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Donde todo empieza de nuevo

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Blurb

A veces, para avanzar, hay que volver a donde todo comenzó.

Sinopsis:Amélie solo quería un nuevo comienzo: una ciudad distinta, un trabajo sencillo, una vida tranquila. Lo que no esperaba era reencontrarse con Ethan, su amigo de la infancia… y la herida que nunca terminó de cerrar. Entre cuentos inventados, noches compartidas y silencios que gritan lo que no se dice, ambos deberán decidir si esta segunda oportunidad vale más que el miedo al pasado.Porque a veces, las historias no terminan… solo se interrumpen.Y este es el lugar donde todo empieza de nuevo.

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Volver a esa ciudad fue un error. Lo supe incluso antes de bajar del auto, cuando el aire se sintió demasiado familiar… demasiado cargado de cosas que no quería recordar. Como si cada calle guardara algo mío. Como si todo estuviera esperando. Se suponía que seis meses eran suficientes. Se suponía que la terapia ayudaría. Que el dolor se volvería más liviano, más manejable. Y en parte lo había hecho. Ya no dolía igual. Ya no me ahogaba. Pero había cosas que simplemente no desaparecen. Cosas que esperan. —Buenos días —dijo Oliver desde la cocina, sacándome de mis pensamientos. —Buen día —respondí, forzando una sonrisa mientras tomaba una taza de café. La rutina era lo único que mantenía todo en su lugar. La cafetería, las órdenes, las listas interminables… todo eso evitaba que pensara demasiado. Y pensar demasiado nunca terminaba bien. —¿Qué haremos hoy? —preguntó él, apoyándose en la encimera. —Tenemos tres pedidos pendientes en el café… y tu mamá dejó otra de sus listas imposibles. Oliver soltó una risa. —Pensé que hoy descansaríamos. —Yo también —murmuré—. Pero ya sabes cómo es esto. —Te veo allá entonces. Asentí, intentando concentrarme en lo simple. En lo cotidiano. Porque lo cotidiano era seguro. O al menos eso creía. ⸻ Horas después, el supermercado estaba más lleno de lo que esperaba. —¿Cómo es posible que necesites tantas cosas? —se quejó Oliver, levantando un frasco como si fuera evidencia de un crimen. —No soy yo, es tu mamá —respondí—. Según ella, todo es indispensable. —Claro que sí… seguro no sobrevivimos sin esto —ironizó. Sonreí apenas. Era fácil con Oliver. Ligero. Normal. —Hagamos algo —dijo—. Yo me encargo de los productos de limpieza y tú de la comida. Así terminamos rápido. —Perfecto. Nos separamos. Y entonces lo sentí. Esa incomodidad extraña. Esa sensación de que alguien me estaba mirando. —¿No crees que ese chico nos está siguiendo? —murmuró Oliver antes de alejarse. —Estás exagerando —respondí, aunque algo en mi pecho se tensó. Intenté mirar, pero sin mis lentes todo era borroso. Lo dejé pasar. Error. Minutos después, estaba estirándome para alcanzar una caja en un estante alto cuando una mano apareció y la bajó por mí. Me sobresalté levemente. —Gracias —dije por reflejo. —De nada. Su voz. Algo en esa voz hizo que mi cuerpo se quedara completamente quieto. —¿Te puedo hacer una pregunta? Fruncí el ceño, confundida. —¿Quién eres? —Eso intento averiguar yo —respondió con una leve sonrisa—. ¿Nos conocemos? Me resultas muy familiar. Mi corazón empezó a latir más rápido. No podía verlo bien. No todavía. —No lo creo… —¡Amelie! —la voz de Oliver llegó como un golpe de realidad—. Mira lo que encontré. Se acercó y me pasó mis lentes. Demasiado tarde. Porque en el segundo en que me los puse… el mundo se acomodó. Y él también. Ethan. El aire se me quedó atrapado en los pulmones. Más alto. Más serio. Distinto. Pero era él. Sin ninguna duda. —¿Amelie? —repitió, ahora con otra expresión. Más intensa. Más real. Tragué saliva. —Sí… ese es mi nombre. Como si decirlo lo hiciera menos cierto. —¿Y el tuyo? —pregunté, aunque ya lo sabía. —Ethan Miller. Ahí estaba. El pasado, de pie frente a mí, como si nunca se hubiera ido. Intenté recomponerme. —Ah… ya veo. ¿Eres familiar de Sofía? —improvisé—. Yo soy Amelie Jones. Patético. Él negó lentamente. —No sé quién es Sofía. Su mirada no se apartó de mí. —Pero ya sé quién eres tú. Silencio. Pesado. Incómodo. —Te ves diferente —añadió. —Tú no —respondí demasiado rápido. Mentira. Los dos habíamos cambiado. Solo que él no parecía afectado por eso. —¿De verdad no te acuerdas de mí? —insistió. Lo miré. Y por un instante, todo volvió. El patio de la casa de mi abuela. Las tardes jugando. Sus canciones ridículas. Nuestra “casa” de cartón. Nosotros. Antes de que todo se rompiera. —Sí me acuerdo —dije al fin, en voz baja—. Solo… no esperaba verte. Ni aquí. Ni nunca más. Él iba a decir algo. Pero no pudo. —¡Ethan! —una voz femenina interrumpió—. ¿Ya estás listo? Giré apenas. Una chica se acercaba a él con naturalidad, sonriendo como si nada. Como si no acabara de atravesar mi pasado en medio de un supermercado. Sentí algo incómodo en el pecho. No era celos. No exactamente. Era… otra cosa. —Tengo que irme —murmuré. No esperé respuesta. No podía. Me di la vuelta y empecé a caminar rápido, empujando el carrito sin mirar atrás. Pero mi mente no me siguió. Se quedó ahí. Con él. Con lo que fuimos. Con lo que nunca terminamos. Porque ese era el problema. Nunca hubo un final. Solo… ausencia. Y ahora él estaba de vuelta. Como si el tiempo no importara. Como si todo aquello que dejamos atrás… no hubiera terminado realmente.

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