HARPER Desconocí mi voz en ese gemido que escapó de mi garganta. No podía abrir mis ojos; algo me poseía, negándose a hacerlo, porque este hechizo bajo el que estábamos se podía romper. Mis manos se aferraban a su cabello mientras las suyas buscaban camino hacia mis piernas, subiendo el vestido cuando supe, por ese gruñido que hizo contra mi clavícula, que quería romperlo de un tirón. El mundo se comprimió en un solo punto: su respiración sobre mi piel, el roce, la urgencia. Era como si todo lo que he contenido durante años estallara en un instante imposible de detener. Pero entre el caos, un pensamiento atravesó mi mente. Mi madre. Dylan. Ellos estaban ahí, a unos pocos metros. Abrí mis ojos. —D-detente, por favor —titubeé con apenas un hilo de voz. Sus manos se quedaron quietas j

