Martes
—Buenos días, chicos y chicas, soy Phoebe Clinton, su maestra de literatura —dice con una sonrisa amable.
La maestra Clinton es una mujer de treinta años con el cabello castaño oscuro y ojos claros, delgada y muy pálida, siempre vistiendo con suéteres o camisas donde se abotonaba hasta el cuello.
—Antes de empezar con los temas, quiero recordarles que tenemos un club de lectura a cargo de la señorita Wright todos los jueves en la biblioteca, para los que estén interesados, hablen con Sofia —anuncia la maestra señalando a Sofia, que estaba vestida con un suéter celeste con camisa blanca debajo y un pantalón café junto con unas botas a juego.
Ella se acomodó sus lentes, no oscuros esta vez, con marco Chanel y les sonrió a todos. La maestra volvió a dirigir su atención hacia ella para empezar a explicar los temas. Volveremos a retomar a Shakespeare, Austen, Twain, Christie, Carroll, Dickens, Wilde…y varios escritores más de la literatura inglesa clásica y algunos de la contemporánea como Rowling, Tolkien, Gaiman, King… Espero mi papá Luke me ayude con todo esto, porque sinceramente, me aburro muy rápido cuando no me interesa el libro que leo, aunque haya leído mucho en mi infancia, creo que por eso me volví tan selectivo con la literatura que llega a mis manos.
La maestra Clinton nos deja leyendo algún libro de interés que encontremos en el aula de literatura (continua a la biblioteca). Encuentro un libro de Tolkien, el Hobbit, y me pongo a leer lo que más pueda hasta que termine la clase. Tyson tomó un diminuto libro de poesía para hacerse el que lee, opción por la que optaron varios de los del equipo de futbol y algunos bravucones, así como el equipo de porristas. Richie tomó El Señor de los Anillos, lo que él llamaría “lectura ligera”.
Llegué hasta el capítulo 6 cuando el timbre sonó. Todos salieron despavoridos del salón dejando los libros en sus asientos, algunos abiertos y otros terminaron en el suelo. Sofia, Richie, Juliette, Tyson y yo, nos quedamos organizándolos. La maestra Clinton entró por su bolso y al vernos nos aseguró que recibiríamos un punto extra en las evaluaciones de literatura. Salí sonriente porque obtuve un punto de más solo por ser juicioso y no salir de primero. A veces mi claustrofobia es beneficiosa.
Decidí salir a las zonas verdes para comer esta vez, ya que la cafetería se veía aglomerada de nuevo. Richie y Tyson me siguieron, Alexa no. Nos sentamos en el árbol de la vez pasada y empezamos a comer lo que compramos. De vez en cuando alguno comentaba sobre las clases o los maestros, nos reíamos y peleábamos sobre qué chica era la más linda. Hasta que una voz muy conocida llegó a mí.
—¡Primo! —Escuché en la lejanía.
Intenté buscar por todos lados, cuando logré divisar una cabellera rubia pertenecientes a una chica delgada corriendo hacia mí. La chica saltó y me abrazó tan rápido que no tuve tiempo de corresponderle el abrazo. Se separó de mí y logré reconocerla, esa piel blanca, ese rostro delicado y sonrojado, esa cabellera rubia, esos ojos verdes brillantes y esa sonrisa deslumbrante, es mi prima, Rose Adams-Jones, la hija adoptiva de tío Jeremy y tío Bratt.
—Te extrañé mucho, primito —dice sonriente volviendo a abrazarme.
—Creí que estabas en Alemania —le dije sorprendido.
—Estaba, pero mi papi, Bratt, tuvo una discusión con papá, Jeremy. Ambos decidieron que era mejor terminar mi último año en Georgetown, en esta escuela, además contigo —cuenta sonriente y saltando de la emoción.
—Guau, es sorprendente. Me alegra tenerte aquí —confieso emocionado—. Te extrañé. —Le abrazo.
—Yo también.
—¡Hey! Yo no estoy pintado —comentó Tyson dramático.
—También te extrañé, Tys —le dijo mi prima abrazándolo—. Tú debes ser Richie. —Richie asintió y Rose le regaló un beso en la mejilla.
Rose se sentó a nuestro lado a relatar sus aventuras en Alemania y otras partes del mundo. El tío Jeremy la lleva a sus viajes por el mundo desde los nueve años (la adoptaron de la misma edad que yo). Ella y yo nos criamos juntos, mi papá Luke me llevaba a la casa del tío Bratt dejándome con Rose para jugar. Ella conoce mucho de mí, así como todos mis traumas psicológicos después del secuestro y del evento en sí. Además, conoce a Tyson por ser el más apegado a mí, también lo llevaban conmigo a la casa de tío Bratt.
—¿Por qué no entraste a Literatura? —le preguntó Richie.
—Estuve hablando con la directora toda la mañana —respondió restándole importancia.
El tiempo pasó rápido y el timbre volvió a sonar, indicando que empezaba la clase de Historia. El aula de Historia se encontraba justo al lado del aula de Literatura (aunque es algo relativo porque hay varias aulas de Historia). Mientras caminábamos por los pasillos, Rose se llevaba todas las miradas. Chicos y chicas volteaban a verla; el equipo de futbol completo se quedó embobado mirándola, y el equipo de porrismo, en cabeza de Sussy, solo se limitaba a escanearla.
Cuando entramos, la maestra Bennett, una mujer de cuarenta años, cabello n***o corto y siempre usando bisutería llamativa, estaba en su escritorio leyendo un pasaje de nuestro libro de la historia de Estados Unidos. Ella levantó la mirada del libro para enfocarla en Rose. Le dio una sonrisa suave y se levantó de su asiento.
—Hola, cariño, ¿tú debes ser nueva? —le preguntó.
—Sí, maestra, apenas inicié este año —responde Rose, confiada.
—Qué conveniente, entras en último año —dice en broma—. Soy la maestra Bennett ¿La conoces, señor Carter? —me pregunta.
—Sí, es como una prima para mí.
—Eso está bien. Querida, ve y siéntate cerca del señor Carter, cuando ya todos estén te llamaré para presentarte —dice dirigiéndose a Rose.
—Gracias, maestra Bennett —le contesta sonriente—. Vamos, primito, guíame en dónde te sientas —agrega enrollando su brazo con el mío.
Usualmente me hago en la mitad de la clase. Ni muy atrás, ni muy adelante. Tengo casi el mismo puesto que mi papá Luke tenía en su época de escuela. Mi prima se hace a mi izquierda, a mi derecha se hace Richie y detrás de mí se hace Tyson. Poco a poco los estudiantes van llegando y miran con curiosidad a Rose de nuevo. Aunque algo en la mirada de Patrick Moore me hizo pensar que no era solo curiosidad.
Mi prima no hacía caso a las miradas, no le importaba. Desde muy pequeña ha aprendido a manejar las miradas por varias razones: sus padres son homosexuales, es adoptada, siempre es la chica nueva, no es femenina... Siempre la han criticado y mirado con curiosidad. Tío Bratt intentaba que fuera femenina, pero tío Jeremy discutía con él por eso y se la llevaba de viaje, para que las críticas no la afectaran tanto.
La maestra Bennett aclaró su garganta llamando la atención de todos. Con su sonrisa elegante comenzó a explicar los contenidos del curso. Principalmente sería un resumen de todo lo que hemos visto en años anteriores, sumándole que tendremos un proyecto histórico sobre la ciudad tomando un edificio o zona de la ciudad e investigando sobre su pasado. Será en parejas. Solo rezo que me toque con Tyson.
—Las parejas las elegiré yo, pero no hoy, ronda la noticia de que llegarán estudiantes nuevos. —Mientras la maestra hablaba yo miraba con aflicción exagerada a Tyson, quien me devolvía la misma mirada—. Así como una nueva estudiante que nos acompaña el día de hoy —añade la maestra mirando a Rose—. Por favor, querida, preséntate —le indica.
Rose se acomoda su ropa un poco y se levanta, caminando hacia el frente. Algo que es propio de mi prima es que no es para nada temerosa, mi tío Jeremy le enseñó eso. A su lado, yo soy la damisela en apuros.
—Listo, maestra —dice—. Soy Rose Adams-Jones, tengo 16 años, soy de Georgetown y me gustaría mucho poder integrarme este último año con ustedes —se presenta terminando con una sonrisa.
—Pues con esa ropa tan anticuada no creo que pueda integrarse mucho —susurra Sussy a su mejor amiga, Melissa. Aunque el susurro fue lo suficientemente alto porque la pude escuchar, estando a dos asientos detrás de ella.
—Pues esta “ropa anticuada” es original de Europa, no como tu imitación de Chanel de rebaja —espeta Rose con una media sonrisa, regodeándose de la expresión desfigurada de Sussy.
Sí… Esa es mi prima Rose.