El silencio en el aire es ensordecedor mientras aprieto mis dientes, incapaz de ocultar mi molestia. Ella lo sabe, lo nota en mi semblante y cada segundo que pasa se siente como una eternidad, mientras espero por una respuesta suya, que está tardando más de lo que debería si se supone que es simple. “Apolo, renuncié. Todo está bien”. ¿Tanto cuesta responder algo como eso? Y el hecho de que no la haya dado al momento de mi pregunta, causa que mis pensamientos se arremolinen en una tormenta de incertidumbre, rabia y ansiedad. Amalia está justo frente a mí, pero parece tan distante, sumergida en sus pensamientos, que me desquicia el hecho de que se tome estos minutos para responder algo tan simple. La he estado esperando con fervientes ansias durante todo el día, para saber la razón por

