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Ya eres mía

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Blurb

Pinea, sabía que tenía una gran responsabilidad con la gente de su clan. Ella ya había

pasado por un matrimonio, el cual había creído que sería para siempre. Realmente era

feliz, amaba a su pareja, él era todo lo que una mujer de su clan pudiera desear. Se

conocían desde niños y Pinea siempre lo había amado. El que sus clanes estuvieran de

acuerdo con su unión los había hecho muy felices. Gofre, era fuerte, protector y un

hombre que amaba a su pueblo, pero todo se había reducido a nada, Gofre, había

quedado muy mal herido en una batalla cruel y sanguinaria de la cual no había salido bien

parado, a pesar de su fortaleza.

Pinea, hizo todo lo que pudo para que viviera. Había ido a buscar al gran mago Helios, que

vivía en las montañas nevadas, pero al regresar a casa su amado ya no estaba, él había

muerto, eso rompió su corazón, dejándola sin querer un mañana, pero el ser una princesa

la obligaba a pensar primero en su gente y después en su dolor. Desde niña el ser la hija

mayor le había costado un sin número de sacrificios. Pinea, tenía que sonreír ante los

demás sin que nadie notara su fragilidad, el ser débil era indigno de una princesa, por lo

cual tenía que ser fuerte en todo momento, porque esa era una virtud que se le había

otorgado al nacer según su padre, como hija de un gran rey orgulloso, fiel a sus

tradiciones, leal con sus ancestros; los cuales siempre tendrían más peso en su vida que

sus hijas.

Drago, tenía una misión, pero no pudo dejar a la chica que se estaba ahogando en el rio.

En esa época del año estaba por comenzar a congelarse, por lo cual podía adivinar lo

helada que se encontraría el agua. Ella no parecía querer luchar por su vida, solo se estaba

dejando embestir por la corriente. Ella no gritaba, algo que sería más coherente dada la

situación, eso fue lo que más llamó la atención de Drago, eso y su cabello de fuego que

resaltaba fuertemente en el agua.

El destino les tenía preparado un gran cambio. El desafío seria que tan preparados

estaban para luchar por lo que ambos deseaban y la gran atracción que sentían uno por el

otro. Ambos eran responsables por sus respectivos clanes, aunque existían cosas más

importantes por que pelear e ir contra corriente.

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Capítulo 1
Pinea, había tenido suficiente. Habían pasado meses desde que Gofre murió, era demasiado el dolor que sentía, quería irse con él. Todos a su alrededor solo se preocupaban por saber quién lo debería de sustituir como su esposo y el nuevo príncipe del clan, como si ella no tuviera sentimientos. Gofre, había sido todo para ella, como querían que solo lo olvidara. Pinea, se quedó viendo el rio. El lugar estaba tan frio, tal como sentía en esos momentos su corazón, la nieve estaba a punto de comenzar a caer y pronto el paisaje se vestiría de blanco. En otro momento eso la hubiera llenado de una sensación muy agradable ya que Gofre y ella habían disfrutado de bellos momentos en los que el frio era intenso, frente a una gran chimenea, pero ahora solo estaba el frio intenso y un gran desaliento. Gofre, ya no volvería, jamás tendría más de esos días a su lado. Pinea, observaba fijamente el agua correr en el rio, esta no dejaba de fluir rápidamente era algo muy especial ella no era esclava de nada era libre y nadie podía detener su caminar.        De un momento a otro tomo la decisión, sin razonarla mucho solo se lanzó. El agua se sentía pesada, en extremo fría, pero esa sensación solo duraría un poco. Su cuerpo se comenzó a entumir dejándola en un estado de desolación su cuerpo solo fluía por el rio dejando que la mente de Pinea divagara por lo que había sido su vida. Por su mente pasaban flechazos momentáneos que solo se quedaban lo suficiente para ella reconocer esos momentos. Al ver a su madre todo se detuvo, Pinea sintió que su corazón se sobresaltaba, ahí estaba ella con su rostro dulce y sus bellos ojos azules observándola con ternura tendiéndole la mano. Pinea, quería tomar su mano sentir la dulzura de sus brazos, pero ella sabía que su madre hacía mucho tiempo que la había dejado, esa imagen solo era su recuerdo. Pinea cerró los ojos, apartando esa imagen, sabía demasiado bien que todo lo que llegaba a tener un significado fuerte en su vida siempre se iba dejándola cada vez más sola. Drago, siempre tenía que terminar lo que su hermano menor comenzaba, eso siempre lo ponía de muy mal humor, pero como príncipe de su clan era su obligación mantener el orgullo de su familia a como diera lugar, aunque eso significara arreglar los problemas del inmaduro que tenía como hermano. Su padre siempre lo había consentido haciendo de él un ser dependiente de los demás y que estaba acostumbrado a tener cualquier cosa que deseara, pero Drago no podía tapar el sol con un dedo, sabía que su hermano también tenía un problema el cual su padre no deseaba poner atención.  Yamil, era despiadado no le importaba otra cosa más que el mismo para lograr lo que deseaba, no le importaba hasta donde tenía que llegar. Él no se detenía por nada ni por nadie en su mundo solo existía él y solo sus deseos, ya había probado lo que era quitar la vida, algo que le había gustado y que Drago estaba seguro le causarían muchos problemas a él por ser su hermano mayor y quien limpiaba sus desastres.  Drago, aparto de su mente a su hermano ya era suficiente. Observó a su alrededor, comenzaba a nevar, esa época del año era su preferida le traían gratos recuerdos de su madre. Ella les preparaba cocoa caliente y les contaba historias alrededor del fuego, habían sido bellos tiempos aquellos de su niñez cobijado bajo los cálidos brazos de su hermosa madre. Todo había cambiado hacia años, ella los había dejado solos cada día la extrañaba sobre todo sus consejos, ella siempre había sabido como calmar a su corazón y darle paz. Había sido difícil el continuar sin ella de pronto la responsabilidad de guiar a su familia había recaído sobre él y estaba cansado de vivir para los demás dejando de lado sus deseos. Drago, creyó percibir un movimiento en el rio, algo que lo saco de sus pensamientos enfocándolo en el movimiento del agua. Acercó a fago su caballo un poco al rio para observar a este de cerca. Por un momento creyó que todo había sido creado por su imaginación, pero él había creído ver algo de un rojo muy intenso. Decidió seguir un poco más cerca del rio y entonces la vio. Era una mujer, pero ella no reaccionaba no articulaba ningún sonido era como si ella hubiera decidido que el rio fuera su última morada. Drago, la observó por un momento siguiéndola fluir con la corriente, su rostro parecía tan sereno que por un momento se sintió tentado a dejarla que lograra su objetivo. Pero sabía que él no podía hacer eso. Respirando profundamente decidió salvarla, era algo que su madre le hubiera pedido que hiciera. Pinea, sentía una gran calidez, no estaba segura si era normal sentirse de esa manera, lo último que recordaba era haberse tirado al rio deseando perderse en sus aguas heladas, estaba segura de haber sentido su cuerpo entumecerse y después la obscuridad la había envuelto en una calma muy agradable. Se movió un poco tratando de sentir algo más pero su cuerpo no le respondía del todo. -Tranquila pronto tus músculos volverán a la normalidad. Pinea, abrió de golpe los ojos girando su rostro hacia donde provenía la profunda voz, abruptamente se topó con una mirada color acero que la veía con intensidad. El rostro de él estaba a pocos centímetros del rostro de ella, algo que la asusto. Jamás había visto a ese hombre, quería forzar a su cerebro para que recordara que había pasado, pero nada este estaba en blanco. -No me conoces ni yo a ti, mujer, solo trata de descansar estuviste sumergida mucho tiempo en el rio, no te hare daño, mañana seguiré mi camino y si tú si quieres podrás seguir con lo sea que estuvieras haciendo en el rio. Él no lo había dicho abiertamente, pero Pinea estaba segura que él sabía lo que ella estaba haciendo en el rio, eso le produjo vergüenza, pero intento recuperarse, él no sabía quién era ella, se marcharía pronto y todo quedaría en un desconocido que había interrumpido su escapatoria de ese mundo. Pinea, observó al hombre, este había cerrado los ojos algo que le permitiría observarlo a su antojo. Él tenía cejas pobladas, nariz recta, sus labios carnosos, mandíbula cuadrada, era un hombre atractivo igual que lo había sido su esposo, Gofre. Ese pensamiento le había oprimido el corazón, sabía que tendría que vivir con ese dolor el resto de su vida y todo por culpa de ese extraño que pensaba que era buena idea salvarla. Drago, no había podido borrar de su mente el cuerpo de esa mujer que tenía tan cerca de él, había tenido que despojarla de toda la ropa mojada, su piel era muy blanca y suave al tacto, trato de portarse como un caballero, pero era un hombre sano, joven, de sangre caliente, jamás había forzado a ninguna mujer a pertenecerle, era muy natural para el ser aceptado por el sexo opuesto.  Pero esa mujer era muy hermosa, él también había tenido que despojarse de su ropa para calentarla, solo sus cuerpos envueltos en pieles y la fogata que había podido encender. Ella no se había dado cuenta de su desnudes dado que aún estaba su cuerpo entumido, pero pronto lo sabría y estaba seguro que no le gustaría. Sus bellos ojos azules lo habían impresionado tanto como aquella voz, también había sentido su mirada penetrante observarlo con atención, eso le había agradado estaba seguro que no le era del todo indiferente. Pinea, se había quedado dormida. Bajo las pieles se creaba un agradable ambiente, que la había relajado a pesar de saber que estaba con un desconocido, pero el pensar que él se había tomado la molestia de salvarla y mantenerla abrigada la hacía sentirse cómoda a su lado, lo cual le permitió caer en la inconciencia de nuevo. Además, ella realmente ya no tenía mucho que perder, su pureza se la había entregado a su esposo. Drago no podía dormir estaba inquieto, la mujer a su lado entre sueños se había movido, al parecer ya era dueña de su cuerpo de nuevo. Ella se había acorrucado en su cuerpo, Drago, podía sentir cada parte de su apetecible cuerpo eso lo tenía al límite, eso y tener sus labios entre abiertos muy cerca de los suyos. La chimenea estaba encendida en el salón grande. Pinea estaba rodeada de cojines cubiertos de suave seda, Gofre, la rodeaba con sus brazos y la besaba apasionadamente ella sentía que su corazón volvía a latir con cada caricia. Drago, se sobresaltó al sentir como ella había reclamado sus labios de forma posesiva. Él solo había tomado lo que tanto deseaba desde el momento que la vio sin nada encima, ella le acariciaba con deseo contenido, Drago, recorría cada parte de su cuerpo deleitándose con cada curva de ese hermoso cuerpo que lo enloquecía como nunca lo había enloquecido ningún otro jamás, al unirse sus cuerpos Drago por vez primera se sintió completo no entendía que había pasado.  Esa mujer era una desconocida, sin embargo, había logrado unirse a él de una forma total, algo que él no se sentía preparado para comprender y no tenía tiempo para distracciones solo la deseaba y ella a él. Seguía sintiéndose tibieza debajo de las pieles. Pinea, se despertó por completo sintiéndose sola, recordó el sueño con Gofre este había sido muy real tanto que su cuerpo dolía, pero no de forma desagradable, algo totalmente incoherente dado que su esposo estaba muerto, Pinea, hecho un vistazo a su cuerpo este tenía todas las pruebas que necesitaba, ella realmente se había entregado a un desconocido, era un alivio que él se hubiera marchado, esperaba jamás volverlo a ver. Pero al observar que sus ropas estaban ordenada mente a un lado de ella su corazón dio un vuelco acudiendo a su mente el eco de una voz profunda y tierna, muy diferente a la de su esposo, pero no deseaba pensar en ese hombre, era alguien que, así como había aparecido, también se había marchado, no tenía sentido pensar demasiado en la experiencia, tenía que volver de nuevo a casa. Al llegar pinea a casa, la única que se dio cuenta de que ella no había regresado a dormir era su fiel doncella Doris que dormía cerca de su dormitorio para cuidar de ella, al verla sus ojos se humedecieron y su rostro mostro alegría. -Señorita está bien, donde estaba, la he buscado por todas partes, estaba a punto de decirle a su padre, me tenía muy preocupada. -Siento mucho el que te preocuparas, solo me aleje, necesitaba pensar, Doris, ya todo está bien, prepara mi baño. -Su padre ha mandado varias veces a su ayudante a preguntar por usted, debe de apurarse, al parecer hay una visita importante en el clan. Pinea, se paralizo, su padre estaba empeñado en que ella se casara de nuevo. Algo le decía que esa visita era otro posible esposo, algo que ella deseaba postergar lo más posible. Pero era su deber darle a su clan el respaldo de un hombre joven y fuerte, aunque ella no sintiera nada por él, eso para su gente era algo que no importaba, todo se basaba en las leyes y reglas que los regían. Pinea, se tomó su tiempo en arreglarse, tenía que estar fuerte mentalmente para afrontar todo lo que se le venía encima, ya había intentado escapar a su destino, pero este se empeñaba en que cumpliera con su deber. No solo tenía que casarse, también tenía que tener un hijo varón para que continuara con su linaje, este se había interrumpido con su padre, el cual solo había tenido hijas ningún varón. Pinea, había tenido la ilusión de tener hijos sin importar si estos eran mujeres o hombres era solo por que deseaba tener una familia con Gofre, pero ahora en esos momentos que se sentía tan presionada no quería tener hijos, si nacía niña sería un gran castigo para esa pequeña y si era varón igual tendría que seguir su vida basándose en lo que se esperaba de él, esa no era vida. -Señorita su padre insiste en que se presente lo antes posible en el salón grande, él está muy molesto por su demora. Pinea, se acercó al ventanal de su cuarto viendo a la distancia sus tierras, ya todo estaba cubierto por un manto blanco, la primera nevada de la temporada había comenzado, pero por vez primera ese hermoso espectáculo no le causaba ninguna emoción. Respiro profundamente, ya no podía seguir haciendo esperar a su padre era hora de enfrentarse a su destino. Salió con la cabeza en alto, bajo las escaleras tranquilamente. Al llegar a las puertas del salón dio unos pequeños golpes, al momento se abrieron las puertas de par en par. Pinea, se topó de frente con aquella mirada penetrante, le parecía imposible, pero era verdad ese hombre estaba ahí en medio del salón muy cerca de su padre ambos la observaban fijamente uno con enfado y el otro estaba segura que estaba igual de confundido que ella. -Pinea que está pasando contigo, estas siendo muy descortés con nuestro invitado, ven, te presento al príncipe Drago. Drago, no podía separar su mirada de Pinea todo esperaba menos volver a ver tan pronto a aquella mujer, mucho menos que ella fuera la princesa, Pinea de quien tanto había escuchado hablar. Se decía que su belleza era única y su bondad no tenía igual, de su belleza ya lo había constatado de su bondad aun no pero normalmente las princesas eran de todo menos buenas según su experiencia, aunque algo le decía a él que Pinea era diferente a todo lo que él hubiera conocido hasta ese momento. Su hermano Yamil había terminado con la vida de su esposo en una pelea que no había tenido sentido, pero en la cual ambos habían estado de acuerdo, en ese entonces Drago cumplía con uno más de los encargos de su padre y no había estado en ese momento para impedir tal insensatez, pero las cosas habían pasado y ya no había remedio. Su cometido ahora era saber de qué manera podía compensar lo sucedido para que los clanes volvieran a la paz. El padre de Pinea sabía que él no era el responsable de la pérdida de su príncipe, pero había aceptado que el retribuyera la ofensa.  Hasta ese momento no le habían dicho que tenía que hacer o de qué manera saldaría la deuda. Se había sentido un poco molesto por la espera, pero ahora se sentía culpable, entendía por qué esa bella mujer deseaba acabar con su vida, suponía que ella había tenido la suerte de casarse con alguien que realmente amaba, algo que no pasaba muy seguido. -Sea bienvenido al Clan Devanes, príncipe Drago. Drago tomo su mano inclinándose para besársela, había tenido una agradable sensación al volver a tocarla, estaba seguro que ella no era inmune, no le había pasado desapercibido el tenue rubor que se había acentuado momentáneamente en su rostro. -Puedo saber a qué debemos el honor de tenerlo entre nosotros. Drago, de pronto no sabía cómo tratar el tema con ella, si como imaginaba ella estaba realmente enamorada de su esposo estaba seguro que se ganaría su desprecio y esa idea de alguna manera que aún no comprendía, no le agradaba para nada. -Pinea el príncipe ha venido a pedir tu mano. Pinea ya lo sospechaba, pero algo no iba bien, tanto ella como Drago estaban igual de asombrados. No lo entendía, pero al parecer el príncipe también estaba siendo obligado a casarse algo que la hizo sentir mejor por una vez no era la única que sufriría. -Creo que hay un error señor yo no he venido a…. -Príncipe yo le escuche muy bien, usted desea pagar la deuda que tiene con nuestro Clan, gracias a usted perdimos a nuestro protector, creo que es justo que lo reponga. -Si, pero yo no dije nada de casarme, sé que podemos arreglarlo de otra manera. Pinea dejo de escuchar la conversación, se quedó viendo fijamente a Drago, su padre había dicho que él era el culpable de la muerte de Gofre, en otras circunstancias no lo hubiera creído, algo en él hablaba de orgullo, pero al parecer lo había juzgado mal. Drago sintió la mirada de Pinea, había desprecio en ella, se sintió avergonzado por tener un hermano sin respeto por nada, pero en ese momento toda la culpa recaía sobre él. Para ella era el asesino del hombre que amaba, en ese momento deseo con todas sus fuerzas que todo eso fuera diferente. -Entonces que decidirá Príncipe. Drago amaba mucho su libertad o eso que se le parecía, pero en ese momento deseaba recompensarle de alguna manera su perdida a Pinea, ella despertaba algo diferente en él, una sensación protectora, quería verla feliz.     -Me casare con la princesa, Pinea, pero como ya sabrá nuestros Clanes tendrán que unirse. -Eso lo sé, supongo que necesitas tiempo para arreglarlo todo y avisar a tu familia, solo dame una fecha. Pinea, se alejó de los hombres que estaban decidiendo su futuro como si ella no estuviera presente. Afuera seguía nevando. Sabía que las cosas no serían fáciles al casarse de nuevo, pero no hasta qué punto, tenía que compartir su vida con el asesino del hombre que tanto había amado. Pinea se giró hacia su padre, este había estado hablándole, pero ella estaba distraída con sus pensamientos. -Perdón, padre ¿Me decías algo? yo estaba observando la nieve. -Solo decía que los dejare solos para que se conozcan un poco Pinea, se amable con tu futuro esposo, esto ya es un hecho no lo olvides.                                  Las últimas palabras de su padre le llegaron muy hondo a Pinea como si de una sentencia se tratara. Se giro para ver al hombre que estaba a unos pasos de ella, pero extrañamente no le parecía tan malo, el daba la impresión de estar teniendo su propia batalla personal.  

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