Estamos en el lugar de siempre, en la mesa de siempre, disfrutando de un almuerzo tranquilo. La conversación fluye fácilmente, hablando de cosas triviales y riéndonos de anécdotas cotidianas. O más bien, yo riéndome de las aventuras de Glenda. Pero, en el fondo de mi mente, no dejo de pensar en Duncan y en lo incómoda que me hace sentir. Quiero saber si ella tiene ese mismo sentir por las mismas razones que yo, o si su rechazo a Duncan se debe simplemente porque no es de su agrado y ya. Podría ser directa, pero lo que menos quiero es que Glenda sospeche algo. No es que no confíe en ella, es que prefiero mantener lo sucedido únicamente para mí. —¿Te dije que vinieron por mi auto a media mañana para llevarlo al taller? —No —responde Glenda llevándose un perfecto corte de carne a su b

