La obscuridad en la cueva era muy agradable, no se sentía el frio. Ambos estaban acostados muy callados, aunque sabían que ninguno dormía. Afuera la tormenta arreciaba y el aire silbaba entre los árboles, algo que le recordaba a Pinea las noches cuando era una niña solitaria que necesitaba a su mama, para sentirse segura, pero ella ya se había ido. Pinea jalo un poco la colcha que la cubría, no por que tuviera frio, si no porque los recuerdos dolían y la necesidad de un abrazo se volvía muy necesario. -No tengas miedo la tormenta pronto pasara, estamos a salvo aquí. Pinea se sobresalto un poco por las palabras de Patrio, no esperaba que él hubiera notado su desasosiego. Esos detalles la dejaban muy pensativa, suponía que él estaba pensando en lo que Marsha sentiría en esos momentos. -

