Verdades en una Habitación Blanca El hospital era un universo de blanco estéril y pitidos rítmicos que marcaban el paso de un tiempo agónico. Lionel odiaba los hospitales. Le traían el eco de otra pérdida, de otra mujer desvaneciéndose tras una puerta que él no podía cruzar. El recuerdo de su propia desgracia. De años de amargura y culpabilidad. Ahora estaba de nuevo en ese limbo, deambulando por un pasillo impersonal, con el olor a antiséptico llenándole los pulmones y el corazón encogido en un nudo de miedo. Helga estaba sentada en una de las incómodas sillas de plástico, tan inmóvil como una estatua. Había respondido a las preguntas de la policía con una calma glacial y ahora esperaba, su deber autoimpuesto de protectora aún no había terminado. Habían pasado tres horas. Tre

