HARPER La puerta entreabierta la empujó con su espalda y al entrar la cerró con una patada, sin dejar de besarme frenéticamente. Sus dedos apretaban mis muslos y subieron hasta mi trasero, abriéndose paso debajo de mi falda. —N-no… No podemos —murmuré sin ganas de detenerme. —Solo un poco —balbuceó con urgencia. No pude evitar reír contra su boca. Él sonrió. No dijo nada más, simplemente profundizó nuestro beso, su lengua buscando la mía con un hambre juguetona. La pared más cercana chocó suavemente con mi espalda. Su erección dura presionó mi centro y mordí su labio inferior en respuesta. Dante gruñó áspero y gutural, un sonido de puro placer posesivo. Se apartó lo justo para mirarme, sus ojos verdes ardiendo con una intensidad y devoción que hacía que el aire chisporroteara. Movió

