Durante algunas horas Diego, Paola y Dania estuvieron en la habitación, hablaron de todos los acontecimientos en su vida, estaban muy felices, bajaron hasta la sala donde estábamos, estaban riendo, el sufrimiento de Dania había terminado. —Los estábamos esperando, les preparamos unos panecillos con un poco de café, así que tomen asiento por favor— Les dije mientras les servía lo preparado. —Isabella gracias por devolverme a mi hija, y cuidarla, ya me dijo que desde que se conocieron jamás se han separado, estamos muy felices— Dania se sentía muy agradecida, su hija estaba ahora nuevamente con ella. —No fue nada, quiero mucho a Paola, es como la hermana que nunca tuve— Respondí mientras me acercaba a Paola y tomaba asiento al lado de ella. Después de disfrutar un momento agradable, fui

