Esta vez el hotel era mucho más acogedor. Arquitectura moderna, con muebles de ratán, ambiente climatizado y hasta una pileta cubierta en caso de que desearan utilizarla. -Estamos por trabajo, gracias.- aclaró Lorenzo, mientras entregaba su tarjeta de crédito para pagar. Pipa le había pedido que se detuviera para comprarse algo de ropa, una cosa era pasar una noche, pero las circunstancias habían alargado la estadía y el cambio se había vuelto obligatorio. -¿Envían comida a la habitación?- preguntó Lorenzo antes de abandonar la recepción y cuando la joven aseguró que lo hacían miró a Pipa a modo de despedida. -Será mejor que descanses un poco, no quiero que te duela la cabeza.- le dijo y ella asintió ocultando su decepción. Sabía que le habría encantado que la invitara a comer con é

