy a verlo - dije de inmediato, al fin lo vería después de tanto tiempo, - peo primero come algo – me ofreció Ofelia, - no tengo hambre –, le mentí, me podía aguantar las ganas de comer, pero las de ver a Cris no, tome las llaves de mi camioneta, - los veo al rato- les dije, Aurelio me ayudo a abrir el portón, - No se lleve los vidrio arriba, deje que vean quien es – lo mire extrañada, - sí, claro- le respondí, no tenía tiempo para preguntarle por qué, tal vez quería que todo el pueblo se enterará que estaba de regreso, vaya que presumido me salió él Don, pensé. La casa de los Leyva Arce, al igual que la mía se encontraba a las orillas del pueblo, la diferencia, es que para llegar a la mía uno cruza, parcelas y campos sembrados de maíz o frijol y para llegar a la de Cris uno se adentra a una carretera, rodeada por árboles gigantescos, es lo más parecido una selva, la copas de los árboles se entrelazan en las alturas, forman una bóveda de ramas y hojas, impidiéndole el paso a los rayos del sol y brindándoselo a la sombra, el sonido de agua correr en el río, amortigua la claustrofobia, que te llega a provocar aquella sutil obscuridad. A mitad de camino se encuentra una pequeña llanura medio escondida entre los árboles, todavía no era de noche, serian como las 5 de la tarde cuando pase por ahí, llamo mi atención ver una cabaña e ese lugar y hasta abrieron camino para llegar a ella, cosas que no estaban antes ¿quién vivirá hay?, tan distraída iba con las cosas que habían cambiado que no supe de dónde demonios salió una camioneta Suburban color gris con vidrios ahumados que se atravesó bloqueándome el paso, me hizo parar en seco, lo peor, atrás de mi estaban una Cheyenne negra, - ¿ Qué, pero cómo? – dije aterrorizada y sorprendida, ni siquiera me di cuenta de que me estaban siguiendo, cuatro hombres armados con rifles, que para lo que yo sabía de armas en ese entonces, en realidad no mucho, parecían ser cuernos de chivo, vestían pantalones camuflaje hados y chalecos antibalas, ¡Que pedo!, que hacían estos tipos en esos camionetones a la mitad de la nada, mejor dicho ¿ qué hacían esos camionetones del año en este lugar?, dándome el susto de mi vida claro, me aferre como gato al volante con las dos manos, hundí el pie en el freno y no deje de mirar al frente, uno de ,los hombres se acercó, intento abrir la puerta de mi lado, al darse cuenta que estaba con seguro, toco la ventanilla, mientras que los otros me rodearon y apuntaban con sus armas hacia mí, -¡Apágala¡- ordeno, no es cierto esto de ser una broma, trate de imaginar, estaba asustada, la sangre se me fue hasta los talones quería llorar, - ¡APAGALA¡ - esta vez gritó más fuerte, no lo pensé dos veces y la apague, por instinto abrí la puerta, ¿ Que estaba pensando cuando se me ocurrió bajarme?, no , no estaba pensando, aunque la verdad no tenía muchas opciones, me seguían apuntando, apenas asome la cara por detrás del puerta y aquel tipo panzón , güero , me grito, -¡¿Cómo te llamas?!- , -¿disculpa? - , fue todo lo que pude decir, el salvaje, cavernícola, baboso, aventó la puerta de la camioneta, me tomo por el brazo y de un jalón me estrello contra el cofre de mi camioneta, por poco y me fractura las costillas, solté un grito, - ¿Quién te mando, con quien vienes?, -Aaaah- , me queje, -¡Quítame las manos de encima, idiota… soy Dania… Dania Santos, imbécil!- le escupí en su cara mientras me sobaba el brazo, el sonido del claxon que provenía de la Suburban interrumpió mis insultos, me di cuenta que dentro de esta se encontraba otro hombre, uno de los vándalos esos se acercó, - Dania Santos- dijo el mocoso, vaya … el tipo de la camioneta pregunto mi nombre, el vandalillo, flacucho, era un chavito como de 16 años apenas y podía con el rifle, les ordeno que me dejaran pasar, - ¿ Nos vamos? – Pregunto el güero, el flacuchillo asintió, - ¡Vámonos… a la chingada ¡- grito, me echo una mirada envenenada, me quede hay con la cara larga por el susto, mirando cómo se subían a las camionetas; la suburban retrocedió para abrirme paso, me costó tiempo reaccionar, no me entendía  lo que estaba pasando, estaba a punto de reírme a carcajadas, llorar, gritar y decirle a esos animales hasta de lo que se iban a morir, - ¡Cobardes!- grite sí que estaba loca, lo más lógico era que saliera corriendo, - Bola de idiotas, los voy a hacer tragar polvo – ninguno se bajó, por suerte, seguían esperando a que me moviera, el miedo se convirtió en enojo, estaba furiosa, subí a la camioneta Salí quemando llanta , pensé en denunciarlo, le pediría a Cris que me llevara a Cosalá, pero tal vez eran policías, se vestían igual que ellos y portaban armas, como sea, de todos modos levantaría la denuncia, los mugrosos me agredieron. Me estacione frente a la casa de Cris, ¡Wow!, que casa, esta sí que la cambiaron por otra, parecía residencia, hasta antena de Sky tenía, yo también lo voy a conectar, pensé, la casa estaba rodeada por un cerco de madera, tenía un estilo rustico pero elegante igual que tres cabañas que se encontraban al fondo entre los árboles, obviamente eran más pequeñas que la casa, esta tenía dos ventanas enormes al frente, la puerta principal que parecía ser de coba se encontraba en medio de las ventanas, en el techo tenia teja, aparte de eso, lo que alcance a ver fue el jardín, estaba hermoso tenia caminitos empedrados, pasto y rosales de varios colores, esta casa siempre estuvo rodeada por árboles aun que no era tan grande ni moderna como ahora, ni tenia esas cabañas ni mucho menos la enorme cochera, de seguro cabían como siete carros juntos en ella. Al bajar de la camioneta me di cuenta que estaba temblando, respire hondo y camine hacia el cerco, las manos me sudaban, el corazón me latía como tambor, sentía que el estómago me saltaba con cada latido, mire a suelo en busca de una piedra para tocar; un muchacho como de unos 22 años salió de una de las cabañas, -¿Esta Cris… Cristiano?- corregí de inmediato, - Aa, no, no está -, respondió tranquilo, no me parecía sorprendido de verme, me dio la impresión que hasta estaba esperándome, -¿ Se va a tardar? -, - pues, si - , respondió con un gesto de culpa, ya no supe que más decir, ahora ¿Qué iba a hacer?, no me pensaba regresar sola, de echo jamás volvería a andar sola por ese lugar con esos brutos sueltos por ahí, tampoco podía esperar a Cris, -¿ Quieres que le alguna razón?- ofreció amablemente el joven, -¿ Sabes manejar? – mi pregunta lo tomo por sorpresa, - si - , respondió, ha de ver pensado que estaba loca, bueno después de aquel susto, quien no quedaría trastornado, - ¿Cómo te llamas? -, - Tulio-,-Hola Tulio,¿ me puedes hacer un favor?- ,sonrió - Haber dime-, - llévame a mi casa, por favor, no me siento bien como para manejar, vivo en las parcelas santos, te pago… si quieres… de verdad-, soltó una carcajada, - espérame tantito voy por la camioneta -, ¿ camioneta?, pensé, pero si hay estaba la mía, en realidad era buena idea, por si a esos abusivos se les antojaba volver a molestarme, - ok gracias - , pasaron como cinco minutos cuando salió con unas llaves en la mano, él era alto muy delgado, facciones afiladas , usaba el cabello rapado, vestía igual que los muchachos de por ahí, pantalón de mezclilla ,camisa a cuadros, huaraches cruzados, mismos que cambio por unos tenis y se puso una gorra con las iniciales NY por un lado. Abrió uno de, los portones de la cochera y saco una camioneta Sierra doble cabina 4x4 color rojo quemado, ¡ por dios!, sí que el frijol y el maíz dejan, si me quedo aquí hasta jet privado me vengo comprando, pensé, - súbete- amablemente me dijo Tulio, despertándome de mis millonarias fantasías, me subí en ese lujoso medio de transporte, - ¿ Eres de aquí?- le pregunte poco después de que echó a andar la camioneta, para hacer platica, no domino muy bien los silencios incómodos. – No, tengo dos años trabajando aquí, soy de Angostura-, - Aaa, ¿trabajas con Cristiano?-, - Si - , dijo sonriente, - es mi jefe- agrego con orgullo, - ¿ y es buen jefe?-, soltó una carcajada, - pues como todos-, me reí, - ¿ y tú como te llamas?- , - Dania Santos, soy  amiga y vecina de tu jefe, hace mucho tiempo que no lo veo, ya ni se ha de acordar de mi- me costó trabajo pero sonreí, - no creas, tiene buena memoria- , lo que dijo me alegro, guardamos silencio un rato , al pasar por la cabaña él toco el claxon. – Es la oficina- dijo sin que yo le preguntara, - ¿Conoces a los que están en ese lugar?, porque cuando iba a casa de Cris unos idiotas me taparon el paso y un viejo panzón me jaloneo- comencé a hablar y manotear, me miraba a asustado, - si esos tipos están ahí… no es más llévame hasta Cosalá los voy a denunciar, le iba a pedir a Cris que lo hiciera. Pero qué más da quien me lleve- me cruce de brazos y me hundí en el asiento, - No, no, no- se apresuró a decir, - Mejor espera al Cris, yo le voy a decir que vaya mañana temprano, tu no digas nada platica con el primero, de todas formas el ya arreglo eso, te vas a poder mover sin problemas-, ¿Qué tenía que ver cris con esos salvajes?, hay no, - ¿trabajan para él?- pregunte a pesar de que ya sabía la respuesta, - Son vigilantes a ellos les pagan para que cuiden los caminos, no han de ver conocido tu camioneta por eso te detuvieron, es que no entran camionetas desconocidas por acá -, explico, bueno con esa casa y esas camionetas yo también tendría vigilantes, pero él sí que estaba exagerando con esas bestias, de igual manera Cris me debía una explicación por lo menos. Ya no dije nada hasta que llegamos a mi casa y fue solo para darle las gracias, entre y me recosté en el sillón de la sala ya era de noche, mañana temprano voy a hablarle a Rafael, después voy con Aurelio al campo, tengo que arreglar eso ya, pensé, - Hay no- dije cubriéndome la cara, recordé que tenía que ir a Ombligo para poder hablar por teléfono, en la casa no había señal, y para poder ir al pueblo necesitaba mi camioneta, si , esa que deje en casa de cris, tendría que pedirle a alguien que me llevara. El olor a carne asada hizo chillar mis tripas, me levante de un salto y fui a la cocina, - Ahorita te llevo la cena al comedor-, me dijo Ofelia al verme entrar, - No Ofe, voy a cenar aquí con ustedes-, yo sola en un comedor para ocho personas ni pensarlo, -¿Encontraste al muchacho?, - No, creo que salió- le respondí a Aurelio, - ¿y tú camioneta?-, - Se calentó y la tuve que dejar… un muchacho muy amable me trajo -, explique, - si vi la camioneta, yo pensé que el Cristiano te había traído-, en eso entro Giovanny, se quedó mirándome, parecía que iba a decirme algo pero no lo hizo tal vez porque estaban sus papás ahí, así que le pedí que me llevara al pueblo al día siguiente, a ver si se animaba a hablar de su jefe. Me levante de la mesa, di las gracias a Ofe por la cena y me fui adormir, considere la idea deber televisión, la deseche de inmediato, ver televisión no era lo que necesitaba, lo que tenía que hace era ver la realidad tal y como estaba y aceptarla, ese era el problema daba por hecho cosas de las que ni siquiera estaba segura, en su momento Cris y yo fuimos los mejores amigos, inseparables casi desde que nos conocimos, pero habían pasado ocho años, él había cambiado igual que su casa, el pueblo y todo lo demás y tenía que aceptarlo. Lo más lógico era que no dejara de pensar en Julio ¡POR DIOS!, había estado a punto de casarme con él, la verdad pensaba más en Cristiano Leyva que en mi futuro ex esposo y eso que todavía ni lo miraba. Al día siguiente después de desayunar acompañe a Aurelio a los campos me explico algunas cosas, le propuse contratar más personas para sembrar las hectáreas, - está bien muchacha, pero tú te vas a ir en unos días y eso no se hace en tampoco tiempo- , - bueno vamos a ver que alcanzamos a hacer en estos días, además creo que no hay problema si me quedo un par de semanas más- explique, me entusiasmaba mucho hacerme cargo de todo por lo que mi papá había trabajado y seguir sus pasos, hasta a Aurelio lo contagie; seguimos recorriendo los campos, hicimos una lista de lo que se necesitaba, mas manguera, rociadores, fertilizante y ese tipo de cosas, en eso estábamos cuando llego Giovanny por mí para llevarme al pueblo. -¿Quieres que entremos?- pregunto Giovanny, - no- respondí, - párate donde pueda tener señal, quiero regresar pronto para ir por mi camioneta, mejor dicho para que me lleves por mi camioneta - , sonreí, el soltó una carcajada, - ¿por qué esa risa?- pregunte, era tan serio que llegue a pensar que no sabía sonreír, - no más te sigo la cura, tú te reíste primero- ahora yo me carcajee. Se estaciono aun lado del camino en la entrada al pueblo, se alcanzaba a ver como dos casas desde ahí nada más, bajamos de la camioneta era una Ford lobo color gris no era nueva era como año 2002 más o menos, me aleje un poco para marcarle a Rafael, tres veces marque su número y no me contesto, tuve, que dejarle un mensaje de voz,- hay Rafis, ¿dónde demonios te metes eh?, oye estoy bien … arreglando unos asuntos de la hacienda, ya sabes mi sueño dorado ,dile a mi mamá que estoy bien , yo les marco luego y a Julio que no pierda su tiempo y no me busque ok, I love you Honey bye bye… vámonos Giovanny -, me miro con cara de asombro igual y pensó que me tardaría más.
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