HARPER Dante se arrodilló frente a mí. Aún bajo la tormenta, cuando sus manos reposaron sobre mis hombros, sentí calidez. Levanté lentamente la cabeza, encontrándome con su mirada cargada de tanto. Sin embargo, lo más importante, lo que más resaltaba, era… amor. —Ya… ya lo sabía —solté entre sollozos—. Sabía que castigarme no tenía sentido, y aun así seguí, no solo por mamá. Sino porque tampoco mi vida lo tenía. Las lágrimas cayeron de sus párpados. La respiración se le entrecortaba chocando contra mi rostro. —Quería morir… lento, infeliz, llena de culpa. Eso sentí merecer. Dante cerró sus ojos con fuerza, su mandíbula se contrajo, como si sintiera en carne propia cada sílaba de lo que dije. Al abrirlos, subió ambas manos a mi rostro, sus pulgares sobre mis pómulos intentaban secarlo

