Mi mano congelada sobre mi teléfono celular, mis ojos clavados en un punto que ignoré totalmente. Lo único que sé, es que estoy totalmente anonadada, y con pulso acelerado sobre mi interior, todo en mi está vibrando, todo en mí me pide que cuelgue, pero no quiero que sepa cuánto miedo me da. No quiero que se entere de que me da pánico, pues en el más mínimo movimiento de debilidad, él sabrá que me puede tener, que mi cárcel sería él y su llave mi miedo hacia él. ―Llamaré a la policía ya mismo ―Mi voz a duras penas un susurro tembloroso. ― ¡Hazlo!, te reto. ―Se burló con tono de voz incitante extasiado y escalofriante. De pronto cerré los ojos cuando me ardieron diciéndome que estaba por llorar. Obviamente él debe pensar que me tiene en sus manos. Lo comprobé ayer con aquel oficial. Pero

