Enciendo un cigarrillo, estoy sentado al borde de un edificio, apreciando la vista de la ciudad, menuda noche que me había regalado la vida, estoy seguro de que no iba a olvidarla nunca. Ni la noche, ni a ella, abismo, abismo era al que me había lanzado yo, no sé si por c*****o o por ir desafiando a la vida, que al final termina por llevarme a lo mismo, ser un c*****o.
Esa tía es un pibón, es que no me da la cabeza para entender qué coño va haciendo con su vida, se le nota aunque trate de ocultar que es una de esas niñas pijas y lo oculta como si fuera algo malo.
Nació y creció así, con dinero, con otra educación, comiendo caviar y seguramente montando un carrazo de infarto. Pero joder, que ella no lo eligió, le tocó y teniendo una oportunidad como esa decide desperdiciarla para meterse en peleas clandestinas.
En solamente una noche pude darme cuenta de que Abismo no es del tipo de tías que sueñan con ir a la mejor universidad del país, no espera ser una empresaria famosa, una modelo de revista ni una actriz reconocida. Parece ser el tipo de tía que le gusta la adrenalina, que se fuma sus porritos en una disco y folla cuando se pasa de copas con el primer tío que le mola.
Pero tampoco parece ser el tipo de tía que viviría sin sus masajes en un spa, sin ir a arreglarse el cabello en la peluquería y las uñitas que a pesar de estar cortas se le ven bonitas.
Lanzó la colilla del cigarrillo y me quedo meditando un poco más, al final esta mañana había salido de la casa de mentiras de Abismo prácticamente corriendo. Nunca logró dormir del todo bien, duermo alerta y aunque me sentía cómodo estando con ella que dormía plácidamente sobre mi pecho, no me había quedado profundamente dormido.
Me quedé quieto porque no quería despertarla, dormida se veía igual o incluso más guapa, pero escuché que giró la llave en la puerta. Agradecía que Abismo es una tía que al parecer no tiene el mismo sueño ligero, la quite con cuidado, me moví, tome la ropa que llevaba puesto y el resto fue a una velocidad nivel dios.
Me coloqué el short de la pelea, y pasé aquel pasillo que daba directo al recibidor prácticamente corriendo. Me topé con otra tía, cruzamos miradas, ella parecía una mezcla entre sorprendida y pasmada.
Le di los buenos días, le pedí que me despidiera de Abismo y salí de allí cagando leches. Desde un principio cuando llegamos al sitio me di cuenta que no era su casa, por un momento me pudo engañar, pero no era para nada su estilo y cuando entramos a la habitación, aunque estuviera muy entretenido besándola pude darle un vistazo.
¿Rosa pastel? ¿Cortinas de flores? ¿Quién cojones tiene en su habitación una colección de peluches de caricaturas? Estoy seguro de que no va con una tía que se hace llamar Abismo sombrío y no me lo quita de la mente ni dios.
Me desconcierta un poco que tenga esa necesidad de mentir todo el puto tiempo, parece ser que su vida completa es una mentira, que cada que abre la boca es para escupir una y eso termina por rayarme.
Se que debería darme lo mismo, que al final es una tía que es seguro que no volveré a ver en mi vida y que si la vuelvo a ver seguramente sea de esas que fingen no haberte conocido. Pero por lo mismo me da curiosidad saber porque se cuida tanto el culo y miente de todo.
Me levante para salir de allí, que todavía me queda un día arduo antes de que llegue la noche y me toque volver al ring.
Estoy en dirección a la salida cuando abren la puerta dos tíos, dos que conozco muy bien, les patearía el culo, pero vienen acompañados de dos juguetitos, algo que no me asombra para nada. La única manera de llevarte a un tío que pelea en un ring hasta que el otro quede inconsciente o se muera es armado hasta los dientes, no hay de otra.
—Zander, nos volvemos a ver —saluda uno de ellos entre risas.
¿Les alegra verme? Pues a mi no, no me agrada una puta mierda volver a verles la cara. Contengo las palabras y el aire mientras los veo caminar hacia mí, maldita vida la que me tocó.
—Vas a tener que hacernos compañía, el jefe no está muy contento en esta ocasión, no parece feliz de que aún no recibe el dinero —se carcajea— te metiste en problemas de nuevo chaval.
—¿De dónde coño espera Viggo que saque el puñetero dinero? La pelea se canceló por culpa de la rati, joder que no ha pasado porque se me vino en gana —me quejo furioso.
Tenía ganas de darle una hostia al flipado que tenía enfrente, no dejaba de burlarse mientras su compañero hablaba y de hacer gestos. Respiré hondo para mantener mi vida, porque ninguno de ellos dudaría en arrebatarme la vida.
No sé si hice algún gesto en particular, pero uno de ellos avanzó hacia mí y me metió varios puñetazos seguidos a la altura del estómago.
Me lanzó al suelo con un gesto de asco, como si golpearme arruinará su nobleza, menudo pedazo de mierda, quisiera poder mandarlo a jugar con el diablo antes de tiempo.
Me quedé sin aire, la peor sensación experimentada, ya hacía mucho tiempo que nadie lograba darme ese tipo de puñetazos, en la mayoría de las ocasiones me magullan el rostro, la espalda, piernas y pecho.
—Deja de golpearlo —advierte el otro hombre— Joder, que Viggo se va a cabrear si lo llevas más jodido de lo que está.
No le responde una mierda, solamente se da media vuelta acariciando su barba y luego me levanta de un brazo.
—Andando, que tu simplemente cara me da náuseas —espeta caminando y obligándome a hacer lo mismo.
—Es mutuo —suelto con media sonrisa.
Me suelta dándome un empujón en la espalda, siento la boquilla del arma apoyarse en mí y me pongo rígido. Me dejo de hacer el chistoso, bajamos por las escaleras de emergencia del edificio y agradezco estar en una zona céntrica de la ciudad.
Está lleno de gente en las calles, no les queda de otra que guardar las armas, pero el idiota me toma del brazo para guiarme en dirección al automóvil, que está estacionado en el medio de una fila de autos, ¿en serio lo habían dejado todo este tiempo allí?
La gente grita, le pitan y ellos caminan como si la ciudad les perteneciera. Miró a mis alrededores, solamente una puta oportunidad, es lo único que necesito para salvarme el culo.
Cuando creo que ya no quedan esperanzas, que entraré en ese automóvil y que no tengo salvación aparece mi rayo de luz. Bueno en realidad fueron dos muy remarcados rayos de luz, un tío apareció de la nada cuando se percató que el automóvil le pertenece a ellos y sin reclamar le metió un puñetazo a uno de ellos, justamente al que le quería dar yo.
Una carcajada salió de mis labios, corrí en dirección a mi segundo rayo de luz, Abismo, que estaba estacionada en la hilera de enfrente con un móvil en la mano hablando.
Me subo detrás de ella de un brinco, pierde un poco el equilibrio y se le cae el móvil.
—Gusto en verte de nuevo Abismo, ¡arranca la puta moto! —le grito viendo que el tipo me esta tratando de apuntar.
No le salen las palabras, mira al lado, ve al tipo y sale disparada. Joder, no sabía que era el tipo de mujer que se iba a por las motocicletas.
Miré hacia atrás, venían a toda velocidad esos malditos siguiéndonos y me temo que si me agarran Abismo se verá metida en un jodido problema.
—¡Ahí vienen! —le digo a gritos para que pueda escucharme.
Veo por el espejo una sonrisa sobre sus labios, hace rugir el motor y no esperaba que pudiera moverse de ese modo entre los automóviles. Se metió por una calle y joder, era un tráfico de puta madre, estábamos acabados.
—estamos arruinados —suelto un suspiro y cierro los ojos apareciendo lo que al parecer será mi última brisa.
—vine por aquí a propósito —se burla soltando una carcajada— me debes una muy buena explicación manto sagrado.