Pipa había cumplido su palabra, con apenas una ducha rápida y un cambio de ropa, había estado lista en tiempo record y Lorenzo lo agradeció, no sabía cuánto hubiera sido capaz de aguantar la tentación de ir tras ella y derribar la puerta que los separaba. Su mente lo había imaginado desesperado, voraz, corriendo la cortina para sorprenderla, bebiendo las gotas de la ducha que caían sobre su apetecible cuerpo y besando hasta el último rincón. Se había visto a sí mismo sosteniendola en sus brazos, presionando su cuerpo contra la pared para sentirla, para que lo sintiera, para volver a disfrutar como sabía que lo hacían juntos. Pero entonces ella había regresado, llevaba el cabello mojado, una pollera de jean y una remera oscura de aspecto reo, era un look que nunca hubiera imaginado, y,

