Capítulo 4

5405 Words
Sus ojos grandes y expectantes no tardaron en ponerse serios, ¿nervioso? No, eso sería muy extraño de ver en Jesse Darcy, pero en realidad quiere entrar. Abrí más de un par de veces la boca para responder, sin embargo nada se desprendió de mis labios, hasta que él interrumpió el silencio: —Tienes que saber que si no aceptas mi petición de entrar tu casa sería algo catastrófico, y tal vez la primera vez que me rechazan —Jesse respiró al momento de decirlo, completamente mortificado, obviamente hablando con hipérbole. —Así que piensa un poco en mi autoestima. — ¿Es una amenaza? —Alcé una ceja y me crucé en brazos alejando un poco el gélido viento de la noche. Él, contrario a mí, no parece tener frio en lo más mínimo a pesar de que ni siquiera usa chaqueta. —Advertencia. —Susurró diabólicamente con una sonrisilla de aquellas en sus labios pequeños —Aunque sé que dirás que sí. — ¿Así que te sientes muy seguro? —Inquirí con una sonrisa, negué con la cabeza lentamente. —No, de ti no. —Admitió finalmente. —Sí de mí, en cambio. — ¿Qué con Nick? —Insistí. Él me miró con cansancio. El hecho de que no quisiera abordar el tema era lo que más me hacía sentir intrigada. —Nick está donde debe de estar. —Susurró en un tono de voz gélido, y desvió su mirada de la mía. —Lejos. — ¿Qué hiciste? —Pregunté, mi voz falló, cosa que provocó el sacar a flote mi miedo por él, por Jesse Darcy, ¿Qué podría haberle hecho? —Tuvimos una pelea. —Confesó finalmente con naturalidad. —Le pedí que tomara distancia y ha aceptado. —Murmuró más lentamente de lo normal. — ¿Cómo lograste persuadirlo? Tengo entendido que es fuerte.... —Sin mencionar que de hecho, trabaja para la policía estatal. —Hay una línea muy, pero muy delgada entre fuerza y agilidad. ¿Me dejas pasar? —Noté que quiso evitar el tema, pues habló rápido y golpeó su pie con el suelo repetidas veces. —Mi familia no es del todo... convencional. —admití yo esta vez. —Así que entras a mi casa bajo tu propio riesgo. —Tomé su mano fuertemente sintiéndola cálida al tacto y él se soltó. Me giré para mirarlo; Darcy vio la mano que hace un momento tomé, detenidamente. De pronto noté una genuina frialdad en sus ojos que antes era inexistente. —No siempre los riesgos son buenos Emma. —Alzó una ceja, aun con ése rostro sin emociones. —Así que… espero que tengas una buena cena. — ¿No entras? —Mi voz falló por un milisegundo. Me reincorporé y sonreí suavemente sosteniendo el peso de mi cuerpo en un pie esperando respuesta, intentando comprender todas sus maneras extrañas de ser. —No hoy, bonita. —Murmuró como lo más común del mundo, volvió sus grandes ojos verdes a mí. —Por supuesto espero que entiendas, la cuestión es que voy salir de la ciudad... Asuntos familiares. —Hace un momento no tenías nada mejor que hacer que convencerme a dejarte entrar. —Me puse honesta frunciendo el ceño. — ¡Pero recordé que tengo algo mejor que hacer Emma! ¡Dios! Sólo… Déjalo. —Murmuró y se giró sobre sus talones, con sus manos largas sobre su cabeza, totalmente perdiéndola. El enojo y la decepción se filtraron en toda mi persona, y por fin conocí al Jesse Darcy que todos conocen. El Jesse Darcy que yo no conocía. Uno frío que puede cambiar a un giro de ciento ochenta grados en un segundo si es lo que le place. —No, Bueno... —Se apresuró y dio un paso más cerca de mí, exhaló con brusquedad cuando yo retrocedí —Lo siento Emma, jamás sería mi intención comportarme maleducado contigo. Qué idiota. —Susurró suave y bajito, riéndose de sí mismo. —Tengo que salir de la ciudad a visitar a una tía, ella está muy enferma, ¿Correcto? Lo había olvidado por completo. —Sí... —Susurré y asentí con la cabeza sin mirarlo aún, no sé porque no quiero verlo, es tan diferente la manera en la que me puede hacer sentir en un segundo, miedo, anhelo, odio, todo como si lo hubiera conocido en cientos de vidas anteriores. — ¿Vas a estar bien? —Jesse acarició mi mejilla con sus dedos, y quise alejar su mano de mí, esto es tan estúpido, simplemente está ocupado, no puedo sentirme mal cada vez que decida irse por la razón que tenga. Yo no soy así. —Lo dices como si tú tuvieras algo que ver con mi humor. —Murmuré alejando su mano, por fin. Él se me quedó viendo con los ojos entrecerrados, no sintiéndose seguro de mi postura hacia su partida. —Entonces te dejo. Nos vemos en el instituto, intenta tener cuidado ¿Sí? Ya sabes, con locos desconocidos que toman tu brazo con fuerza, sin ser especifico, por supuesto —Murmuró sarcástico, intentando bromear al respecto. —Lo tendré —Sonreí —Solos si tú lo tienes. —Estaré bien si estoy seguro de que tú también lo estarás. —Parece el cuento de nunca acabar, me di media vuelta y comencé a caminar a casa. — ¿No vas a despedirte? —Preguntó en un timbre herido. —Adiós, Darcy. —Hablé sin girarme y solo agitando mi mano en un gesto de despedida. Escuché su auto alejarse haciéndome estremecer un poco más. No debería sentirse así, no cuando no lo conozco, lo que es más, debería dejar ir un tema que he decidido mandar a la lista de cosas irrelevantes. Saqué la llave de por debajo de la roca amarilla junto a una de las masetas de rosas a los costados. — ¡Emma! —Escuché esa, ya sumamente conocida, chillona voz desde adentro de la casa. Cerré los ojos con fuerza con una sonrisa. —Andy Expulsé su nombre como si con eso pudiese evitar el momento; ella se adelantó a abrir la puerta y puso sus brazos alrededor de mi cintura. Su cabello ha crecido y está casi de mi estatura. Ella es como mamá físicamente, castaña, morena y con ojos claros, con el pequeño, gran detalle de que comparte la nariz que papá le heredó, mamá sigue enojada con él por ello. Muy linda, por supuesto. — ¡Apuesto la mesada que jamás me dan a que no me extrañaste!—Se burló escandalosamente asfixiando mis órganos, sacándome los ojos. —También creció tu masa muscular, ¿Ah? —Dije entre dientes, y Andrea me soltó por fin. Suspiré aire fresco, y mamá interrumpió mi momento de paz: —Dijimos que temprano Emma. —Me reprendió. Tiene los puños a sus costados y un mandil de cocina, Ay sí, ella ni siquiera disfruta de cocinar, papá es el que siempre nos ha mantenido alimentadas. Sólo lo hace porque recién llegó Andy. —Tuve un pequeño percance —Primero me desmayé y luego Darcy se puso de bipolar. Simplemente eso. —Bien, luego me cuentas —Susurró en mi oído, por alguna razón, sea que yo me comporte como la persona más comunicativa o sea una tumba, mamá siempre sabe si algo está sucediendo —Parece que nadie me esperó. —Me burlé viendo a toda la familia comer en la mesa. — ¿Por qué tan tarde? ¿Algún imbécil quiere entrar en tus bragas? —Se quejó masticando —Le partiré el rostro a cualquiera Lo interrumpí. — ¿Yo no puedo usar la palabra trasero en la mesa, pero él sí puede hablar de mis bragas? —rodé los ojos mientras me quité la chaqueta que usaba, dentro de casa siempre hace calor asfixiante, al parecer papá es un tanto, muy, friolento. —Pero ¿Qué digo? Tu no sales de casa ni aunque te paguen. —Adam se encogió en hombros, y abrí la boca de par a par. Por supuesto que sí salgo, de vez en cuando, naturalmente... — ¡Adam! —Lo regañé, pero él rompió en carcajadas e inclinó su rostro al cielo burlándose de mí, con la boca llena de comida, asqueroso. —No sé qué es más difícil, que alguien salga contigo, o que de hecho tú decidas salir. —Lo peor de la situación fue que nadie protesto al respecto, es decir, concordaron con él. Decidí ir a mi habitación, como mejor decisión que tener que conversar con ellos. Me recosté. Ellos están equivocados, por supuesto que tengo una vida social, a veces menos que siempre... A veces más de lo que acostumbro, pero más bien basa su experiencia con mi hermana, supongo que duele más pensar en ella de este modo, como en pasado, como en la Sofía que era. Me he olvidado lentamente de sus ojos. Ni siquiera el ruido de la televisión pudo distraer mis pensamientos de Sofía, con su personalidad fuerte, con sus ojos delineados, con su sonrisa ancha, y más que nada en su ceño fruncido. Nunca entendí su forma agresiva de verme, de ver al mundo, pero jamás intenté entenderla tampoco. Mi celular sonó y al mirar la pantalla, leí el nombre de mi mejor amiga. No quise responder por un momento, pero pensé en que era buena idea salir un poco de mi mundo cerrado. —Hola Alisa —Respondí mientras me acosté bocabajo apoyando mi rostro en mi mano. — Sé que dirás que no... Pero en realidad me gustaría que me acompañaras a una fiesta —Sonreí sabiendo mi futura respuesta. — ¡Antes de que digas algo, Evan estará ahí! — ¿Evan? ¿Quién es Evan? —Cuestioné confundida levantándome, y apoyando mi espalda sobre la pared pegada a mi cama. —No lo sé… —La sentí nerviosa. —El otro día se me acercó, y me dijo "Oye, ¿Conoces a Emma? —Alisa imitó una voz masculina —Y yo le dije "Si, es de hecho mí mejor amiga" Y el caso es que me invitó a una fiesta, y bueno como tú nunca de los nuncas decides salir... –Todo lo dijo de una forma que me supo apresurada y sospechosa. — ¿Por lo menos sabes si es seguro ir? Es decir... es un completo desconocido. —Y eso es lo que es. Por alguna razón no puedo recordar si conozco a algún Evan... Y de ser así, que no lo conozca, sería extraño que él a mí sí. — ¡Toda la preparatoria habla de esa fiesta Emma! ¡Por Dios! Bueno, tú siempre estás medio desconectada. Pero Evan en realidad sí que tiene personalidad a pesar de esa extraña apariencia que se carga —Casi pude sentir como me guiñó el ojo desde el otro lado del teléfono. —Antes no era así. Extraño. —Murmuró más bajito. — ¿Dices que me conoce? ¿Cómo es? —Me acosté bocarriba mirando las imágenes de mis amigos en el techo. Esas son fotos que yo les tomé, yo misma las imprimí y pegué. Llevo días notando la ausencia de varias de ellas, además de que hay más de dos rasgadas. —Es... rubio... Ojos de negros... ¡muy blanco! —Y de pronto se me encendió el foco, y recordé a Evan. Oh mierda. Evan el tipo friki que se sentó detrás de mí el otro día. —Oh no, Alisa. Ese tipo no es normal —Ella se burló molestamente, por supuesto que está de acuerdo conmigo. — ¡Es Evan Salvador! —Entrecerré los ojos. ¿Y eso que tiene? —Alisa. Hasta hace una semana tu no tenías idea de quién es Evan Salvador. —Ella se quedó en un silencio extraño. Finalmente, luego de escuchar su respiración, ella respondió: —Sí, sí, pero indagué un poco. Y resulta que él está muy dotado —Me reí en voz alta sin poder evitarlo. — ¡Alisa, por Dios santo! —Chillé, ella jamás pierde su tiempo. —Ibas a investigar su persona no su dotación. — ¿Qué quieres? ¡Es lo que dicen! Además de que es increíblemente inteligente. — ¿Y eso que tiene de relevante? —Ella suspiró y continuó —Y a todo el mundo le agrada. —Alcé una ceja, ¿Está hablando del mismo Evan al que conocí? Ese Evan con el que hablé se trata de un muchacho sumamente extraño, inteligente quizá, pero… ¿Amado por todo el mundo? Lo dudo, ¿Dotado? No sabría decir. —A mí no me pareció agradable —Murmuré pensándolo. Hay algo en él más allá de lo que puedo decir, así que mejor lo describí con una palabra —Más bien muy callado. — ¿Callado? ¡Evan! No paramos de hablar ni un momento durante toda la clase de idiomas. Anda, ven conmigo a esa fiesta Emma. Él me pidió que fueras. Sería penoso que fuera yo sin ti, dado que básicamente me invitó para que tú asistieras. —Fruncí el ceño, ¿Y cuál es su necesidad? —Pero Alisa... Te conozco, me dejarás sola a la primera oportunidad. —Afirmé cuan anciana en su mecedora. —Además hoy llegué tarde a casa. —Tragué saliva al recordar todo lo sucedido con Jesse Darcy. Continué: —No sé si tendré permiso. —Por favor... —Suplicó, cosa que es extraña en Alisa. Muy bien, sería bueno darle de una buena vez una lección a mi hermano. —Pasa por mí las nueve treinta —Colgué el teléfono, lo dije con una certeza de aquellas, ni siquiera sé si me darán permiso, pero a estas alturas estaría de más que no lo hicieran. Suspiré. Yo y mis momentos impulsivos. Un rato después, luego de vestirme y arreglarme como Dios manda, con la frente en alto y el orgullo pisando mis talones bajé las escaleras con espalda recta y llegué al comedor, donde todos hablaban y comían de manera lenta, todo eso hasta que me vieron con mi ensanchada sonrisa Uno a uno, desde mamá, papá y Adam, hasta Andy, me miraron atentos como esperando a que hable. Muy bien, puedo hacer eso sin que mis rodillas flaqueen por estos miserables tacones, es decir, ¡Al público lo que se pida! —Iré a una fiesta esta noche. —Adam tiró el tenedor haciéndolo sonar con su plato dramáticamente. Todos se quedaron en silencio. — ¿Y con el permiso de quién? —Preguntó papá observándome con seriedad, no pude evitar notar que mamá tomó de la mano a papá sobre la mesa sin dejar de verme a mí. Él reaccionó y suspiró. No entendí bien, pero supongo que después de lo que me pasó, es algo así como un milagro que quiera salir. —Muy bien. —Dijo mi mamá y papá me vio con una sonrisa graciosa. — ¿Irás en el auto de Alisa? Yo no puedo recogerte. —Sí, en el auto de Alisa. –Sonreí de nuevo. Mamá me miró con ese rostro de ni creas que irás, pero finalmente se encogió en hombros. —Supongo que necesitas salir. –Murmuró. —Tienes nuestros número de emergencia, y no olvides el gas pimienta, sé que no lo has llevado a la escuela y no te lo compré de adorno, señorita. —Muy bien. —Asentí con la cabeza. Entiendo que están asustados, pero siempre olvido ese notorio artefacto. Alcé mis hombros un poco más y me limité a dar media vuelta y a irme. Solté el aire una vez fuera de casa. Ya fuera de casa, me tropecé con mis propios pies, en defensa de mi torpeza: los tacones son como dos alfileres deteniendo un par de barras de mantequilla, de modo que caí de rodillas sobre el asfalto, y no me da vergüenza admitirlo. Con toda dignidad me levanté como si no hubiese sucedido, ignorando como chorreó sangre de una de mis piernas. Segundos más tarde, llegó Alisa en su pequeño y viejo auto, y subí. —No puedo creer que hayas accedido a ir. —Al entrar me encontré con la sorpresa de que Alisa puede lucir aún mejor de lo que siempre luce. Me crucé en brazos ante sus palabras. —Yo tampoco. —Sonreí lentamente cuando Alisa subió el volumen de la música en su viejo radio. Noté la sencillez con la que movió sus dedos sobre el dispositivo a pesar de llevar unas largas uñas rojas y postizas. El trayecto fue de risas, planes y música alta, hasta en un momento semáforo me pareció ver una cara conocida, a lo que Alisa respondió cantándole fuerte al muchacho; Al llegar, lo primero que vi fue la casa, es muy grade. Dos pisos color hueso, es esa clase de residencia que ves en revistas, con un gran jardín al frente. Lo juro, en ese jardín puede caber una casa promedio. —Recuerda, si te preguntan, eres amiga de Evan. —Ali me miró a los ojos. Ella usa un hermoso vestido esmeralda, y mucho maquillaje que remarca de forma dramática sus tiernas facciones. Mi amiga se estacionó al frente de la casa. Me quedé extrañada, según yo, aquí no puede estacionarse. — ¿Qué esperas? —Me señaló la puerta con su mano. Fruncí el ceño. —Uh, a ti. —Dije como si fuera la cosa más obvia del mundo. —No. –Respondió firme. —Tengo que buscar estacionamiento. ¿No ves que estamos repletas de autos? –Se rió de mí. —Estás loca si piensas que bajaré de este auto sin ti. —Negué con la cabeza una y otra y otra vez, con los ojos entrecerrados de Alisa. —Si no lo haces sonaré el claxon. Lo juro. Todos miraran. Es decir, todos. —Ella cercó su mano al volante. Sé perfectamente sobre la falta de escrúpulos de Alisa, y prefiero no arriesgarme. — ¡Bien, bien! –Cedí a regañadientes. — ¡Qué buena amiga tengo! —Me salí del auto negando aun con la cabeza, sin poder concebir lo que está haciéndome. Siempre es lo mismo, como dije. Sudé frio cuando al salir casi caí de nuevo. — ¡Te veo adentro! —Apenas la escuché cuando el auto viejo se alejó. Me abracé a mí misma y me quedé parada esperando... ¿Qué espero? ¿Ahora qué hago? Conozco a estas personas, podría hablar con una de ellas. Todos lucen tan diferentes sin ese horrible uniforme, pero pese a eso no puedo sólo ignorar el ardor de mis rodillas por mis dos caídas cien por ciento justificadas. Respiré hondo y caminé en pasos cortos y lentos a la entrada de la casa. Hay un mar de personas por aquí, de un lado a otro, unos bebiendo, otros jugando curiosos entretenimientos, (es decir, quitándole la inocencia a ciertos juegos en los que participé en mi infancia). Fui a la cocina, una vez que me relaje por encontrarme con algunos amigos que se alegraron bastante de verme en aquella fiesta, ahí también estaba repleto de personas. Lo que más deseé en ese momento, un delicioso y frio vaso de agua. Tuve una sensación de ardor aguda en mis rodillas cuando sentí como alguien derramó su bebida en ellas. — ¡Qué demonios! —Grité, contemplando con dolor ahí. — ¿¡Que te sucede!? —Tienes que desinfectar eso. —Dejé de mirar a mis rodillas cuando visualicé a Evan, quien me miró seriamente. —Siempre metida en problemas Emma. —Dijo negando con la cabeza, y no lo dijo en broma. Luce serio, pero siempre se le ve de ese modo, por lo que no fue ninguna sorpresa. Lo que sí me extrañó fue observarlo mirar a su teléfono con nervios en cada ocasión continua en la que su celular vibró. —Hola, yo también estoy bien. —Dije mientras tome una servilleta y sequé las rodillas frías. —Hace una noche hermosa, ¿No? –Evan miró su celular, luego de un lado a otro. Finalmente a mí. —Vamos al baño. Arreglemos esto. —Tomó mi mano y me solté rápidamente, éste se volvió a mirarme frunciendo el ceño aun apacible. — ¿Qué es lo que te sucede? —Me reí nerviosa. Este tipo es escalofriante. Él miró a un lado para no verme a mí, y volvió sus ojos a mis rodillas. —Se infectará. —Señaló, exagerando abiertamente. — ¿Quieres que se infecte? —Preguntó. —Todos los baños están ocupados —Me encogí en hombros, bueno, por lo menos es cierto, y aunque no lo fuera, diría que es así. —Entonces muere desangrada —El rubio me miró furioso y se fue. Me quedé viendo al lugar por el que desapareció. ¿Pero qué demo...? ¿Qué demonios fue eso? Como dije: Psicópata. Siniestro Friki Nunca en mi vida saldría con él. Caminé lentamente buscando por lo menos una silla en la cual pueda sentarme, pero este lugar está repleto. Tuve que merodear como loca por toda la casa buscando o una silla o a Alisa para asesinarla por dejarme sola, pero tardé por lo menos veinte minutos pareciendo un bicho ahí. Fue como si una luz proveniente del cielo alumbrara una vieja silla de madera, aparentemente cómoda, y supe en ese instante que en una fiesta como aquella, cada segundo era crucial para que nadie me robase la última maldita silla del universo. Así que sí. Con tacones de aguja, en un jardín lleno de pasto, y gente alrededor tomé el riesgo de correr por la última silla del universo. A eso le llamo valentía, y no tenerle miedo a la muerte. Cuando sentí que mi suerte comenzaba a cambiar, y pude sentir mis dedos hormiguear al casi sentir la silla de madera en mis manos, mi sueño se vio interrumpido. —Lo siento campeona, esta silla es mía... —Él mismo se interrumpió cuando me vio. Es Jesse Darcy. Pero claro que es él. ¿Por qué me sorprende? —Emma...Yo... —De pronto luce desconcertado y aproveché para interrumpirlo. —Confío en que tu viaje haya ido bien. —Sonreí lentamente y me alejé del lugar lo más rápido que pude. Salí al patio trasero, el alcohol en mis rodillas solo hizo que ardieran más. Y de pronto, me siento una completa desconocida. Alisa no está por ningún lado. Evidentemente Jesse buscó un pretexto para sólo irse, pero ¿Por qué insistió tanto entonces si no era su deseo entrar? ¿Por qué mentir? No me hubiera importado si me hubiese explicado que tenía una fiesta, pero ¿Por qué mentir? Siempre odie eso, que la gente me ocultase cosas. Caminé a la cocina sintiendo dolor de cabeza y mis pies quemándose por los tacones, me paré frente a la mesa en medio de la cocina y apoyé mis palmas, ahí mismo, esperando reaccionar de alguna manera, y no sentirme mal. No voy a permitírmelo. Suspiré pensando en que la próxima fiesta tendrá que ir mejor, ya que no veo como podría empeorar, eso me relajó. Escuché una fría respiración detrás de mí y es como si yo misma tuviera un sensor que me indicara que es él —Aquí estás. —Dijo — ¿Por qué no me dijiste que vendrías? —Su aliento huele a alcohol y sus ojos están tintados de un rojizo pálido. Obviamente ya ha tomado. Viste una camisa color vino, pantalón de vestir n***o y zapatos del mismo color, lustrosos. Su cabello está ligeramente alborotado y huele a colonia con alcohol. —Mmm, no sé. Creí que sería poco relevante decírtelo tomando en cuenta que obviamente estás en otra ciudad. –Sonreí. Él no lo hizo. — ¿A qué estamos jugando? — ¿Y tú? ¿No deberías estar con tu familia en no sé dónde? —Sonreí con cinismo. Oh, se siente bien decirle esto. Él frunció el ceño extrañado. —Cuando estés lista, te llevaré a casa. —Me dijo con toda calma. —Este lugar no me da confianza. —Dijo en voz baja, pero aun entre dientes. —Tu acosador podría estar aquí. —Si existe alguien más obsesionado o paranoico con mi acosador, ése sería Jesse Darcy. — ¿Y porque te importa? —Puse mis brazos sobre las caderas —Además tú no sabes nada de mí. ¿Qué tal que mí me encantan las fiestas? —Mentira. —Lo vi extrañada, no hay forma de que él sepa eso. Pronto continuó: — Nunca te he visto en una —Afirmó rápidamente. — ¿Cómo lo sabes si hasta hace una semana no me conocías? —Lo reté. Él abrió la boca para responder, pero se calló, así una y otra vez, hasta que finalmente habló: —No importa. —Jesse, aparentemente mortificado suspiró. —No debí mentirte, tienes razón. Cuando quieras irte yo podría llevarte. ¿Sí? Sólo no estés molesta. —Bueno, pero si él sí que es la bipolaridad andando. —Si alguien te molesta…Sólo me lo haces saber. —Aquello lo dijo bajo. —Estaré al pendiente…—Eso lo dijo aún más bajito. — ¡Conque aquí estas! —Gritó Alisa bebiendo de su vaso rojo. —Sí, aquí estoy. —Solté aire tembloroso cuando me di media vuelta pasando de Jesse por completo. Ella me extendió su bebida, y negué con la cabeza, ella me volvió a extender su vaso rojo. Olí el vaso, es puro alcohol, negué de nuevo riendo un poco. Decidí divertirme a pesar de Jesse Darcy y Evan; bailé de a ratos con Alisa, de a ratos con otros amigos que ni siquiera imaginé aquí, la verdad es que todo se tornó mejor en cuanto dejé de pensar en esos muchachos, enfocándome en mí misma. Alisa llegó más tarde con un vaso azul. Me limité a negar con la cabeza y seguir bailando la música electrónica que usualmente no escucho. — ¡Tiene dos segundos de vodka, nada más! —Gritó bailando. — ¡Lo demás es jugo de piña! —Sonreí, Tomé el vaso y olí el contenido, es muy poco el alcohol que tiene, y a decir verdad, de vez en cuando tomo un poco, así que no me sentí culpable al robarle el vaso y beber. Más de una hora después de engañosas bebidas que no aparentan tener mucho alcohol, ahí me tienen bebiendo un poco más, y un poco más, así es como llegué hasta ahora donde estoy bebiendo de un vaso que Alisa tenía brevemente. — ¡Eso es Emma! —Gritó una chica que no conozco. Sentí una horrible sensación de ponerme honesta. — ¿Y tú quién eres? —Arrastré un poco las palabras —Yo no soy Sofía... —Murmuré para mí misma y volví a beber. Esto sabe a puro jugo de arándanos, pero al parecer es más letal de lo que creí. Niños, no confíen en las bebidas deliciosas que casi no saben a alcohol. — ¡Emma! —Me giré mareada, sintiendo que todo me da vueltas, ¡asombroso!, es solo una amiga de primer grado, sonreí y la abracé siguiendo bailando. — ¡Así es como se hace! —Arrastré la palabra y alcé mis brazos al cielo, todos lo hicieron después de mí. Todos seguimos bailando un rato más. Bailé vívidamente con gente que no conozco, a pesar de que más de una vez escuché como ellos dijeron mi nombre, no me extraña que me conozcan, a decir verdad ha dejado de importarme hace horas. —Hola pequeña. —Escuché la voz de un castaño en mi oído. Con toda confianza como si fuese yo su novia, el chico de cabellera larga, tomó mi cintura. —Hazte a un lado, renacuajo ponzoñoso —Le dije. Él rió, y yo también. Muy bien, debo admitir que no fue mi mejor arma, pero tampoco estoy en mis treinta sentidos… ¿o cuantos sentidos tenemos? En fin, el punto es que fui lo más creativa que pude. —Estás muy borracha, ¿Ah? —Se burló él en voz baja, negué con la cabeza lentamente, ¿Que sí estoy borracha? No, en lo absoluto. Bueno sí. — ¿Y tú cómo te llamas? —Cuestioné fingiendo estar molesta, fruncí el ceño divertida cuando vi sus grandes ojos azules a través de la penumbra. —Es una verdadera pena que no me reconozcas, Emma. —Estoy segura de que él no está ebrio — ¿Sabes? Cada vez te pareces más a tu hermana —Fue como si hubiese encendido un interruptor en mi interior, sentí miedo, e inmediato me solté de su agarre ¿Qué dijo? ¿Habló de Sofía?.... Él tomó de nuevo mi cintura y me abracé de sus hombros. No sé porque lo hice. Pero estoy segura de que si no estuviese ebria ya habría golpeado su rostro. Por detrás del hombro miré a Jesse, una chica me señaló, y finalmente al verme noté que se acercaba. Dios, su rostro podría matarme, luce molesto y tiene una línea como labios. Sentí escalofríos en todo mi cuerpo. —Suéltame Eduardo, o Mariano, o ¿Cómo te llamas? Bueno, en serio tengo que irme —Susurré en su oído, y golpeando su pecho para poder correr y escapar de Jesse. —Un minuto más. —Sonrió sosteniéndome con más fuerza. Lo que yo no logré en 2 minutos, Darcy lo logró en 3 segundos. Se acercó a nosotros, principalmente al castaño. Me alejó y me puso detrás de él, poniendo su brazo en mi abdomen para que no escape. Inteligente elección, de no retenerme de esa forma suave pero firme, hubiera corrido por mi vida cayendo de vez en vez por esos malditos tacones. Puso su otra mano en el pecho del tipo y le dijo algo al oído que no pude escuchar por culpa de la música alta. Solo sé que el tipo que previamente me habló de Sofía sonrió con suficiencia y negó con la cabeza un par de veces. Es amenazador, pero no tanto como Darcy. Finalmente Don desconocido por voluntad propia desapareció entre la multitud. No es que lleve mucho tiempo conociendo a Jesse, pero creo que jamás lo había visto así de mal, así enojado. Sus venas sobresalen de su cuello, y sé que intentó seguir al muchacho, pero yo lo evité presionando su muñeca en mi mano, no sé ni siquiera por qué lo hice, fue como en automático. Jesse se giró a mirarme y suspiró como resignado, cerró los ojos un par de segundos y finalmente sonrió al verme. — ¿Estás bien? —Esta vez no pude escapar por culpa de que él se esmeró en no dejarme ir. —Oye... ¿Sabes qué quiero ahora mismo? —Sonreí y el me miró expectante. Noté como arrastré las palabras sin poder evitarlo —Darte tu merecido. Y también irme a mi casa —Gruñí. —Las dos cosas… No importa el orden. —Él sonrió y asintió un par de veces sin decirme nada. No tengo idea de en qué momento nos dirigimos al estacionamiento donde estaba su auto estacionado, al igual que no tengo idea de si le respondí o no a Alisa el mensaje que me había puesto para llevarme a casa, o el de mamá diciéndome que me esperarían hasta las once porque saldrían de la ciudad. — ¿Y eso que se supone que significa? —Pidió saber finalmente, en un tono de voz intrigado y hasta cierto modo molesto. — ¿De qué hablar? —Pregunté de vuelta. Él hizo una mueca, ¿Es vergüenza lo que noto en el rubor de sus mejillas? —Ya sabes… Mi merecido. —Me dejaste sola. Me dijiste que visitarías a tu abuela.... O Hermana... o tía ¡Que importa! ¡Tú mentiste! —Le reclamé — ¿Sabes lo mucho que odio las mentiras? —Ya lo sé…Sé que odias las malditas mentiras. —Susurró gélido. —No te mentí por gusto. —Pero ¿Por qué lo haces, Darcy? —Murmuré desconcertada y el me miró con un destello de desesperación en sus ojos, como si quisiera decirme mucho más de lo que me dice ya. — ¿Tomaste algo de un vaso? ¿O una pastilla? —Vamos, no soy tan estúpida. —Murmuré y el me llevó del brazo hasta la puerta del copiloto. — ¿Sabes cómo se llama esto? "Secuestro" —Dije la palabra burlonamente. —No te estoy secuestrando. —Murmuró y me ayudó a sentarme en el asiento. Me puso en cinturón y me crucé en brazos. En el fondo le agradecí hacerme el favor de llevarme aun con mi obvia personalidad alterna cuando bebo. —No quiero ir contigo a ningún lado... —Él apoyó su mano en mi rodilla y la otra sobre la línea de la puerta del auto, sentí un poco de ardor en la rodilla ante su tacto. No sé si por las mil caídas que ya tuve hoy, o porque es él quien lo hace. —No puedes ni siquiera caminar por tu propia cuenta. Lo siento, esta vez, y sólo esta vez no es opción el venir o no conmigo. —Susurró impasible. Frunció el ceño, y sus grandes y resplandecientes ojos me miraron a mí. Me provoca gracia su manera adulta de ser. —Acércate —Arrastre la palabra, Jesse Darcy no tardó ni un segundo en obedecerme como perro a dueño —Solo un poquito más ¿Quieres? — ¿Qué sucede Emma? —Susurró él muy, pero muy bajito, en su voz detecté que tembló. Sonreí por la ternura que sentí, ¿Está nervioso? —Quiero darte un beso... —Susurré a su oído. Lo juro, eso fue vomito verbal. Él me miro y respondió. (…) Abrí los ojos lentamente, ese repugnante dolor de cabeza con el que siempre he tenido problemas las pocas veces que me he puesto borracha, es decir, me he puesto de este modo, podría contar siete veces con esta. Prendí mi celular luego de ponerle el cargador correspondiente, y lo vi. "7 mensajes de voz" "11 llamadas perdidas" "1 mensaje" Abrí el mensaje primero que cualquier cosa, resolviendo que las once llamadas se resumen en Alisa, Adam y mamá y los mensajes de voz deben de ser de ellos mismos. Numero: desconocido Deberías usar más seguido ese lindo sostén rojo, bonita. Abrí los ojos de par a par y miré mi sostén. No quiero entrar en pánico, pero ¡Es rojo! El mal nacido sostén es color rojo. Con mis manos palpitando de miedo, tomé el teléfono del número desconocido y marqué a toda prisa. Esperé... ¿Y si es mi acosador? Esperé... ¿Y si es el friki? (Friki=Evan) Esperé… — ¿Hola? —Me quedé en silencio y petrificada. ¿Por qué Jesse Darcy Dios? ¿Por qué él de todos los hombres sobre la faz de la tierra? Me quedé callada, breves segundos. —Viste mi bra. —Susurré como una afirmación, sin siquiera la intención de preguntarle si lo hizo, degenerado infeliz. —Ah, eres tú. Creí que nunca llamarías. —Escuché su burlona voz detrás del teléfono y rechiné mis dientes sintiéndome violada. Lo que más me provoca coraje, es la idea de que él actúa como si nada hubiese sucedido. — ¿Qué sucedió? Dímelo Jesse, o te acusare de violación. —Murmuré al instante, él suspiró como si nada, y respondió: —En cualquiera de los casos...Tú me intentaste violar a mí. —Casi pude sentir su cínica sonrisa detrás del teléfono por lo que colgué.
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