Edneris despertó en una cama que no era la suya, entreabrió los ojos viendo todo nublado hasta que sus ojos se aclararon y entonces vio las cortinas color crema evitando que los rayos de un nuevo día entraran al cuarto, estiro el brazo tocando la almohada a su lado comenzando a preguntarse donde estaba Owen y como es que había hecho para subirla cargando hasta el apartamento sin romperse la espalda porque ella pesaba mucho más que cuando se conocieron, pero ese cuestionamiento paso a ser felicidad porque sabía que finalmente estaban en Seattle muy lejos de la familia espantosa que tenía y no pudo evitar sonreír ampliamente mientras estiraba los brazos hacia arriba. – Buenos días mi preciosa princesa... – Owen entro al cuarto – Que lindo poder verte así de contenta ¿A qué se debe? – se sen

