La Trampa de la Ambición El penthouse de Santiago era un monumento al exceso y a la traición. Muebles de diseño italiano, obras de arte de dudoso gusto pero de innegable valor, y un ventanal que se abría sobre el manto de luces de la ciudad, todo comprado con el dinero que había sifonado de las cuentas de la empresa de Lionel Márquez. Claudia entró en el penthouse sin llamar, usando la llave que Santiago le había dado en tiempos más… colaborativos. Su corazón latía con una mezcla de triunfo y adrenalina. Todo había salido a la perfección. El peón había cumplido su cometido. Emilia estaba muerta. Al menos eso era lo que creía. —¡Santiago! —llamó, su voz resonó en el mármol del vestíbulo—. ¿Dónde diablos estás? Traigo champán para celebrar. Santiago apareció desde el pasillo que

