Lo miré y afirmé. Mi padre tuvo una buena vida y quedó devastado con la muerte de mi madre, mi suegra no conoce el amor de un buen hombre y mira que Dios supo cuadrarle a uno excelente, aunque Olafo, pero excelente partido. Porque mi papá era un sesentón bien puesto en su sitio y atractivo. —Dios como ha compaginado todo, ¡ah! —Tú eres un ángel. —sonreí, divisé el rancho. Ya quería tirarme del carro. —Santi tú… —No te lances del carro sin haber frenado. —Le saqué la lengua y soltó una gran carcajada—. Ya tienes cuatro hijos para que sigas teniendo esos actos de niña. Ya todos deben de estar dormidos, Roland tal vez no, debe estar esperando mi llamada. Mi hermano detuvo el auto y yo salí corriendo, la puerta estaba cerrada y me tocó llamar a Inés. —Mi Vero… —Inés, te tengo una sorpre

