Capítulo 3

1588 Words
 El agua estaba en su punto exacto. Falú siempre se esmeraba en sus atenciones. Drago apreciaba a su sirviente, aunque él lo había llegado a considerar más que eso, por su lealtad, así como su apoyo en momentos difíciles, él siempre había tenido una palabra de aliento. Falú, era una de las personas que más lo conocían, sabia todos sus secretos y sus dificultades con su familia. - ¿Qué te parece el agua, Drago? ¿Esta aceptable? ¿Deseas que te traiga compañía? Liane estaría muy contenta de bañarte. Drago, sonrió de buen agrado a Falú, moviendo la cabeza de forma negativa a la invitación de traerle a la mujer que ocupaba por el momento para satisfacerse. En ese momento no le apetecía nada de eso, su mente giraba en torno a el cambio que daría su vida, se sentía un tanto ansioso. -Drago ¿Es verdad eso de que por fin sentaras cabeza? será eso lo que te esta impidiendo el tener compañía. -Deja de molestar Falú, ya tengo suficiente con mi padre y Yamil esos dos son una gran molestia en mi vida. Gracias a Yamil tendré que casarme, algo que no estaba dentro de mis planes, toda mi vida dará un gran giro ¿Te das cuenta? -Creó que tarde que temprano tu padre te hubiera obligado a tomar esposa, Drago, talvez esta no sea una situación tan mala, esta vez estuvo en tus manos el declinar la oferta. -Yamil mato al príncipe del clan Devanes, para Velay no había otra forma de que la deuda quedara saldada. -Si es comprensible que estés molesto, pero dime ¿la princesa como es? Se dice que es de una belleza sin igual. Drago se quedo en silencio por un momento recordando a Pinea. Era verdad que su belleza era especial, pero había algo más en esa mujer que lo intrigaba. Era diferente a las mujeres que había conocido, era fuerte, decidida, tenía carácter, aún recordaba lo que ella le había preguntado sobre tener las mismas libertades que el en la alcoba. Eso lo había dejado sin saber que contestarle, sabia que ella lo había querido poner a prueba y no la culpaba. Le agradaba que no fuera una mojigata y que hablara de todo, abiertamente. Estaba seguro que su relación seria todo menos aburrida. -Pinea es hermosa Falú, para ella esto también está siendo difícil, ella amaba a su esposo, tenía un gran futuro, me siento responsable por su perdida. -Pero ¿No le explicaste que tu no eres el culpable de la muerte de su esposo? -No se lo dije, pero al igual ¿Qué diferencia hay? Yamil es mi sangre Falú debí de impedir esa desgracia. -Drago, creó que ya va siendo hora de que dejes que tu hermano tome sus culpas, deja de sentirte responsable, ahora tendrás tu propia familia, tu hermano ya no será tu prioridad. -Créeme que eso es lo único bueno que obtendré de esto Falú, quitarme el peso de arreglarle la vida a Yamil, ahora mi padre se dará cuenta de quien es su hijo y de su crueldad desmedida. -Eso será difícil que lo vea Drago, pero ya no te preocupes por eso, dime ¿Cuándo tendremos en casa a la princesa? debo de prepararlo todo para su llegada, podríamos arreglar el ala norte para que tengan privacidad. -Supongo que eso estaría bien Falú, ella traerá a sus criados más cercanos, las cosas se harán rápido no hay necesidad de festejar nada, esto es más un acuerdo que otra cosa, dentro de unos días mi padre deberá de acompañarme para hacer los tramites pertinentes y establecer las reglas a seguir para que los clanes funcionen como uno solo. Pinea se sentía muy presionada su padre le había dado la orden para que preparara sus cosas, al parecer el príncipe Drago y su padre llegarían pronto, se haría una rápida ceremonia, después los hombres tomarían decisiones importantes por el bien de los dos clanes. No sabia lo que seria vivir en otro lugar, ella jamás había salido de casa, pero Drago le había asegurado que sería libre. Sabía que no era del todo posible, pero ya no tendría que seguir las reglas de su padre, ahora seria su esposo quien dispondría de su vida, algo que le parecía injusto, pero algo en su interior le decía que el príncipe Drago no era igual a los demás hombres, recordaba el gesto que había tenido de dejarle sus ropas dobladas, cuidadosamente al alcance de sus manos, algo que ni siquiera su amado Gofre había hecho por ella. -Señorita Pinea, discúlpeme, yo quería preguntarle algo, si me lo permite. - ¿Qué pasa Doris? ¿Por qué tan seria? sabes de sobra que puedes preguntarme lo que desees. Pinea vio con extrañeza la conducta de su fiel Doris, ella parecía nerviosa. Pinea espero con paciencia su pregunta. Doris era una joven mujer, que desde el primer momento que llego a hacerse cargo de ella le pareció un ser muy dulce que siempre estaba a un paso adelante de ella haciéndole la vida más fácil y llevadera. -Señorita yo solo deseaba saber si usted me llevara a su nuevo hogar, yo no quiero ser una molestia, pero me gustaría… -Doris, tú eres indispensable para mí ¿Por qué no te llevaría conmigo? El rostro de Doris se ilumino, mostrando una radiante sonrisa, la cual contagio a Pinea. En esos momentos un poco de alegría era como una bebida caliente en esa época de tanto frío. Drago ya podía ver el territorio del clan Devanes. No sabía que era, pero sentía una extraña sensación que se acrecentaba con forme iban llegando a la ciudad. Su padre no dejaba de quejarse por el frio intenso, a él no le gustaba salir con ese clima, prefería quedarse en casa cerca de la chimenea, leyendo un buen libro. -Drago, hijo, estoy congelado, debimos posponer todo esto hasta la primavera, este frio es muy cruel para un viejo como yo. Drago trataba de tener paciencia con su padre, él había cambiado mucho con la muerte de su mujer, se había hecho un ermitaño que se había impuesto el encerrarse entre cuatro paredes. Como castigándose por dejar partir a la mujer que amaba. -Padre, pero que cosas dices, tu aun eres joven, lo que pasa es que sales muy poco. -No me agrada estar fuera de casa eso es todo, ya falta poco para llegar ¿Verdad? -Estamos llegando, mira ya salen a recibirnos, pronto podrás calentarte frente a la chimenea. Velay y cuatro de sus guardias se pararon frente a ellos dándoles la bienvenida y guiándolos hacia el lugar en el que se quedarían, mientras se cumplía con todo lo relacionado al casamiento y los acuerdos que se tenían que tomar. Ellos no podían quedarse en el lugar donde vivía la novia, porque se creía que era de mala suerte que ambos prometidos compartieran el mismo techo antes de ser legal mente marido y mujer. El lugar al que los llevaron era una acogedora cabaña de dos pisos, muy bien equipada para pasar las frías noches invernales. Gino fue el primero en agradecer por la hospitalidad el más que nadie deseaba entrar en calor. Velay, sirvió dos vasos con vino entregándole uno a Gino el cual le agradeció tomándose el liquido de un solo trago. -Gino, tómatelo con calma las cosas quedarán arregladas rápidamente, pronto estarás de regreso en tu hogar, quien lo iba a pensar nuestros clanes se convertirán en uno solo brindemos por eso. Velay volvió a verter vino en el vaso de Gino, él esta vez lo tomo a tragos dirigiéndose hacia la gran chimenea que había en el salón y sentándose entre los cojines acolchados que había sobre la alfombra, Velay lo siguió y comenzaron una platica que amenazaba con no terminar pronto. Drago no tenia mucho que ver en la platica de los dos viejos conocidos, así que decidió salir a caminar. El pasar tanto tiempo a la montura de Fago lo había dejado entumecido, trato de avisar a los mayores sobre su salida, pero ellos estaban demasiado enfrascados en su platica. Al salir fue recibido por una ráfaga de aire helado, se colocó su capucha y se dirigió hacia las afueras de la ciudad, deseaba estar solo, necesitaba asimilar lo que le estaba pasando. Aún no se veía casado, no le parecía algo real.  Todo a su alrededor estaba vestido de blanco, el río no se había congelado, suponía que el agua que corría venia de los subterráneos de la montaña por lo cual esta estaría caliente. Se acerco a tomar agua con su mano el agua estaba agradable, eso le contesto la incógnita de que el rio seguí fluyendo. -Tenemos lugares especiales de aguas termales, el río jamás se ha congelado. Drago no esperaba encontrar a otra persona en ese lugar, pero la voz la reconoció de inmediato. Se incorporo girándose hacia donde provenía la voz de Pinea. Esta le sonrió en cuanto sus miradas se toparon, a Drago le recorrió una agradable sensación al volver a verla. - ¿Están cómodos tu padre y tu en la cabaña? espero que sea de su agrado. -La cabaña es muy acogedora, no tienes por qué preocuparte, mi padre estará a gusto en cualquier lugar siempre y cuando haya una chimenea para mantenerlo caliente.   Drago a pesar del frio se sentía cálido por dentro, la sonrisa de Pinea era franca, sincera como si a ella también le hubiera dado gusto volverlo a ver. 
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