- ¡Despierta, Nia!
Puedo sentir que alguien sacude mi cuerpo una y otra vez. Me niego a abrir los ojos y despertar del sueño tan maravilloso que estaba teniendo.
- ¡Nia!
«Quiero seguir soñando con mamá»
Cierros mis ojos con fuerza, mientras me volteo al lado contrario de la persona que trata de despertarme.
- ¡Nia!
De pronto, un dolor intenso en el rostro me despierta. Busco con la mirada a quien sea que acababa de golpearme y cuando encuentro a la causante, me enfado.
- ¡Liv!
No oculto mi molestia. Liv, mi hermana acaba de golpearme en el rostro, mientras dormía tranquilamente.
- ¿Qué sucede contigo? Estaba durmiendo.
Liv no responde a mi pregunta, simplemente me toma del brazo para arrastrarme fuera de la cama. El repentino movimiento provoca que mis piernas no avancen a reaccionar de inmediato y caigo al suelo.
- ¡Liv!
No entiendo lo que está pasando, pero jamás en mi vida me había sentido tan molesta con Liv, ni siquiera cuando accidentalmente quemó uno de mis vestidos favoritos.
- Levántate, Nia. Debemos irnos.
Liv me toma de ambos brazos para ayudarme a levantar y enseguida me percato del caos que ocurre a mi alrededor.
Liv parece preocupada o quizá asustada. Su cabello se encuentra despeinado y varios mechones se han pegado a su rostro sudoroso y rojizo.
- ¿Qué pasa, Liv?
Mi hermana busca mis zapatos debajo de la pequeña mesa junto al montón de paja donde duermo y cuando los encuentra los empuja hacia mis pies. Entiendo que debo prepararme para salir, aunque todavía desconozco el motivo. Cuando levanto la mirada hacia la salida de la habitación que compartimos Liv y yo, me percato de que mamá corre de un lado al otro con una lámpara de aceite en su mano derecha.
- Liv…
No me hace falta preguntar de nuevo, ya que Liv responde a mi pregunta.
- Varios hersir están en la puerta.
«Eso es malo»
Que un hersir te visite significa que has violado una ley y han venido para llevarte a tu juicio por órdenes de los asegeir, quienes cumplen el papel de juez en todo el clan.
- ¿Por qué?
- Falleció el Konungr.
Mi mente viaja al momento en el que conocí al Konungr Niels, la tarde en la que vi a mamá por última vez.
- No puede ser.
- Garm será un desastre por los próximos días.
Corro por el pasillo con Liv en dirección a la entrada, donde efectivamente, tres Hersir se encuentran de pie.
- ¿Por qué están aquí?
- Porque necesitan que mamá prepare todo.
- Preparar, ¿qué?
- El nuevo Konungr reclamará su puesto y tendrá que defenderlo.
No soy contiende de lo que sucederá a partir de este momento. Jamás había experimentado lo que se debe hacer cuando el Konungr fallece, sin embargo, Liv me contó hace tiempo que cuando eso ocurre siempre es el primogénito varón quien asciende.
- ¿Defender su puesto?
- Esa es la tradición, si no consigue defender su puesto significa que no es digno y morirá durante el reclamo.
Quiero preguntar más al respecto, sin embargo, soy interrumpida por mamá.
- Tomen todo eso, niñas.
Mamá señala a varias canastas junto a la puerta y rápidamente Liv y yo obedecemos.
- Estamos listas, señores.
Los hersir asienten y juntos salimos de nuestra pequeña choza que llamamos hogar. El frío de la noche se cuela entre las telas que cubren mi cuerpo, provocando que empiece a temblar.
- Debemos apresurarnos. Todo Garm se enterará pronto del fallecimiento del Konungr.
Quien parece ser el de mayor rango de los hersir nos guía por medio del resto de las casas. Vivimos junto a la torre de vigilancia en el sureste del muro que protege el hogar de los Konungr, hersir y asegeir.
- No entiendo que quieren de nosotras, Liv. Si el Konungr está muerto no podemos hacer nada.
- No vamos por el Konungr Niels, sino por el nuevo Konungr.
Quizá me perdí de algo, pero no recuerdo que alguien haya mencionado que el hijo del Konungr Niels esté enfermo o herido.
- ¿El hijo del Konungr está enfermo?
- No, Nia. ¿Recuerdas que te dije que el nuevo Konungr debía defender tu puesto?
- Sí.
- Bueno, él tiene que luchar contra cualquiera que reclame el puesto.
Ahora entiendo lo que ocurre. El hijo del Konungr luchará y de seguro resultará herido, por lo que mamá tiene que estar preparada para curar las heridas.
Los hersir procuran no alejarnos del muro, supongo que tratan de no acercarse demasiado al resto de casas y despertar a más personas.
Al llegar a las primeras casas de los holds, hombres que lucharon cuando eran jóvenes y ahora se han convertido en excelentes estrategas, observo que todos han empezado a salir de sus casas para dirigirse al Trelleborg, el hogar del Konungr.
He escuchado historias de holds que lucharon junto a antiguos Konungr y como agradecimiento por su labor, fueron recompensados con sirvientes, tierras y grandes cantidades de monedas de oro que fueron heredadas por sus descendientes, sin embargo, sus hijos no pueden asumir la posición de hold, ese puesto se debe ganar con trabajo duro y lealtad al Konungr.
- No hablen con nadie, simplemente caminen.
De nuevo, el jefe hersir nos da ordenes que inmediatamente accedemos a cumplir. La canasta en mis manos parece contener varias plantas, sin embargo, no me preocupo por identificar cada una de ellas.
- Para el amanecer todos sabrán lo que ocurrió.
El comentario se escapa de mis labios cuando noto la preocupación en la mirada de todos los holds. Liv coloca su mano libre encima de mi hombro derecho como si tratara de darme ánimos.
Al llegar al Trelleborg, los hersir nos dirigen a la puerta trasera, la que lleva a una gran parcela de tierra con varios árboles donde parece que los sirvientes y hersir se dirigen cuando necesitan desechar su basura. Intento ignorar el olor, sin embargo, resulta imposible.
- Tienen acceso a todo lo que necesiten. Solamente pídanlo y uno de mis hombres lo hará.
Llegamos a la cocina más grande que jamás había visto en toda mi vida. Es evidente que está construida para poder preparar alimento para cientos de hersir, asegeir y holds.
Mamá ya ha estado aquí antes, cuando venía a curar al Konungr de alguna enfermedad que lo mantenía en cama o a cualquier familiar del Konungr, ya sea a uno de sus dos hijos, a su difunta esposa o a su actual esposa.
Liv ha venido una sola vez, hace dos inviernos atrás, cuando la esposa del Konungr enfermó gravemente y mamá necesitó ayuda.
- Geirr, necesito que mis niñas vayan al bosque a buscar solidago. No tenía en casa.
Me sorprende la familiaridad con la que mamá le habla al jefe de los hersir, por lo que deduzco que se conocen desde hace mucho tiempo.
El jefe es un hombre de alrededor de treinta años. El largo de su barba pelirroja llega hasta su pecho y por la manera tan sencilla con la que viste supongo que tampoco estaba preparado para el fallecimiento del Konungr.
- Lo que quieras, Erna. Tus hijas tendrán que salir por la misma puerta por la que entramos, no podemos permitir que alguien las vea.
Mamá voltea para vernos y rápidamente nos arranca las canastas de las manos para colocarlas sobre la gran mesa en el centro de la cocina.
- Corran al bosque. Busquen todo el solidago que puedan encontrar y regresen lo antes posible.
Liv y yo sabemos que a mamá no le gusta repetir sus instrucciones, por lo que nos apresuramos en salir del Trelleborg y correr hacia el bosque en el noroeste de Garm.
- ¿Mamá conoce a ese hombre?
- ¿Hablas de Geirr?
- Sí.
- Mamá curó las heridas de Geirr en muchas ocasiones. Bueno… en realidad lo hizo la abuela, pero mamá ayudó.
- ¿Cómo lo sabes?
- Mamá me contó sobre Geirr cuando la señora Valeska enfermó. Debíamos esperar a que las angélica surtieran efecto y la señora Valeska se durmiera, así que empezamos a charlar.
Al llegar al bosque, Liv es la primera en adentrarse y empezar a buscar solidago.
- Recuerdo que dijiste que la esposa del Konungr era bastante molesta y no te agradaba.
- Lo es. Ahora no sé qué pasará con ella. El Konungr falleció y ella ya no tiene ningún poder.
- Es la madre del segundo hijo del Konungr.
- No creo que el nuevo Konungr le permita quedarse en el Trelleborg.
- ¿Por qué?
- Todos saben que al primogénito del Konungr jamás le agradó esa mujer.
Desconocía de esos rumores, aunque en realidad no soy consciente de ninguno de los rumores en Garm, ya que no tengo amigos excepto Liv y mi otro hermano, Grimr.
- ¡Ahí están!
Liv corre hacia un grupo de solidago que rodean el tronco de uno de los árboles junto al muro, mientras yo la persigo a unos pasos de distancia.
- Sabía que estaban por aquí.
Liv en la sucesora de mamá. Ella será la próxima curandera del Konungr, ya que mamá se ha encargado de enseñarle todo lo necesario. Grimr, el primogénito de mamá decidió convertirse en hersir, por lo que desde hace tres inviernos se ha estado preparando y entrenando junto al resto de postulantes.
- ¿Crees que sea suficiente para las heridas del Konungr?
- Todavía no tiene heridas, Liv.
Liv hace una mueca cuando se da cuenta que tengo razón.
- ¿Crees que sea suficiente para las futuras heridas del Konungr?
Su pregunta me divierte, por lo que una sonrisa se me escapa.
- ¿Cómo podría saber? No puedo adivinar cuantas heridas tendrá el nuevo Konungr.
- Supongo que tienes razón. Arranca un poco más y regresemos.
Hago lo que Liv me pide antes de empezar a correr de regreso al Trelleborg. Justo en el momento en el que estamos llegando a una de las puertas, cientos de gritos se empiezan a escuchar provenientes de la parte delantera de la casa, donde se encuentra la arena de pelea.
- ¿Escuchaste eso?
Asiento como respuesta a la pregunta de Liv.
- Ha comenzado.
- ¿Qué cosa?
- El reclamo.
- Todavía no comprendo por qué alguien reclamaría el puesto.
Liv voltea a verme con una evidente sorpresa en su mirada.
- ¿En Bejum nadie desafiaba al Konungr?
Mi mente viaja a mi infancia en Bejum y no puedo evitar recordar a mamá. Supongo que siempre la mantendré en mi mente.
- En Bejum no había un Konungr. Teníamos cinco jefes, quienes controlaban el pueblo y se encargaban de hacer cumplir las leyes.
- Similar a los asegeir.
No lo había pensado de esa manera, pero supongo que Liv tiene razón al hacer esa comparación.
- Creo que sí.
Los gritos incrementan y cuando me dispongo a regresar al Trelleborg, Liv me sostiene del brazo y empieza a arrastrarme hacia el origen del bullicio.
- Liv, debemos volver con mamá.
- El nuevo Konungr todavía no tiene heridas. Mamá puede esperar un poco.
Sé que es imposible hacer cambiar de opinión a Liv, ella y mamá tienen eso en común. Nadie podría dudar que se trata de madre e hija. Ambas tienen el cabello rubio y son altas, a diferencia de mí. Mi cabello es castaño y soy mucho más baja que Liv, lo que inició que ella me llamara «ratoncito» cuando nos conocimos.
- Liv, mamá se enfadará con ambas.
- Entonces corre, Nia y así regresaremos pronto.
Liv empieza a correr con mi brazo todavía sostenido, por lo que me veo obligada a correr detrás de ella.
Cientos de personas han rodeado la arena, lo que impide que pueda saber lo que se encuentra en el medio. Todos parecen emocionados y gritan con todas sus fuerzas.
- Ha empezado.
Liv me arrastra hacia unas cuantas rocas de gran tamaño que empieza a escalar. Sigo sus pasos y cuando llegamos a la cima de las rocas que fácilmente tienen la altura de Liv, descubro lo que observan todos en la arena.
Los doce asegeir se encuentran sentados detrás de una gran mesa que alguien colocó, mientras que los hersir se han formado uno junto al otro como si trataran de construir un muro con sus propios cuerpos alrededor de la arena.
Uno de los asegeir se levanta de su asiento y eso es suficiente para que todos guarden silencio en ese preciso instante.
- ¡Clan de Garm!
Cuatro de los hersir se abren paso entre la multitud y caminan hacia el centro de la arena. Detrás de ellos un hombre de cabello rubio camina con la espada más grande que jamás había visto entre sus manos.
- ¡Él es Einn, primogénito del Konungr Niels!
El asegeir eleva su voz a medida que pronuncia cada palabra y al terminar su oración, todos empiezan a aplaudir y festejar.
- ¡Einn reclama el puesto de Konungr!
- ¡¿Hay alguien más que quiera reclamar el puesto?!
Otros hersir se abren paso entre la multitud siendo seguidos por un hombre de aspecto rudo y músculos grandes en los brazos, aunque no tanto como los de Einn.
- ¡Yo, Hakon, hijo de Ingolf, quien a su vez fue hijo de Harald!
Todos empiezan a gritar y abuchear al hombre quien se ha identificado como Hakon.
- ¡Reclamo el puesto!
Todos los asegeir se ponen de pie, como si se sintieran ofendidos por la intrusión de Hakon.
- Liv, ¿Quién es Ingolf y quien es Harald?
Los nombres no me suenan, aunque puedo deducir que se tratan de personas importantes.
- Harald era el segundo hijo del Konungr Knut. Él reclamó el puesto y luchó contra su hermano el Konungr Dagr. Por supuesto, perdió y fue asesinado por su propio hermano durante el reclamo. Algunos decían que antes de morir engendró un hijo con una ramera que vivía del otro lado del puente. Supongo que ese hijo se llamaba Ingolf y ahora su hijo está reclamando el puesto.
- ¿Entonces ese hombre es primo de Einn?
No me percato de la manera en la que llamo a quien será el nuevo Konungr hasta que Liv voltea para verme con una mirada extraña.
- ¿Einn?
- Ese es su nombre, ¿no?
- Con suerte, será el próximo Konungr, Nia. No lo llames así en presencia de nadie.
- ¡El reclamo es legítimo!
Habla otro de los asegeir, mientras que Einn y Hakon caminan hasta el centro de la arena.
Uno de los asegeir se levanta de su asiento y camina hacia Einn. En cuando se acerca puedo distinguir su rostro y de inmediato lo reconozco. Se trata de Alf. Parece que ha envejecido una docena de inviernos, a pesar de que solamente ha pasado seis desde que pisé las tierras de Garm.
Alf le habla al oído a Einn antes de regresar a su puesto junto a los asegeir y de pronto, uno de los hersir sopla a través de un cuerno, produciendo un sonido que retumba en los muros.
Einn es el primero en atacar directo al pecho de Hakon, quien rápidamente esquiva el golpe. Einn trata de atacar de nuevo, en esta ocasión a las piernas, sin embargo, Hakon se anticipa a su golpe y con el escudo en su mano derecha, consigue empujar a Einn. Este último casi pierde el equilibrio, aunque consigue estancar su espada en el suelo y se recupera de inmediato.
Hakon consigue levantar su espada tratando de dirigirla a la cabeza de Einn, sin embargo, él levanta su escudo provocando que la espada de Hakon se atasque en el escudo. Einn aprovecha el momento para golpear las piernas de Hakon con su espada, aunque parece que las botas que cubren las piernas de Hakon son más gruesas de lo que parecen y la espada no lo lastima, simplemente provoca que caiga boca arriba.
Durante la caída, la espada de Hakon se libera y cae a los pies de su dueño. Einn se detiene y permite que su primo se levante del suelo antes de atacarlo de nuevo. Hakon parece molesto por la cortesía de Einn y cuando consigue levantarse, toma la espada del suelo y corre hacia Einn, quien lo recibe con un golpe de su espada. El sonido de ambas armas chocando provoca que mi pecho suba y baja violentamente debido al miedo.
Einn consigue empujar una vez más a Hakon, sin embargo, en esta ocasión no llega a caer, mantiene sus pies fijos en el suelo y levanta su espada una vez más para atacar la cabeza de su rival. Einn esquiva el golpe, sin embargo, la espada llega a cortar la tela que cubría su brazo izquierdo y gotas de sangre se derraman en el suelo.
Hakon sonríe como si creyera que ya ha ganado la pelea, sin embargo, Einn rápidamente le demuestra lo contrario. Levanta su espada y empieza a atacar una y otra vez a Hakon, quien hace todo lo posible para esquivar los ataques. Las espadas chocan entre sí una y otra vez hasta que Einn consigue que Hakon retroceda hasta que llega a donde se encuentran los hersir aliados de su primo.
Hakon parece desesperado y empieza a tratar de empujar a Einn utilizando su escudo. Algunos golpes llegan a atinar en el pecho de Einn, sin embargo, no retrocede ni un solo paso. En un golpe inesperado, Einn consigue hacer un corte en la frente de Hakon, quien parece enfadarse y grita con rabia.
Los hersir aliados de Hakon gritan para animarlo a seguir continuando, no obstante, Hakon no parece escucharlos.
Una y otra vez, las espadas chocan hasta que Einn ataca con tanta fuerza que Hakon cae sentado en el suelo. En esta ocasión, Einn no se detiene y continúa atacando, sin embargo, Hakon parece notar que Einn siente dolor en su brazo herido y aprovecha para lanzar una patada en esa dirección.
Einn grita de dolor y deja caer el escudo de sus manos, mientras que Hakon aprovecha para recuperarse y levantarse una vez más. Einn se percata de que ha retrocedido dos pasos de donde se encontraba y eso parece enfadarlo. Toma su espada con ambas manos y con un grito de guerra ataca a Hakon, quien se prepara para recibirlo cubriendo su pecho con su escudo.
Einn se desvía en el último segundo y rodea a Hakon, quien esperaba un ataque frontal, por lo que no consigue girar a tiempo. Einn incrusta su espada en la espalda de Hakon, quien grita de dolor para seguido caer al suelo, justo encima de su escudo.
Todos gritan, la mayoría celebrando la victoria del nuevo Konungr, mientras que los aliados de Hakon parecen derrotados.
- Liv, ¿qué pasará con ellos?
- El nuevo Konungr puede decidir entre perdonarles la vida o condenarlos a morir.
No puedo dejar de observar a Einn, quien camina hacia los hersir en el lado de Hakon y les dice algo que no consigo escuchar.
De inmediato, los hersir se arrodillan frente a Einn y clavan sus espadas de forma vertical al suelo, mientras la sostienen con ambas manos. Bajan sus miradas y muestran respeto al nuevo Konungr.
- Les perdonó la vida.
Sonrío cuando compruebo que Liv tiene razón. Los hersir se levantan del suelo tras unos segundos y se retiran por el mismo camino por donde llegaron. Por algún motivo que no comprendo, abandonan sus espadas y simplemente caminan hacia el puente.
- ¿A dónde van?
- No pueden vivir en el interior de los muros, tienen que construir casas al otro lado del puente y podrán vivir ahí, junto a los thralls.
- ¿Ya no serán hersir?
- Lo serán, pero ya no tienen la protección de Konungr.
Observo a Einn caminar de regreso a donde se encuentran sus aliados y Geirr lo recibe con un abrazo rápido. Puedo deducir que son amigos, por lo que no me sorprendería si se convierte en el nuevo segundo al mando.
- ¡Les presento al Konungr Einn!
Todos gritan de emoción cuando el asegeir anuncia al nuevo Konungr. Poco a poco el pueblo se va dispersando y regresan a su casas, mientras algunos hersir se acercan a Einn para felicitarlo, sin embargo, cuando Alf les dice algo que no consigo escuchar, todos centran sus miradas en el brazo izquierdo de Einn.
- Debemos regresar, Nia. El Konungr está herido.
En ese momento me percato que mamá estará enfadada con nosotras, por lo que corro junto a Liv al Trelleborg.
A penas cruzamos la puerta de la cocina, cuando mamá empieza a regañarnos.
- ¡¿Dónde estaban?! El Konungr podría llegar en cualquier momento.
Liv y yo nos volteamos a ver, decidiendo en silencio que no le diríamos a mamá que presenciamos el reclamo.
- Liv, prepara el hypericum.
Liv obedece a mamá de inmediato y busca en una de las canastas el hypericum para proteger de la fiebre al Konungr.
- Nia, prepara apósitos de musgo.
Mamá señala una de las canastas, donde encuentro el musgo que solamente se puede hallar en la playa al este.
De pronto, Geirr entra a la cocina con otro de los hersir.
- Erna, el Konungr llegó.
Mamá se aleja del fuego donde mecía el contenido de una olla y se endereza para buscar algo en una de las canastas.
- Nia, ven.
Dejo caer el musgo en la gran mesa y corro hacia mamá.
- Toma esto.
Mamá me entrega varios frascos que parecen contener musgo con pequeñas manchas blancas, que es el que se puede encontrar pegado a los árboles en el bosque del norte y varios trozos de tela empapados de agua.
- Tú serás quien me ayude hoy.
Estoy a punto de protestar y recordarle a mamá que no tengo experiencia en curaciones en hombres adultos cuando voltea para ver a Liv. .
- Liv, termina de preparar los apósitos.
Liv asiente y mamá toma todas las ramas de solidago que Liv y yo trajimos.
- ¿Qué tan grave son sus heridas?
Geirr retrocede un paso cuando mamá empieza a caminar en su dirección. Corro para alcanzar a mamá, mientras caminamos por los pasillos.
- Una profunda en el brazo izquierdo y varios golpes en el pecho. La herida del brazo es lo que me preocupa.
- ¿Quién se atrevió a reclamar el puesto?
- Eso ya no importa, está muerto.
Mamá acepta la respuesta de Geirr y continuamos nuestro camino hacia el salón, donde se encuentran una decena de hersir, varios holds y Alf.
- Geirr, tendrás que echar a todos estos hombre de aquí. No puedo trabajar así.
Geirr corre para llegar a Einn y le susurra algo al oído. Einn asiente y se levanta del único asiento en todo el salón.
- ¡Regresen a casa!
Todos obedecen a Einn y desaparecen de inmediato tras escuchar la orden del nuevo Konungr.
Geirr regresa hasta nosotras y antes de retirarse junto al resto, mamá le agradece con una sonrisa cálida.
- Felicidades, Konungr Einn.
Mamá baja la cabeza para mostrar respeto al Konungr, mientras me mantengo en mi posición junto a la entrada, observando al hombre frente a mí.
De su frente caen gotas de sudor, mientras que la sangre recorre su brazo hasta formar un charco a un lado de la silla.
- Gracias, señora Erna.
Mamá voltea, esperando encontrarme junto a ella, sin embargo, no he podido moverme desde que mi mirada cayó en el rostro del nuevo Konungr. Sus ojos son del mismo color que el mar y su mirada es intenta, como si estuviese preparado para asesinar a cualquiera que se atreva a desafiarlo.
- ¡Nia!
El grito de mamá me despierta y corro para llegar hasta ella. Bajo la mirada a mis pies cuando Einn nota mi presencia. Mis manos tiemblan y mi pecho sube y baja de manera errática como si hubiese corrido un largo tramo de tierra.
- Permítame ver la herida, Konungr.
Levanto la mirada por un solo instante, sin embargo, me arrepiento de inmediato cuando mi mirada cae en la profunda herida en el brazo de Einn.
- ¿Es grave?
- No, pero podría llegar a serlo.
Mamá saca un pequeño cuchillo que no sabía que se encontraba en medio de las plantas en sus manos.
- Tendré que cortar la tela para poder limpiar la herida, Konungr.
- Hazlo, Erna.
Mamá asiente y rompe las telas que todavía cubrían el brazo de Einn. Todo el brazo parece manchado de sangre, por lo que mamá se tarda un momento en examinar la herida.
- Nia, dame esos trozos de tela.
Obedezco de inmediato y extiendo mi mano para que mamá pueda alcanzar los trozos de tela empapados de agua.
Mamá limpia alrededor de la herida y cuando los trozos de tela se encuentran manchados de sangre, mamá voltea en mi dirección.
- Ve a la cocina y trae el agua que está en la olla en el fuego.
Corro de regreso a la cocina, donde Liv se encuentra machacando el musgo que había dejado sobre la mesa.
- ¿El Konungr está bien?
- Eso supongo.
Busco con la mirada alguna cubeta y cuando encuentro una debajo de la mesa, me apresuro en tomarlo.
- Tienes que llenarlo hasta la mitad y la otra mitad debe ser agua fría.
Obedezco las instrucciones de Liv y encuentro agua fría en un barril junto a la mesa. Debo caminar lento para no regar el contenido de la cubeta.
- ¿Colocaste agua fría?
- Sí, Liv me dijo que lo hiciera.
Mamá toma la cubeta y empieza a lavar la sangre de los trozos de tela para poder continuar limpiando la herida.
- Es profunda.
Puedo notar la preocupación en la voz de mamá.
- Coseré la herida y la cubriré con un poco de musgo. Si empieza a tener fiebre tendré que aplicar otras plantas.
- ¿Qué pasa si la herida no cierra ni con esas plantas?
- Uno de sus hombres puede cuidarlo los próximos días. Le enseñaré como cambiar el musgo de la herida y con un poco de suerte jamás tendrá fiebre, Konungr.
Einn se levanta como si le hubiesen golpeado en el rostro, provocando que mamá no pueda continuar con su trabajo.
- Ninguno de mis hombre me verá como un hombre débil. No necesito de nadie que cuide de mí.
Retrocedo en cuanto Einn parece enfadarse con mamá. Mi mente viaja al momento en que el Konungr Niels se burló de mamá después de rogarle que me lleve consigo. Puedo recordar el miedo en la mirada de mamá, aunque también su desesperación.
- Me disculpo Konungr, no es lo que quise decir.
Mamá sabe que no puede ser irrespetuosa con el nuevo Konungr, aunque me sorprende que mamá pida disculpas. Ella jamás había pedido disculpas a nadie o al menos no que yo lo recuerde. Mamá es orgullosa y la matriarca de nuestra pequeña familia.
- ¡Soy el nuevo Konungr! No puedo verme débil ante el pueblo o pensarán que alguien más merece el puesto.
- Por favor, Konungr siéntese.
Mamá trata de tomarlo del brazo, sin embargo, Einn retrocede.
- Alguien más podría cuidar de usted, Konungr. Una t****l que trabaje aquí quizá.
- ¡Ningún t****l es de confianza!
- Debe haber alguien que pueda cuidar de usted, Konungr.
- Hazlo tú, Erna.
- Lo haría, Konungr, pero tengo otros heridos y enfermos de los cuales debo encargarme.
- ¡Nadie es más importante que el Konungr!
No puedo creer la manera en la que Einn le grita a mamá y ella no le responde. Mamá jamás se había quedado callada, ni siquiera cuando Grimr le gritaba. Mamá solía golpearlo con lo primero que encontrara y eso provocaba que Grimr se callara de una vez por todas.
- Yo puedo cuidarlo.
Las palabras se me escapan sin planearlo y dos pares de ojos voltean para verme de inmediato.
Mamá se queda en silencio como si esperara que me arrepienta, sin embargo, no lo hago. Conseguí que el Konungr deje de gritar a mamá, por lo que no pienso retractarme.
- Sé cómo cambiar el musgo y puedo correr a casa si necesito ayuda, mamá.
Einn finalmente se sienta de nuevo y eso permite que mamá pueda coser le herida y colocar el musgo para ayudar a cicatrizar.
- Debes avisarme si empieza a tener fiebre, Nia.
- Lo entiendo, mamá.
Mamá toma la cubeta y me toma del brazo para alejarme un poco del Konungr y que no pueda escuchar nuestra conversación.
- ¿Estás segura de esto, Nia?
- Sí, mamá.
Mamá no parece segura de dejarme en el Trelleborg sola, sin embargo, ambas sabemos que ella no puede quedarse y Liv tampoco, debido a que ella siempre la ayuda con las heridas graves.
- ¿Sabes qué hacer si la fiebre aparece?
Me toma un momento recordar todas las enseñanzas de mamá para poder responder su pregunta.
- Colocar paños empapados de té de hypericum en su frente, pecho y hombros.
Sé que mi respuesta es acertada cuando mamá asiente.
- Liv debe haber preparado el té de hypericum. No importa si el agua está fría, remoja los paños y colocalos sobre la piel de Konungr.
- Sí, mamá.
- Si la fiebre empeora…
- Corro a casa para avisarle.
Una vez más mamá asiente y deposita un pequeño beso en mi mejilla.
- Has aprendido bien, hija.
Mi pecho explota de felicidad cada vez que mamá me llama «hija». Es como si mi verdadera madre se hiciese presente por un segundo.