Narrado por Emilia Santoro En el minuto pasado estaba oyendo la voz de Donato y en el actual un silencio absoluto. Uno acompañado de una agradable sensación de frescor, suavidad y un excelente aroma. No quiero saber dónde estoy, porque esto se sentía más agradable que estar en esa fiesta de caras largas. Pero unas manos frías no me dejan acomodarme boca abajo como más me gusta dormir. —Debes acostumbrarte a dormir de lado. Será más fácil para ti así — habla una mujer mientras me guía a estar como ella quiere. Eso me saca de quicio. Con la edad que tenía ¿quién me quería dar órdenes apartando el hoyo n***o de Donato? Salgo de mi comodidad para enfrentar a la mujer esta, y me doy cuenta de que es... mi ginecóloga. También de que estoy en la habitación de un hospital, siendo la paciente de

