Me empujaron al suelo, justo a los pies de Viggo, que al parecer esperaba para poder golpearme hasta la muerte. Me dio una patada en la mandíbula, sentí dolor leve, ya que estoy acostumbrado, pero aun así levanté la mano con los billetes.
—Zander, Zander, Zander, ¿Quieres jugar conmigo pedazo de mierda? —dice con un gesto de furia— Dices no tener el dinero y ahora apareces con la pasta, qué hijo de puta resultaste.
—No la tenía, me la han prestado —presiono la mandíbula para aguantar las ganas de mandarlo a la mierda.
Toma un habano del escritorio, lo sostiene con los labios y toma el mechero para luego encenderlo. Mueve la cabeza con una sonrisita sobre los labios, suelta el humo y da la vuelta hasta su silla.
—Quiero creerte Zander, que sea la última vez que intentas huir de mi gente —me apunta con el habano— Hoy me vas a hacer un favor, tengo una fiesta, una que va a ser acojonante para muchos.
La carcajada que suelta me estremece, me pongo de pie ya un poco más tranquilo y me limpio la ropa. Coloco los billetes sobre el escritorio, no quiero terminar golpeado hasta la muerte y que no me reconozca ni mi madre.
—No pienses que el favor será gratis, si esta noche me ayudas, además de perdonarte la deuda del día, voy a darte un regalo, que por supuesto será una sorpresa —gira en la silla tarareando una canción— ¿Aceptas?
—¿Qué tengo que hacer? —me limito a preguntar.
Sé mejor que nadie que para la gente como Viggo no existe un no por respuesta, se hace lo que él manda, cuando él lo manda y sin retrucar o si no todo recae sobre ti.
—La fiesta es de temática antifaces, algo que me fascina, mantiene un aire de misterio y además me encantará ver el mundo arder —se levanta y camina alrededor hasta llegar a mí, se pone cerca para soltarme el humo encima— Tienes que estar pendiente de un rostro dentro de esa fiesta.
Saca el celular y me enseña la foto de un tipo, de bigote, alto, elegante. Resaltaría a cualquier costa, con un antifaz puesto tampoco ocultará la mirada de ojos verdes penetrantes que tiene.
—Él es el objetivo, cuando lo tengas en la mira, solamente debes comunicarte con nosotros y nos encargaremos del resto —asegura palmeando mi espalda— Será una fiesta inolvidable, además podrás disfrutarla.
Suena a una tarea sencilla, solamente tengo que estar concentrado y llevar a cabo el objetivo, si lo hago sin errores todo estará bien.
—De acuerdo —asiento.
—Ve con mis hombres, ellos van a darte tu atuendo para esta noche, espero que disfrutes la velada —dice en un tono de sarcasmo.
Uno de ellos abre la puerta y me da pasada, saliendo de allí aún no se me quita el escalofrío que me recorre todo el cuerpo. Los sigo en silencio por el pasillo, hasta una puerta, cuando entramos resulta ser un vestidor, amplio y rodeado de espejos.
Uno de los hombres corre una puerta del armario y me entrega un traje rojo, junto a un antifaz que hace juego.
—Tienes suerte, yo debo estar afuera recibiendo invitados —se queja el mismo idiota con el que antes discutí.
¿Suerte? Suerte sería quedarme en mi casa, jugando con mi hermana pequeña y hacerle olvidar un rato la vida de mierda que llevamos.
No me apetece una fiesta, pero dadas las circunstancias tampoco tenía demasiadas elecciones.
Aún me queda parte del día para arreglarme y llegar a esa fiesta a tiempo, según las palabras de uno de los guardias, Viggo enviarán a alguien por mí, después de todo no será en la mansión donde Viggo vive. Tampoco quieren arriesgarse, una sola vez pisé la mansión de Viggo, ese sitio es tierra sagrada.
Viggo es un hombre de familia a la vista de la sociedad, un hombre limpio que por las noches se cambia la máscara y se vuelve un verdadero demonio.
La única vez que estuve allí pude ver que tiene una hija, pero no quise poner demasiada atención, porque no quiero meterme en problemas.
Un chófer de Viggo me llevó hasta la puerta de la casa, me dijo que me marcaría llegada la hora de la fiesta, para que esté esperando en la puerta y que me lleven hasta allí.
Al entrar mi hermanita está sentada sobre la alfombra del living, con una muñeca, peinándole el cabello. Una sonrisa llena de tristeza se apodera de mí, ni siquiera nota mi presencia, está con la mirada fija en el cabello de la muñeca.
—Nana —la saludo chasqueando los dedos delante de sus ojos.
—¿Crees que en algún momento tenga un cabello tan bonito? —pregunta de la nada y clava su mirada sobre mí con amargura.
No me salen las palabras, ¿cómo puedo responderle a ello? No sé qué debería decir.
—No me digas nada —niega rápida y se limpia una lágrima que le cae por la mejilla— No lo voy a lograr, siempre me voy a quedar así, calvita y fea.
—No digas eso Nana, verás que tendrás un cabello incluso más bonito.
Me inclino a su altura y la rodeo en mis brazos, me parte el alma, saber que se siente de esa forma, pero como no sentirse así. Tiene edad para estar jugando a la pelota, de soñar con ser una gran cantante o una gran influencer como muchas niñas de su edad. Sin embargo, el cáncer le está consumiendo la niñez y verla sufrir es de mis peores torturas.
—Llegaste —dice mi madre limpiándose las manos desde la puerta de la cocina y sonríe levemente— Había estado preguntando por ti, le hacía ilusión ver una película juntos y preparé unos pastelitos.
—Me apetece un montón una película, pero antes voy a darme una ducha —digo mirando a Nana que parece emocionarse.
Doy unos pasos en dirección a mi madre, ambos entramos a la cocina mientras veo de reojo lo que Nana está haciendo en la sala y me aseguro de que no me escuche.
—Esta noche tengo una petición especial de Viggo y tendré que salir —le explico y noto el fastidio en su rostro.
—¿Ese hombre no se cansa de torturar nos? ¿Cuándo va a dejarnos en paz? —pregunta con aflicción y abre la puerta del horno.
—No va a dejarnos en paz hasta que le pague la deuda que tenemos —suelto un gran suspiro.
—Lamento que debas hacer esto Zander, siento que te estás sacrificando más de lo que debería permitir —se limpia rápidamente una lágrima que se le escapa.
—Qué va, lo hago por Noa, ella se merece una vida maravillosa, lo tiene todo por delante —le palmeo la espalda y ella me abraza.
—Lo sé, hijo, eres un hermano maravilloso —dice en un quiebre de voz.
Me fui a duchar con el recuerdo del rostro afligido de mi madre, joder, odio tener que verla sufrir cuando ha dado todo por nosotros. Trato de calmarme para darle mi mejor cara a Nana, le digo así de cariño, mi hermana pequeña es de las mejores cosas que tengo y aunque la noticia de su cáncer fue repentino, estoy seguro de que con nuestro amor podrá salir adelante.
Me puse el traje, debo admitir que Viggo al menos tiene un buen gusto, este traje se me ve de puta madre, me pongo unos momentos el antifaz y una sonrisa se escapa de mis labios mientras niego.
Cuando vuelvo a la sala ya con el antifaz en la mano, mi madre se queda mirándome con una sonrisa, Nana se acerca, gira a mi alrededor y sonríe con travesura.
—¿Seguro que vas a trabajar? Te ves como si fueras a una cita —suelta una risita.
—¿Con quién voy a tener yo una cita? ¿Con la reina? —bromeo riéndome.
—Pues yo no sé, quizá tienes novia y aún no la traes a casa —se carcajea mientras le hago cosquillas.
—Vamos a ver la película, si no definitivamente haré que el monstruo de las cosquillas te ataque —dejo de hacerle cosquillas.
Se lanza al sillón y mamá se sienta a su lado. Vimos sus películas de princesas favoritas, al menos me había dado tiempo de probar unos pastelitos y entonces mi celular sonó.
Fuera estaba un chofer, me pareció conocido su rostro, pero no pude recordar donde lo había visto antes, me despedí de Nana y subí al automóvil, próximo destino fiesta de mafiosos.