El Lienzo del Mañana Una semana después, el aire en la habitación del hospital había cambiado por completo. Ya no olía a antiséptico y a miedo, sino a las flores frescas que Lionel traía cada mañana y a la esperanza palpable de un nuevo comienzo. Emilia estaba sentada en un sillón junto a la ventana, vestida con ropa de calle por primera vez desde el ataque. La luz del sol acariciaba su rostro, resaltando el color que había vuelto a sus mejillas. Aunque todavía se movía con cuidado, la fragilidad había sido reemplazada por una fuerza serena. Laura estaba con ella, doblando las últimas prendas en una maleta. Habían pasado la mañana hablando, no del horror, sino del futuro. De nombres para el bebé, de los colores para la habitación, de la vida que se abría paso con una terquedad marav

