—Mientras no me pongas a vestirme igualitos como es esa tonta moda. —hice caras. —Cielo, no es una tonta moda, es la demostración de unión familiar y si no te gusta, pues serás el niño diferente, porque la familia Sandoval el veinticuatro estaremos igualitos. —Se quedó mirándome. —Hermosa, no voy a ponerme nada de esas maricadas. —Bien. Te amo. —sonrió, besó a los niños, después a mí. —Voy a bañarme para cenar. Sonreí, ingresé al asesor, con cuatro hijos era una gran ayuda. Acosté a los niños y salí a buscar a Inés, la escuché llorando en su cuarto, al ingresar se limpió las lágrimas. —¿Ya vamos a cenar? —¿Qué te pasa Inés? —Nada hija. —Si no me dices ya mismo, llamo a tus siete hijos y les digo que estabas llorando, ¿qué crees que harán? —Sus ojos me miraron con tristeza. —Hij

