POV Apolo La sala está iluminada solo por la luz suave de una lámpara en la esquina. Amalia y yo seguimos de pie, apoyados contra la puerta, dejándonos llevar. Invado el interior de su cálida boca con mi lengua, mis manos inquietas aprietan con propiedad su carne y me pego más a ella para que sienta lo dura que mi v***a está. Únicamente se escuchan sus jadeos ahogados por mis besos y podría jurar que los fuertes latidos de mi corazón también. Me pego más a ella, necesito sentir su delgado cuerpo, la calidez que este desprende a pesar de la frialdad que por tanto tiempo se esforzó en mostrarme. Vuelve a jadear cuando lo hago, se aferra a mi cuello con sus delicados brazos, como si con esa acción tan simple me diera la potestad de hacerle lo que quiero. Gruño como animal en celo, la carg

