Qué susto me había dado este tío, apareció de la nada y se subió en mi motocicleta. Menudo morro que tiene, no me conoce de nada y aunque su vida corra riesgo debe de preguntar.
Seguramente me estoy metiendo en otro lío, este tío tiene pinta de ser un problema que camina, pero que no pasa nada, uno más a la lista. Me metí por una calle que según la hora sé que está atascada por el tráfico y ya estoy acostumbrada a pasar entre los coches, porque me queda de camino a casa.
Suelo usar esta calle para acortar camino, así que logro el objetivo, esos tipos que nos seguían se metieron en el tráfico, creyendo que íbamos a detenernos, que nos tenían, me detuve en espera a que llegarán nuevos coches a colocarse detrás y entonces fue que me puse a andar de nuevo.
—¡Adiós c*****o! — grité entre risas mientras pasaba entre los coches.
Salí de esa calle, me metí por varias para alejarme de la zona y me vino a la mente un sitio donde seguramente no iban a buscarnos. Conduje hasta un parque que tiene un pequeño lago donde nadan unos patos muy bonitos, me gusta venir aquí cuando estoy estresada y no quiero saber de nadie.
Estacione, apague el motor y me bajé de la moto un momento sin permitirle moverse. Subí al revés para quedar de frente a él, quedamos cara a cara, sentados allí y alcé las cejas con una sonrisa cuando noté su mirada sobre mis labios.
—¿Te apetecen? —le pregunté relamiéndolos lentamente.
—¿Todo el tiempo tienes este jueguito? —murmura sin dejar de verlos.
Deslizó mis manos por sus piernas y coloco una de ellas sobre su pantalón para tocar su polla, no sé si estoy tratando de provocarlo a él o a mí misma.
—Solamente cuando duermo con un tío y me despierto sin poder repetir de mismo menú —gruño recordando que me dejó sola.
—Eso sucede cuando te llevas el menú a una casa ajena —susurra en mi oído y me toma por las caderas haciendo que suba encima de él.
Me quedé sin palabras, este tío, ¿cómo coño lo sabía todo? No podía darle una respuesta, no podía negarlo y decir que vivía allí. Me vi entre la espada y la pared, moví levemente las caderas, vi su rostro relajarse, esa fue mi oportunidad para besarlo.
Sentí sus manos deslizarse debajo de mi chaqueta de cuerpo y me separé de sus labios, esto se volvió una puta tentación, no sé que tan lejos puede llegar.
—Me debes una explicación luego de haberte salvado el culo —trato de calmar mi respiración y la calentura que traigo encima.
—Estoy metido en muchos problemas, debo una cantidad de dinero a gente peligrosa, iba a pelear esa noche para llevar una parte y seguir manteniendo la vida —me mira directo a los ojos.
—Entonces estás metido en las peleas clandestinas para salvarte el culo, arriesgando el culo —digo soltando una risa.
—No es solamente mi culo Abismo —baja la mirada a sus manos— Es el culo de mi madre y de mi hermana menor.
—Neith, me llamo Neith —suelto de repente.
Está teniendo la confianza de decirme que su familia está en riesgo, lo mínimo que puedo hacer es decirle mi nombre real.
—¿Cuánto dinero deberías haber llevado esa noche? —pregunto respirando profundo.
—tres mil euros —suelta en un quiebre de voz.
Sé que ese dinero para mí no es mucho, pero también sé lo que pagan en esas peleas y me imagino que debe ayudar a su madre con los gastos.
—¿Te hace llevar ese dinero cada cuanto tiempo? —lo tomo de las manos logrando que me mire.
—Es algo de todos los días, estoy en las peleas a diario Neith —vuelve a rodearme, esta vez por la cintura y hunde su rostro en mi cuello— olvidemos esto por un rato.
—De eso nada Manto sagrado —tomó distancia.
Me pongo de pie y vuelvo a cambiarme a mi postura inicial para conducir, no le conozco de nada, pero puedo reconocer la angustia de una persona.
Enciendo la motocicleta, no le doy tiempo de espetar nada y comienzo a conducir. Voy a ayudarlo, después de todo a mi familia ese dinero no le hará falta.
—¿A dónde vamos? —pregunta cerca de mi oreja.
—¿Puedes cerrar la boca?
Se quedó en silencio. Conduje hasta el cajero más cercano, me detuve, entre mientras lo dejaba con mi motocicleta y saque el dinero que necesitaba junto con algo extra para un móvil nuevo, porque el que había comprado hoy mismo ya estaba arruinado en alguna calle de la ciudad.
Me aproximo a él, le tomó la mano y le coloco el dinero. Se queda en silencio, me mira fijamente y me lo devuelve.
—¿Qué haces? —le preguntó sin entender nada.
—Devolver tu dinero, no puedo aceptarlo Neith —suelta un suspiro cabizbajo y se nota en su expresión su angustia.
—Tío, de verdad que eres una caja de sorpresas, quién iba a decir que tu orgullo pudiera más que la vida de tu madre y tu hermana —al escuchar mis palabras levanta la mirada y me fulmina.
—¿Pero qué dices? ¿Estás pirada tía? —pregunta furioso y le vuelvo a colocar el dinero en la mano.
—Deja de ser tan gilipollas, sabes que no me hace falta, pero a la vida de tu madre y tu hermana si, joder, deja que te ayude —le pido con un gesto suplicante.
—Zander, mi nombre es Zander —dice de la manda y me arranca una sonrisa.
—Entonces, ¿a dónde te llevo Zander? —pregunto cerca de sus labios.
—Me gustaría responder a tu cama, pero ¿Crees que esos tipos sigan atrapados en el tráfico? —pregunta subiendo sus manos por debajo de mi chaqueta.
—Sí, ese tráfico puede resultar eterno y no llevamos mucho tiempo fuera de allí —respondo y estampó mis labios contra los suyos al ya no soportar las ganas de besarlo.
Duró algunos segundos, luego me volví a subir en la motocicleta y empecé a conducir en dirección al caos. Cuando llegamos fue justo a tiempo, ya llevaba mi casco puesto, no me apetecía que dos tipos de su clase me reconocieran.
Zander se bajó de mi motocicleta antes de que uno de ellos bajara del automóvil, me lanzó un beso al aire y me guiñó un ojo.
—Espero poder agradecerte esto en otra ocasión guapa —me dice a la distancia y entra en el asiento trasero.
Entonces siento una mano sobre mi hombro, levanto la lentilla del casco y me topo con el rostro de Javier, preocupado.
—¿Cómo me encontraste? —pregunto un poco impactada.
—Tu padre, al ver que se cortó la llamada de repente, rastreo tu celular y me trajo a esta calle —me entrega mi celular que al parecer sigue sano y suspira— ¿Quién era ese tipo?
—Eso no es tu asunto, no me controles como si fueras mi novio —lo fulmino con la mirada.
Me saca el casco y estampa sus labios contra los míos, puedo observar de reojo que el automóvil en el que subió Zander apenas va en reversa y lo aparto de un empujón.
No tengo nada con Zander, pero me parece patético un hombre que trata de marcar su territorio a base de engaños, porque Javier no me interesa más que para ser una diversión de vez en cuando.
—Ya veo, ese chico te interesa —retrocede con media sonrisa— Cuidado Neith, eso de jugar a nunca enamorarse puede terminar siendo un arma de doble filo, puede ser que de tanto jugar con fuego te termines quemando.
Quizá Javier tenía razón, en realidad siento que Zander es un tío con una personalidad explosiva y eso me acojona un poco. Es un hombre con iniciativa, que se muestra seguro y que tiene claro lo que busca.
Podría ser Zander mi perdición, el final de mi abismo, la luz de la oscuridad que me rodea.