La Melodía de la Vida La primera nota de la nueva sinfonía de Lionel no fue una risa, sino un llanto. Fuerte, exigente y el sonido más milagroso que jamás había escuchado. Recordaba la noche del nacimiento de su hijo Mateo como un borrón de pánico y éxtasis. La serenidad de Emilia, incluso entre las olas de dolor, era su ancla. Él, que había pasado tantos años en hospitales sintiéndose roto, ahora caminaba por sus pasillos sintiéndose más completo que nunca. Sostuvo la mano de Emilia, le susurró palabras de amor al oído y contuvo la respiración con ella en cada contracción, sintiéndose a la vez inútil y fundamental. Cuando el médico finalmente anunció — ¡Es un niño! — el mundo de Lionel se detuvo y reinició en el mismo instante. Y entonces lo escuchó: ese primer llanto furioso q

